En el Chocó, la reconciliación pasa por definir el tema del territorio


Según Hinojosa, es necesario el resarcimiento real y efectivo de sus derechos. Por eso descarta que la reconciliación pueda entenderse como perdón y olvido.
 
Padre, vive Usted en una zona de conflicto, ¿cuáles cree son los retos de la reconciliación regional y también nacional?
 
Como Iglesia diocesana son muchos los retos de la reconciliación. A nivel país, está el hecho de que no se quede todo en la política, en una disputa de quién queda o no queda en el poder. Eso es superfluo, va mucho más allá. A nivel región, es muy importante el territorio. Hay un interés en los territorios chocoanos. Todos, la clase política, los grupos armados de derecha e izquierda, tienen un interés en el territorio.
 
La guerra que hemos experimentado, los desplazamientos, los asesinatos, todo va ligado con el tema territorial. Uno de los grandes retos es que la gente pueda gozar de sus derechos sociales, culturales y ambientales ahí en su territorio. Ese es el principal reto que desde la iglesia del Chocó vemos.
 
¿Cuáles son las principales iniciativas de reconciliación que la Iglesia está emprendiendo?
 
Hay varias iniciativas, a nivel mundial, incluso, pues la Iglesia no es ajena a esta situación. El papa Francisco no es ajeno a lo que vive el pueblo colombiano. A nivel nacional hay varias iniciativas: la Comisión Nacional de Reconciliación, que es coordinada desde la Conferencia Episcopal con el padre Darío Echeverri y todo su equipo, es un ejercicio importante de la Iglesia.
 
A nivel región, se habla de la constitución de las comisiones regionales de conciliación, las que están compuestas por personas de todas las instituciones: empresarios, Estado, organizaciones no gubernamentales, organizaciones étnico territoriales y, por supuesto, la Iglesia. Se mira cómo desde el lugar donde se está, se puede aportar a los problemas más evidentes que atentan contra la paz. Es un ejercicio muy interesante.
 
Hay otras experiencias, como los espacios de incidencia política que la Iglesia realiza a través del Secretariado Nacional de Pastoral Social; a través de las Diócesis, de sus escritos, de las cartas pastorales, de los encuentros con el alto gobierno y la visibilización de todas estas problemáticas que se viven en la región.
 
Un ejemplo de esto es la carta pastoral que los Obispos del Pacífico emitieron en el 2010. Los seis obispos de Quibdó, Apartadó, Istmina Tadó, Tumaco, Guapi y Buenaventura escribieron una carta pastoral que llamaron Tierra y territorio: don de Dios para la vida, que para nosotros es un instrumento de incidencia muy fuerte porque ahí los obispos están utilizando el método del ver, juzgar y actuar, donde en el ver, por ejemplo, están haciendo una mirada a nuestra región desde la llegada de las primeros esclavos, las alianzas que hicieron estas organizaciones con los indígenas que estaban en la región y cómo las comunidades han resistido desde ese momento hasta hoy todos los embates de la guerra y de la violencia que se viene presentando en la región.
 
En el juzgar, a la luz de la palabra de Dios y a la luz del magisterio de la Iglesia, los obispos muestran cómo la problemática principal es la tenencia de la tierra y el interés por la tierra, y cómo, desde el antiguo testamento, lo que motiva a Abraham a salir es la búsqueda de la tierra prometida. En los distintos pueblos de la historia de la humanidad ha habido esa problemática de tierra y territorio. Los obispos no se quedan en mostrar esta problemática, sino que, en el actuar, proponen un camino, unas estrategias para salir adelante. Creo que ese es un instrumento valiosísimo de incidencia. Se lo entregaron al presidente Santos en sus manos y también al Vicepresidente. A partir de esto se han venido dando unos cambios, algunas emisiones de decreto ley frente a la llamada ley de víctimas: el decreto ley para las comunidades afro y para las comunidades indígenas. Son cuestiones lentas, pero que creemos se van dando poco a poco.
 
Otro de los casos emblemáticos en la región sucede con los pueblos indígenas. Hacia la década de los ochenta existía en el Chocó una sola organización indígena que se llamaba Orewa, pero esta organización se dividió y dio lugar a cuatro organizaciones indígenas en el departamento. Son estas Woundeko (pueblo wounaan), Asorewa (Asociación Orewa - proceso de unidad organizativa de 5 pueblos indígenas: Wounaan, Embera Dobida, Katío, Chamí y Tule), Fedeorewa (Federación de asociaciones de cabildos indígenas del Chocó) y el Crich (Consejo Regional Indígena del Chocó).
 
Se vivió una situación en la que estas cuatro organizaciones tuvieron bastantes dificultades para, incluso, poder encontrarse en un mismo espacio. Fue precisamente en este ejercicio de la Iglesia que llegó un momento determinado propiciado por la problemática de salud que viven los indígenas. Llegaron entonces ellos a reflexionar: tenemos un problema común, busquemos lo que nos une y tiremos todos para el mismo lado, independientemente de las diferencias que tengamos. Hay unos problemas comunes y allí tenemos que encontrarnos, por lo que crearon la Mesa Indígena Departamental. Es un ejemplo del tema de reconciliación a nivel organizativo.
 
¿Qué pasa con los esfuerzos de reconciliación en medio del conflicto armado?
 
No ha sido fácil porque, en un momento determinado, los victimarios ni tan siquiera son capaces de reconocer o de pedir perdón. Entonces, mientras no haya esa actitud de reconocer el daño y, en segundo lugar, de resarcir ese daño causado, es bastante complejo hablar de reconciliación. Desde la Iglesia estamos tratando de hacer unos ejercicios de caminar para ir abonando el ambiente frente a este tema.
 
Otro tema es que aunque tenemos la esperanza de que en La Habana se va a llegar a un acuerdo, surgen interrogantes frente al tema de territorio. Estas inquietudes han salido incluso en el trabajo que se ha hecho con las organizaciones étnico territoriales y algunas instituciones con las que hemos hecho espacios de reflexión. El caballito de batalla es el tema territorial. Frente a este, todo el mundo en este país tendrá que ceder. Si todos cedemos, ¿qué con los terratenientes de este país?, ¿qué pueden ellos hacer? Algunas de las personas con las que nos hemos reunido me dicen: “es injusto que los de 10.000 hectáreas estamos dispuestos a ceder, pero los de 40.000 hectáreas, no tienen la disposición de hacerlo”. Ya se han hecho propuestas a través del Fondo Interétnico Solidaridad Chocó, que es el espacio que recoge las organizaciones de la región chocoana. Se han enviado incluso documentos de reflexión a La Habana.
 
A nosotros nos preguntan constantemente díganos ustedes desde las regiones, ¿qué podemos hacer? Ahí están los documentos para la discusión y la toma de decisiones.

​Foto: Reconciliación Colombia