Reconciliación Colombia

Tejer nuevos caminos, el sueño wiwa

“Nos dieron el maguey y otros materiales para hacer aretes y collares. Vamos a trabajar, nos dijimos a nosotras mismas. Como los hombres no estaban de acuerdo, nos fuimos a la casa de una de las compañeras a escondidas y empezamos a hilar”.

La primera vez que Mareli tejió fue con palma de Iraca, hace unos tres años, acababa de terminar bachillerato, no trabajaba, ni pensaba hacer un pregrado. En ese entonces una mujer de su comunidad, Gloria Malo, la invitó a unas capacitaciones que ofrecía una organización para la salud de los indígenas que habitan la Sierra Nevada de Santa Marta.

Hilando aretes con palma de Iraca, las mujeres se reencontraron con una tradición de su pueblo, relagada en los utimos años. Ese día volvieron inspiradas a la comunidad, parecía que cada puntada había despertado un deseo profundo: revivir una práctica que estuvo presente en la desparecida cultura Tairona y que fue recuperada por sus descendientes, los wiwa y los otros tres pueblos que habitan hoy la Sierra. En el ambiente también se sentía otro deseo, quizás producto de la negativa de los hombres, encontrar libertad e independencia.

Rápidamente los hombres de la comunidad se pronunciaron, previendo que estas mujeres tomaran vuelo “ellos decían que las mujeres ya iban a empezar a decidir ellas solas. Lo que pasa es que a la mujeres no nos incluyen mucho. Se reúnen los hombres, hablan y toman decisiones, así las mujeres no estemos de acuerdo. A las mujeres muy poco las escuchan”.

Mareli Alonso Malo creció en el resguardo Wiwa, una de las cuatro comunidades indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta. Esacadena de montañas que se levanta a orillas del mar caribe, que contiene todos los pisos térmicos y sus bondades; y que fue la casa de una gran cultura indígena de lengua Chibcha: los Tairona, extintos luego del saqueo de la colonización en el Siglo XVII. La Sierra Nevada de Santa Marta es el punto de encuentro de la riqueza natural, espiritual y cultural de cientos de años que hoy sigue siendo símbolo de lo sagrado.

De la cultura Tairona cuatro pueblos se asentaron de nuevo en la que fue su casa, dando paso a un renacimiento a partir de aquellos vestigios culturales. Los Kogui, Arhuacos, Wiwas y Kankuamos son los protectores de la Sierra. Los tres primeros conservan su lengua y el liderazgo de mamos y sagas (figura femenina presente solo en la comunidad Wiwa), en cambio, el pueblo Kankuamo, a raíz del conflicto armado, ha perdido parte de su identidad.

Entre las muchas transformaciones por las que ha pasado la Sierra, está la llegada del turismo. Este es un territorio que se ha abierto al mundo por sus paisajes, su flora, su fauna, sus tradiciones, su gente. Es un Parque Nacional Natural, un lugar de inspiración, investigación y un atractivo para inversión y explotación por sus riquezas. Los cuatro pueblos indígenas han sido testigos de esas mutaciones y ahora las nuevas generaciones incluso las refuerzan al recibir una educación escolar concebida en la cultura occidental. La tecnología, las influencias sociales y económicas de ciudades como Valledupar, Santa Marta o Maicao han generado nuevas dinámicas, preguntas sobre los roles de género y cambios en lo que implica hablar de las tradiciones ancestrales.

Mareli hace parte de esas nuevas generaciones, también Gloria que pronto terminará su pregrado en administración de empresas. Tal vez por eso han tenido la fuerza de seguir con el proyecto de Mujeres Artesanas Wiwa, a pesar de la intensa resistencia de los hombres. Ha sido proceso lento, porque además han tenido que convencer a otras mujeres de sus capacidades y derecho de ser independientes.

Luego de la primera capacitación, que fue sobre todo un espacio de inspiración, el proyecto quedó enterrado. Un año más tarde, Gloria las convenció de volver a participar en un taller. Se sumaron más mujeres y por segunda vez se fueron a escondidas de los hombres. Esta vez algo cambió, el entusiasmo no se perdió y decidieron sacar adelante su proyecto.

“No nos importó la opinión de ellos y seguimos adelante. Ellos decían que no íbamos a niguna parte con eso. Nosotras en cambio dijimos: sí, les vamos a demostrar que no es como ellos dicen”. Empezaron ocho y ahora son diecinueve mujeres las que tejen las mochilas, las manillas, los collares y los aretes.

El pueblo Wiwa ocupa la zona baja de la Sierra Nevada de Santa Marta en la frontera de los departamentos del Cesar y La Guajira. Al ser cuidadores de la región, entienden esta zona como el cordón que une el origen y el presente, lo espiritual y lo material.  El tejido es una forma de exaltar esta unión y preservar sus saberes. Mujeres Artesanas Wiwa maneja siete tipos de tejidos: uma suzu, mankala suzu, noshi, suzukinki, bun suzu, bigurra suzu y pusinzhe ugula.

Este año presentaron por primera vez sus artesanías en la quinta versión de la Macrorrueda para la Reconciliación, un espacio creado por la Corporación Reconciliación Colombia para promover el encuentro, la reflexión y la acción colectiva en torno a la generación de oportunidades en los territorios. Allí se encontraron con mentores, empresarios y, durante un mes y medio de capacitación, confirmaron que su proyecto es una acción de empoderamiento  y una manera de invitar a que las Wiwa vean en el tejido una opción de vida y de resguardo de sus saberes.

“Yo soy la oveja negra”, dice Gloria y añade “las mujeres allá no trabajan y si yo me destaco, eso a ellos les molesta”. Su ilusión más grande es que las mujeres de su comunidad tengan independencia económica y un espacio propio. Un cuarto propio, como escribió Virginia Woolf. Fue por eso que después de esa primera capacitación, decidió hablar en su trabajo, Dusakawi EPSI, para que le permitieran volver a llevar a un grupo de mujeres de su comunidad a otra capacitación. Como Dusakawi es una entidad de salud, Gloria argumentó que estos talleres eran para el beneficio de la salud mental de las mujeres de su comunidad.

Gloria Malo ha sido la principal promotora de las Mujeres Artesanas Wiwa, para ella el principal conocimiento sobre sus tradiciones lo conservan las mujeres, aunque en su comunidad no sean escuchadas. Este ha sido un procesos lento, ya tienen el apoyo de algunos hombres, pero no toda la comunidad sabe que participaron, por ejemplo, en la Macrorrueda para la Reconciliación.

La fuerza de las Wiwa está re escribiendo el rol de la mujer en un territorio que lleva siglos transformándose. Mujeres Artesanas Wiwa es la excusa para empoderar, es la oportunidad para dar voz, es sublevarse y tejer nuevos caminos donde es posible la reconciliación entre saberes ancestrales y nuevas formas de habitar la Sierra.

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