Desarrollo económico y nuevas oportunidades en Putumayo

“Aquí es como el paraíso, nada hace falta y uno aprende a convivir con la guerra y a andar solito, sin meterse con nadie”.

En el sur de Colombia, la cordillera de los Andes demarca el inicio de la vasta región amazónica, pulmón del planeta y recinto de una rica diversidad biológica compartida con otros 8 países latinoamericanos. En esta región se halla el departamento del Putumayo – epicentro de desarrollo económico por su disponibilidad de recursos energéticos- que ha tenido que sortear difíciles momentos derivados del conflicto entre actores armados y la presencia de cultivos ilícitos. Frente a estos cultivos y de acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (UNODC), entre diciembre del 2008 y el mismo mes del año 2017 se registró un aumento de 19.904 Ha cultivadas con coca. Situación que genera desafíos y oportunidades para apostarle a las economías lícitas con el apoyo a proyectos locales.

En el bajo Putumayo, a hora y media de Puerto Asís y limitando con Ecuador, se encuentra San Miguel, un municipio fundado por colonos de Nariño que durante la década de 1960 se asentaron en la región gracias a las exploraciones petroleras que recién iniciaban. Óscar Arciniegas, hijo de una de estas familias, ha sido testigo de los años más crudos del conflicto armado, de la “fiebre” cocalera, del desplazamiento forzado, de apagones eléctricos por semanas (consecuencia de atentados de la guerrilla) y hoy, de las oportunidades que llegan para reconstruir la confianza en el territorio y generar economías lícitas que contribuyen al bienestar de los pobladores, incluso a partir del aprovechamiento de los recursos de la región.

Arciniegas creó en el año 2010 la empresa piscícola ARAWANA, dedicada a la producción de alevines de especies como el Arawana y el Pirarucú. La empresa fue una de los 17 organizaciones que entre los años 2017 y 2018 recibió asistencia técnica, financiera y acompañamiento en el desarrollo de prácticas reconciliadoras por parte de la Corporación Reconciliación Colombia (CRC) en el marco de la segunda versión de la Convocatoria Innovaciones para la Paz y la Reconciliación en la que Ecopetrol, la Embajada de Suecia, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional -USAID y ACDI/VOCA sumaron esfuerzos para fortalecer negocios y capacidades de organizaciones en zonas afectadas por el conflicto armado.

El desplazamiento
Corría el 2003, un par de años atrás había culminado de forma poco alentadora el diálogo de paz del gobierno Pastrana, la seguridad se posicionaba como un tema de alta preocupación para los ciudadanos y en Putumayo, la presencia de las FARC y de grupos paramilitares se fortalecía. Los primeros operaban en zonas rurales y los segundos tenían fuertes bases en los centros poblados.

Para ese entonces, Oscar trabajaba con su papá en la producción de cachama. Su familia cultivó coca en los años 80 pero encontró en la piscicultura una actividad legal, que aunque no tan rentable, generaba seguridad alimentaria y a falta de competencia se posicionaba a nivel municipal.

En ese año, la amenaza de un grupo armado que ponía en riesgo la vida de Óscar lo convirtió en uno de los 50.182 san miguelenses que se desplazaron como consecuencia del conflicto solo entreel 2002 y el 2003, el período con mayor registro de este hecho victimizante en San Miguel, de acuerdo con datos de la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas (UARIV).

Óscar evita contar detalles sobre su desplazamiento pero destaca, siempre enérgico, que estando en Nariño se convirtió en ingeniero en producción acuícola. En el año 2008, decidió regresar a San Miguel para apostarle a su propia empresa.

En Putumayo, entre los años 1997 y 2013, Puerto Asís, el Valle del Guamuez y San Miguel se caracterizaron por ser los municipios con mayor expulsión de personas como consecuencia del conflicto armado.

Peces ARAWANA – Empresa familiar con impacto comunitario

De regreso en San Miguel, Óscar decidió potenciar el negocio familiar e incursionar en la cría de alevines de distintas especies: Arawana, Cachama, Sábalo, Bocachico, Mojarra roja y Pirarucú, este último reconocido como el gigante del Amazonas al ser el segundo pez de agua dulce más grande del mundo. Con su cría y venta, Peces ARAWANA contribuye a reducir la caza en hábitat natural, actividad que ya tiene amenazada a la especie.

La producción de alevines requiere de un intenso trabajo que va desde el acondicionamiento de estanque, la siembra de peces reproductores, la recolección de huevos y el mantenimiento de condiciones para los que los alevines alcancen 3 cm para su venta.

La empresa cuenta con una hectárea de espejo de agua dividida en 7 estanques y un laboratorio de 120 m2 con el que actualmente alcanza una producción mensual de 100.000 alevines (aprox), cifra que puede incrementar dependiendo de los picos de reproducción de las especies. Por ejemplo, entre febrero y junio se produce hasta un 20% más de la especie Arawana. Actualmente cuentan con acuerdos comerciales que garantizan la venta de los alevines para engorde.

Dentro de la Convocatoria Innovaciones para la Paz y la Reconciliación, Peces ARAWANA entregó a 26 productores de la región 600 alevines de Pirarucú, productos para su engorde y acompañamiento técnico para fortalecer procesos de cría, reproducción y comercialización.

