El exguerrillero que quiere alejar a los niños colombianos de la muerte


Un ex miembro de las Farc, que vio morir a un niño de doce años en sus brazos, ahora trabaja por evitar que los niños se unan a grupos armados al margen de la ley. 

Historia de la agencia AFP publicada en el portal terra.com.
Noviembre 17 de 2013
Foto: AFP


Regis Ortiz no esperó a la firma de un acuerdo de paz para dejar la guerrilla FARC. Cuando un niño de doce años murió en sus brazos en medio de un bombardeo, el horror de la guerra lo empujó a abandonar la lucha armada.

Ortiz, de 34 años, es uno de los 458 integrantes de las FARC que se han desmovilizado en los últimos diez años, antes de que comenzara el proceso de paz con el gobierno de Colombia, y consagra sus energías a evitar que los menores se unan a los grupos armados en Colombia.

Al niño lo llamaban Cruz Roja "porque pasaba por los retenes militares sin problema", narró Ortiz a la AFP. "Murió en mis brazos. No tenía heridas en su cuerpo, murió reventado por dentro por las bombas", rememoró con la voz entrecortada.

Tras dos días se entregó -desconfiando- a una patrulla militar que encontró en el camino. Temió que el Ejército lo matara.

Ahora trabaja en Barranquilla como promotor de la estatal Agencia Colombiana de Reintegración (ACR) en el programa "Mambru no va a la guerra" de prevención del reclutamiento de niños, "porque no quiero que la historia se repita".

"En estos momentos tengo mucha ganas de vivir y de apoyar proyectos como éste. Creo que iniciativas como éstas son las que debe haber en muchas partes del país donde esos niños no tienen otras alternativas", dijo.

El estatal Instituto de Bienestar Familiar calcula que unos 2.500 menores se han unido a las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, comunistas) en los últimos 15 años.

"Este proceso sólo es posible si toda la sociedad se une" advirtió Ortiz, quien lamenta que los reinsertados tengan que ocultar esa condición para no perder el trabajo.

La ACR se encarga de la reincorporación social de quienes dejaron las guerrillas izquierdistas o los grupos paramilitares de derecha. En total, unas 55.000 personas se han desmovilizado desde 2003, según sus estadísticas.

Pero los reintegrados son muchos menos. En los últimos diez años a través de ese programa 2.097 desmovilizados han cumplido el proceso que toma entre seis y siete años.

El guerrillero raso quiere volver a su casa

Pese a ser un convencido de que "la solución no son las armas", Ortiz entró a las FARC en 2005 para evitar que las entonces temidas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC, paramilitares) cumplieran sus amenazas de "desaparecerlo".

Estudiaba historia en la estatal universidad de Cartagena, donde era líder estudiantil, y realizaba trabajo social en los barrios deprimidos de esa ciudad del norte del país donde nació.
En 2003 asistió en Venezuela, cerca a la frontera con Colombia, a una reunión clandestina de líderes estudiantiles, en la que recuerda había delegados de Ecuador y México.

También había dirigentes de la guerrilla, como el actual jefe de la delegación de paz, Iván Márquez, y ese fue su primer contacto con las FARC.

Sus dos años en las FARC los pasó en el frente 37, comandado por el abatido Martín Caballero.

"Martín me recibió y me dijo que conocía de mi situación. Me encargó que le enseñara a leer y escribir a los muchachos, pues la mayoría eran analfabetos", recordó.

Durante varios días se resistió a vestir el uniforme de las FARC, "porque no me gusta lo militar", pero el destino lo llevó también a disparar en enfrentamientos con el Ejército. Sobrevivió a dos bombardeos.

A un año de haberse iniciado los diálogos de paz, Ortiz es optimista. "El guerrillero raso también quiere volver a su casa. Uno lo sentía y lo vivía cuando en las conversaciones ellos hablaban de que era momento de que se firmara un acuerdo", indicó.

Las FARC, fundadas en 1964, son la guerrilla más antigua de América Latina y el conflicto armado colombiano el único que pervive en el continente. Esto ha llevado a que la desmovilización de guerrilleros se produzca en condiciones adversas, mientras persisten los combates y con el temor de venganzas de excompañeros y la estigmatización por parte de la sociedad.