Columnas

Los retos que ve el Banco Agrario en la construcción de paz

Francisco Solano Mendoza Presidente del Banco Agrario


Hoy nadie rebate la afirmación de que la paz se siembra en el campo. La pregunta permanente recae ahora en la forma como se fortalecerá el acompañamiento a los pequeños y medianos pobladores en las zonas más afectadas por el conflicto y priorizadas para su atención.

Los desafíos que traerá para el sector financiero la puesta en marcha de la denominada  ‘Política de Desarrollo Agrario Integral’, como primer punto de los acuerdos para la paz, la necesidad de garantizar el acceso a crédito, la inclusión financiera y la atención especial para los productores, entran así, y entre otros aspectos, en temas para pensar y definir.

El compromiso del Gobierno Nacional ha sido avanzar desde la institucionalidad en el cumplimiento de los Acuerdos de la Habana, siendo cada vez más apremiante resolver la ruta adecuada para que los recursos lleguen a las poblaciones más afectadas que, en su mayoría, se encuentran en las zonas rurales.

¿Y cuáles serán las estrategias para abordar los desafíos de garantizar el acceso a recursos por parte de los productores y campesinos una vez se firme el acuerdo de paz, si como está previsto esto se da?

Desde el Banco Agrario, entidad que financia el 97 por ciento de los pequeños productores, según las cifras de FINAGRO, nos hemos planteado diversos retos que van desde el marco jurídico hasta el ajuste o diseño de productos y servicios acordes con las características de la población rural.

Si bien actualmente se presentan dificultades en el acceso a crédito por debilidad en la formulación de proyectos, falta de garantías, dispersión geográfica, baja escolaridad, entre los principales factores, el financiamiento informal, a través de prestamistas que pueden cobrar hasta el 250 por ciento de interés efectivo anual, podría agudizarse en la medida en que los nuevos actores no encuentren alternativas de financiación que sean viables y oportunas.

Para trabajar en la construcción de la paz consideramos que se requieren dos elementos importantes que permitan incrementar la financiación formal de la población rural: microfinanzas y asociatividad. Por supuesto, estos deben ir acompañados de toda la oferta institucional necesaria para fomentar el desarrollo y reducir la pobreza de la población. De hecho, no se trata de llegar únicamente con crédito para los diferentes emprendimientos, sino de realizar un acompañamiento integral que permita abonar el terreno para el trabajo con las comunidades y el proceso de acoplamiento y reinserción a la sociedad de los actores del conflicto.

Nosotros vemos en las microfinanzas un mecanismo de inclusión y apalancamiento financiero ágil y adecuado a las características de la población objetivo, que requiere bancarizarse y atender temas de emprendimientos urbanos y rurales como nuevos medios de vida. Este mecanismo es muy importante, ya que brinda un acompañamiento al productor y permite educación financiera con miras al empoderamiento de la población en herramientas de planeación financiera y promoción del ahorro, entre otros aspectos.

En cuanto a la asociatividad, la consideramos un eje fundamental de desarrollo en el campo, a través del cual se busca sinergia, filosofía de colaboración y cooperación para la producción y comercialización de los productos agropecuarios. Así mismo, promueve la formación empresarial de diferentes grupos de productores, con lo cual, a su vez, se logran economías de escala y volúmenes de producción sostenibles para la generación de ingresos y el desarrollo de las regiones.

Así las cosas, y teniendo en cuenta que la paz se siembra en el campo, el Banco Agrario seguirá trabajando en aras de contribuir a la estrategia planteada por el Gobierno Nacional, a través de su Ministerio de Agricultura, para avanzar en la construcción de la paz.