Reconciliación Colombia

Mujeres y reconciliación

– Con apoyo del Fondo Canadiense para Iniciativas Locales (FCIL), la Corporación Reconciliación Colombia fortalece técnica y financieramente a dos organizaciones de mujeres del Chocó que transforman vidas y cuidan su relación con el entorno a partir de la comercialización de frutos de la región.

– El proyecto contempla asistencia técnica en materia productiva, diseño de empaques y talleres de prácticas reconciliadoras y educación financiera.

Mujeres víctimas de la violencia, mujeres cabeza de familia, mujeres en búsqueda de una autonomía económica o de una equidad laboral, se reúnen para construir proyectos sostenibles y productivos que les permitan trabajar en pro de su tierra. La Asociación de Mujeres de Quibdó (ASOMUQUIB) y la Red Departamental de Mujeres Chocoanas, desde su emprendimiento FrutiChocó,se propusieron rescatar los frutos autóctonos de su departamento como el marañón, la guayaba agria, el borojó o la badea y el  resultado final es la comercialización de pulpas, deshidratados y jugos.

De los treinta y dos departamentos de Colombia, Chocó es el único con costas hacia el océano Pacífico y el Atlántico, es el noveno más extenso y atesora cerca del 25 por ciento de las especies de plantas del país. En su costa Pacífica hay importantes recursos pesqueros y sus bosques son ricos en frutos, fibras y semillas. Desafortunadamente, ha sido una región tremendamente golpeada por la violencia y la corrupción, en parte por su vasta, fértil y selvática geografía.

Sin embargo, estos grupos de mujeres están en un proceso de reconciliación con su territorio y con ellas mismas, reafirmando su propia independencia: “Luchen por sus sueños: si lo pueden soñar lo pueden lograr. Solamente es que sean disciplinados, persistentes y perseverantes para que podamos transformar nuestra realidad” dice Sandra Perea de la Red de Mujeres Chocoanas.

Estas dos organizaciones le apuestan al empoderamiento económico de la mujer desde la consolidación de ideas de negocio que les permiten acceder al mercado y obtener fuentes de ingreso para el mejoramiento de su calidad de vida. De acuerdo con María Lastenia, asociada de ASOMUQUIB, “las mujeres rurales en el Chocó vivimos en un estado de alejamiento. Queremos reconciliarnos para estar a tono con lo que producimos: bienestar y frutales promisorios”.

La Corporación Reconciliación Colombia apoyó a estas dos organizaciones entre el 2017 y 2018, con el apoyo de la Compañía Coca-Cola, con recursos técnicos para el mejoramiento de procesos de transformación de frutas. Dotó a ambas organizaciones con maquinaria y mediante asesorías, facilitó la estandarización de procesos. Por otro lado, al reconocer el rol de la mujer en la transformación social, se implementó la metodología Prácticas Reconciliadoras para cada organización con el ánimo de promover la confianza y la transformación de relaciones interpersonales.

Este acompañamiento permite que hoy, las organizaciones se encuentren en un nuevo momento que les permite abordar procesos de diversificación e innovación en su negocio y en el caso de la Red Departamental de Mujeres Chocoanas, fortalecer a FrutiChocó.

Este 2019, con el apoyo del Fondo Canadiense para Iniciativas Locales (FCIL), las dos organizaciones recibirán asesoría en materia productiva, talleres de planeación financiera, continuidad en el proceso de prácticas reconciliadoras y desarrollo de empaques para cuidar la calidad y durabilidad del producto. En total,  150 mujeres participarán hasta febrero de 2020 en distintas acciones que buscan fortalecer el modelo de comercialización y seguirle apostando al empoderamiento de la mujer chocoana.

“Yo, mientras esté aquí en la tierra, quiero comer de lo que cultivo”, Gumencia Echeverry, Red de Mujeres Chocoanas.

“Hace 300 años nuestros ancestros pescaban siguiendo las estrellas,  se orientaban con los luceros cuando entraban mar adentro y  construían sus pueblos protegiéndose de los vientos gracias al mangle, del que también se proveían de madera para construir las casas que hoy seguimos habitando” Moisés Cardale Cortés, pescador, 56 años.