De forma paralela, los 26 productores participaron en la metodología Prácticas Reconciliadoras que propende por el análisis y formulación de planes de acción alrededor de la confianza, la empatía, la reciprocidad y la cooperación como dimensiones centrales en la transformación de imaginarios y comportamientos hacia una cultura del encuentro, el diálogo y el trabajo colectivo.


María Núñez, putumayense de corazón.
En 1978, a sus 15 años, María llegó a Putumayo proveniente de Nariño, decían que en el
departamento había opciones laborales con buena paga. Para esa época, ella no recuerda haber escuchado sobre la guerrilla.
“Yo no entendía qué era la guerrilla, le conté a mi hermana y ella me explicó. Me dio mucho miedo y me mantuve trabajando. Me acuerdo que un día aparecieron 8 muertos en el pueblo. Mi esposo llegó a arreglar la maleta y a decirnos que nos íbamos. Yo le dije ¿para dónde se va a ir? (…) la gente dejaba las cosas abandonadas, solo por el miedo”.

“En la región, la guerra va y viene” así explica María la zozobra con la que han aprendido a vivir en los 30 años en los que San Miguel, Putumayo, ha sido su hogar. Nunca pensó dejar el departamento pues admite que el clima, el paisaje, la naturaleza y la productividad de la tierra la enamoraron. “Aquí es como el paraíso, nada hace falta y uno aprende a convivir con la guerra y a andar solito, sin meterse con nadie”.
María hizo parte del grupo de 26 agricultores que recibió alevines de pirarucú, asistencia técnica y transferencia de la metodología Prácticas Reconciliadoras como parte del acompañamiento liderado por la Corporación Reconciliación Colombia, que comprende que el trabajo por el desarrollo de territorios requiere de procesos que aborden el desarrollo humano desde el fortalecimiento de capacidades. En ese sentido, la promoción de confianza, empatía, cooperación y reciprocidad, se constituye como el ejercicio pilar que garantiza que emprendimientos productivos cuenten con capital humano cohesionado para el desarrollo de sus negocios. “Los talleres fueron buenísimos, ahí es donde uno va aprendiendo. Uno psicológicamente queda bien traumado (por el conflicto). Aprendí que hay que tener compañerismo y comprenderse con los demás y que uno va superando las guerras y confiando. La gente al final iba a los talleres en confianza, hacíamos sancocho, ya no estamos desunidos, cocinamos juntos y charlamos” resalta María.

La generación de confianza en territorios golpeados por la guerra es una acción de largo aliento que requiere promover la socialización y la búsqueda de elementos comunes entre los ciudadanos. En San Miguel, la apuesta de Reconciliación Colombia favoreció el trabajo conjunto desde acciones cotidianas como preparar sancochos y encontrarse para las capacitaciones, facilitando intercambio de experiencias y el reconocimiento del otro.

  • Doña María ¿qué es la reconciliación?
  • Quiere decir que debemos convivir. Antes a uno le daba miedo si llegaba alguien darle un vaso de agua, ahorita uno ya tiene confianza y le ofrece un vasito de jugo. Antes no se podía ni siquiera dar un vaso de agua o lo mataban o se lo llevaban.

Elpidio Díaz, el sueño del fútbol

Desde niño, Epildio Díaz soñaba con ser futbolista, nació en El Vergel – Nariño y llegó en 1974 (a la edad de 12 años) al Putumayo. Sus recuerdos están llenos de la adrenalina propia del deporte, cuenta que en su vereda llegaron a ser 40 los jóvenes entre 14 y 16 años que reunidos una vez a la semana organizaban campeonatos, podían pasar horas tras un balón en canchas improvisadas. De sus 40 amigos hoy solo viven 7, a los 33 restantes se los llevó la violencia.
Habla poco sobre lo que ha generado el conflicto armado en su familia, pero es determinado al señalar la coca como la causante del escalamiento de la violencia. “Por la verraca coca vino la guerra. Antes estábamos tranquilos con arroz, maíz, frutas”.
Epildio afirma que siempre, desde los años 80, se opuso a que su familia dejara los cultivos
convencionales por los ilícitos y en cambio, con dos cartillas del Banco Agrario editadas en 1984 emprendió empíricamente la actividad piscícola.

Como parte del proceso de fortalecimiento de la convocatoria Innovaciones para la Paz y la
Reconciliación, le fueron entregados alevines de Pirarucú, especie que jamás había criado por temor a su tamaño. Gracias a las capacitaciones técnicas, hoy tiene en su finca ubicada a pocos metros del río San Miguel (límite natural con Ecuador) dos estanques con ejemplares de este pez.
Destaca que los encuentros para los talleres de fortalecimiento le permitieron volverse a
encontrar con vecinos, entablar conversaciones y recordar su juventud mientras generaba nuevas amistades.

Promover procesos de reconciliación en regiones afectadas por el conflicto armado requiere dar paso a la reconstrucción de la confianza desde el diálogo y el trabajo mancomunado. Luego de años de fractura del tejido social, las inversiones encaminadas al desarrollo económico enfrentan retos para promover la asociatividad y cooperación, en este sentido, es oportuno apostarle al fortalecimiento del capital social como eje central para la generación de dinámicas productivas y económicas.

Desde Peces ARAWANA, el trabajo en red con 26 productores individuales de la región ha
fortalecido lasrelaciones interpersonales y la noción de trabajo conjunto en torno a un propósito común: apostarle a la legalidad, la reconciliación y al desarrollo de San Miguel, Putumayo.