Tiendas de paz: un proyecto que incentiva el retorno de desplazados a sus tierras

La disminución de la violencia permitió el retorno a sus tierras de víctimas desplazadas que antes habitaban el Oriente Antioqueño. Pero eso no es suficiente. ¿Qué más se está haciendo para incentivar el regreso de los campesinos a su lugar de origen?

Publicado en Revista Semana
26 de abril de 2012

Foto: Archivo Semana

Desde hace unos seis años el Oriente Antioqueño siente una tranquilidad que no se veía desde que fue azotado por la guerrilla y los paramilitares. Hoy, los actores del conflicto se han marchado y los campesinos tímidamente están regresando a cultivar sus parcelas, reconstruir sus casas y revitalizar el campo. 

La labor no es fácil. Requiere un profundo amor a la tierra para superar miedos muy enraizados en aquellos que debieron huir de la violencia. Requiere voluntad de todas las partes para que el retorno sea sostenible. Requiere del apoyo del gobierno y la empresa privada para que los campesinos tengan una segunda oportunidad. Por suerte, todos esos requisitos se están cumpliendo con la alianza entre el Departamento para la Prosperidad Social, DPS (antigua Acción Social), que generó el programa 'Tiendas de paz', la organización Interactuar y Bavaria.

El programa, que se inició en 2009 con la estrategia ‘Retornar es vivir’ y que fue una de las iniciativas que llevó a la implementación de la ley de víctimas y restitución de tierras, busca brindarle herramientas a los pueblos para que sean auto sostenibles. Más que una forma de asistencialismo, se trata de autonomía y empoderamiento de la comunidad para que ella misma fomente su desarrollo. Los resultados saltan a la vista.

Desde Medellín, es preciso recorrer unas dos horas y media en carro (camioneta 4X4 porque no hay un sedán que aguante los vericuetos del camino) para llegar a la vereda de San Isidro en el municipio de San Francisco. El paisaje se vuelve cada vez más rural y  hermoso. Las edificaciones son cada vez más distantes unas de otras y en su lugar se imponen campos y cultivos. Las personas pasan caminando o a caballo y advierten a los carros si hay ganado en la vía. Después de muchos saltos y tumbos por fin se llega a la 'Tienda de paz', una pequeña casa de ladrillos con rejas negras en las ventanas, en cuyo frente descansan jornaleros en sillas plásticas.  

La tienda ofrece útiles escolares, productos de aseo, alimentos no perecederos y bebidas. Igual que las otras que se han abierto, cuenta con un computador y programas de software que se utilizan, previa capacitación, para mantener la contabilidad. La tienda no es de un particular, sino que la maneja la junta de acción comunal de cada pueblo, garantizando así que las utilidades se queden en la comunidad. Su administrador, Nelson Vásquez, atiende enérgico el negocio y alaba la iniciativa diciendo: "Esto le ha facilitado la vida a la gente. Antes teníamos que caminar una hora hasta el pueblo si necesitábamos algo. Esto nos soluciona muchas cosas". 

A las tiendas también van los campesinos cargados de yuca y cacao, entre otros, para intercambiar sus cosechas. Ese es el caso de Calixto, oriundo de San Isidro y quien pasó años fuera de su tierra. Él describe la 'Tienda de paz' como: "una bendición del señor" y espera que continúe creciendo y ayudando a las familias que se benefician con ella.   

El local sirve también como un punto de encuentro en el que departen miembros de distintas veredas, como Alberto Antonio Silva. Él vive en una vereda más apartada, por lo que no se involucra en el funcionamiento del negocio, pero pasa constantemente por allí y se queda un rato tomándose una cerveza, descansando y conversando con otros transeúntes. 

Si bien la primera fase del proyecto ha sido exitosa y le ha brindado a las comunidades instrumentos para su desarrollo, aún hay varios aspectos que deben mejorarse. Por ejemplo, las vías de acceso son casi inexistentes, por lo que los campesinos cultivan pero no pueden sacar sus productos de las veredas más aisladas. 

Igualmente, es necesario un mayor esfuerzo para incentivar el retorno de los jóvenes al campo, pues, como lo afirmaron líderes del corregimiento de Santa Ana: "El campo se está envejeciendo porque los jóvenes piensan que un buen futuro solo está en las ciudades". 

Para mitigar esos contratiempos, es necesario un seguimiento y una segunda fase. Bavaria anunció el pasado 16 de abril que financiaría la siguiente etapa del proyecto y DPS continuará con el desarrollo para tratar de implementarlo en otros departamentos del país. De seguir con este tipo de iniciativas, muy posiblemente la industria del agro alcanzará la revitalización que tanto necesita.

Este artículo fue realizado gracias a la invitación de Bavaria, financiador del proyecto ‘Tiendas de Paz’.