En la Isla de Barú, a 45 minutos de la ciudad de Cartagena, se encuentra la Reserva Natural Manglar Cacique. Un ecosistema protegido, en medio de uno de los motores turísticos del Caribe colombiano, que convive con comunidades afrodescendientes asentadas en la zona desde hace siglos. Aquí, como en otras zonas del país con presencia de mangle, la amenaza del ecosistema está latente y es una de las preocupaciones de la comunidad local.

El manglar, además de estabilizar la línea costera al controlar la erosión, es una barrera natural de fuertes vientos, un importante sumidero de CO2 y una de las cinco unidades ecológicas más productivas del mundo. Es el hogar de mamíferos terrestres, reptiles, bandadas de aves y cardúmenes de peces que se acomadan al fondo del agua, en las raíces de los manglares, para alimentarse y reproducirse.

En Barú, el Mangle ha permitido que la pesca artesanal se convierta en una actividad cultural y económica central. Aquí, desde el año 1993 un grupo de pescadores hacen parte de Coopsana – Cooperativa de Pescadores de Santa Ana, organización que agrupa actualmente a 34 hombres pescadores y a 10 mujeres que convierten el producto de la pesca en embutidos.

La organización busca mantener la tradición de la pesca artesanal y desarrolla acciones de cuidado y conservación del manglar. “Hacemos recolección del plástico que viene de la zona de turismo. Limpiamos el manglar. Hacemos actividades para que la comunidad y los visitantes de la isla entiendan la importancia del ecosistema y hemos adelantado reforestación” cuenta Moisés Candale, uno de los pescadores asociados a Coopsana. Él explica que debido a la apertura de la isla al turismo y la industria, la relación entre los barulenses y el entorno se ha fragmentado, han dejado de lado las prácticas ancestrales y el sentido de pertenencia con el territorio.  

Coopsana cuenta con tres lanchas, cuatro neveras para transporte de pescado y una oficina y centro de preparación de embutidos. Su mercado es 90% local (restaurantes de la playa o pobladores) y en promedio pescan 200 kilos semanalmente. Funciona como cooperativa y sus ganancias son invertidas en la misma organización.

Actualmente ha encontrado una oportunidad económica en la generación de embutidos, proyectan desarrollar una marca propia y tener un punto de venta en la isla. Frente a la pesca, tienen una gran necesidad de ampliar sus equipos para que más pescadores se vean beneficiados.

Frente a lo anterior, la Corporación Reconciliación Colombia con el apoyo del Programa Alianzas para la Reconciliación de USAID y ACDI/VOCA acompañará a Coopsana hasta el mes de febrero del año 2020 en las siguientes líneas de acción:

  • Fortalecimiento organizacional y  prácticas ambientales.
  • Compra de equipos para pesca.
  • Fortalecimiento de plan de comunicación y comercialización.
  • Identificación de prácticas reconciliadoras y desarrollo de plan de trabajo.

Reconciliación Colombia entiende la reconciliación como un proceso relacional que supera las interacciones personales y abarca vínculos más complejos como el socio ambiental. En este sentido, el trabajo de Coopsana es vital al buscar reestablecer una relación de cuidado con el entorno.  

En el marco del acompañamiento, Reconciliación Colombia desarrollará su metodología Prácticas Reconciliadoras que permite identificar el nivel de diálogo, empatía, reciprocidad y cooperación presente en las relaciones dentro de las organizaciones y su impacto en la contribución de las mismas a su entorno. Una vez identificado este nivel se invita a formular un plan de acción para mejorar aquellas dimensiones con puntuación baja.

Frente al suministro de equipos para la pesca, se trata de renovar las neveras y redes y dotar con GPS las lanchas, haciendo más efectivas las faenas de los pescadores.

“Poder contar con mejores equipos facilita nuestro trabajo y permite que más pescadores puedan salir de faena mar adentro. El proyecto con Reconciliación Colombia nos permitirá revisar nuestra marca de embutidos y poder mostrar a toda la isla el desarrollo de nuevos productos, frescos y del mar” señala Luis Carvajal, asociado Coopsana.

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