Acciones Reconciliadoras

Macayepo y Chengue abrieron nuevamente el camino

El conflicto armado había destruído la confianza entre los habitantes de dos comunidades vecinas en los departamentos de Bolívar y Sucre. Sus miembros decidieron acortar las distancias y hoy, la vía destapada de 10 kilómetros que las une ha vuelto a tener vida y la recorren a diario los campesinos que transportan por ella sus productos.

Por José Vicente Guzmán 
 
Proyecto Reconciliación Colombia

30 de marzo de 2014
 
Lo llamaban el camino de la muerte porque muchos de los que se atrevieron a andar por ahí fueron asesinados o desaparecieron sin dejar rastro. Esto no era extraño hace trece años, cuando el sendero era un paso frecuente de paramilitares o guerrilleros que sembraban el terror. Hoy, sin embargo, este camino es el trazo físico, y también simbólico, de cómo dos pueblos recuperaron la confianza mutua que la violencia les quitó.
 
La vía destapada de 10 kilómetros es una especie de arteria en el corazón de la región de los Montes de María, guardada para el tesón de los campesinos de la zona, pues la montaña y la maleza ni siquiera dejan transitar a las motocicletas. Los habitantes de los corregimientos de Macayepo (Bolívar) y Chengue (Sucre), que se comunican con ella, la han despejado a machete.
 
Hasta hace más de 20 años, cuando el conflicto aún no había dejado su huella, este camino era una vía comercial por la que los campesinos sacaban sus productos para comercializarlos, lo que había forjado una relación social y económica, de convivencia armoniosa entre las dos comunidades. 
 
“Las personas de Chengue venían a nuestras casas y asistían a nuestras fiestas. Nosotros hacíamos lo mismo porque todos éramos amigos y conocidos”, recuerda Aroldo Canoles, habitante de Macayepo.
Pero la confianza se rompió por causa del conflicto. Los ataques del frente 35 de las FARC, comandado por ‘Martín Caballero’, y el accionar del bloque Héroes de los Montes de María de las AUC cambiaron el panorama de la región. Los asesinatos, señalamientos y rumores se volvieron el pan de cada día.
 
Para los habitantes de Macayepo la situación era más compleja, pues Rodrigo Mercado Pelufo, alias “Cadena”, comandante del bloque paramilitar que operaba en la zona, era oriundo del corregimiento, así como algunos de sus hombres. 
 
Eso les trajo a los macayeperos mala fama y desprecio por parte de quienes antes eran sus amigos, incluidos los habitantes de Chengue.
 
Fue entonces cuando el camino quedó abandonado y al azar de los grupos armados ilegales. Los lugareños cuentan que por ahí accedieron los hombres de Cadena que cometieron dos de las masacres que hicieron tristemente célebre a esta región del país: la de Chengue y la de Macayepo (entre 2000 y 2001), en las que fueron asesinados a punta de machete y de piedra a más de 40 civiles, y fueron desplazadas la mayor parte de las familias de la zona, lo que evidentemente destruyó la confianza entre los vecinos.
 
Las cicatrices del conflicto

Durante tres años, muchos campesinos abandonaron sus tierras.
 
Pero a mediados de 2004, impulsados por una fuerza que solo entienden quienes lo han perdido todo, y gracias a los éxitos militares, los habitantes de uno y otro lado comenzaron a retornar. 

En octubre de ese año, 50 habitantes de Macayepo llegaron a las ruinas de lo que antes había sido su pueblo y desde ese momento comenzaron a reconstruirlo con la ayuda de la Infantería de Marina. Las personas de Chengue hicieron lo propio y, poco a poco, el número de familias retornadas aumentó.
 
Sin embargo, las heridas del conflicto –que aún acechaba la zona– habían dejado una distancia enorme entre ambas poblaciones, que ya no tenían ningún tipo de relación. Además, eran frecuentes los señalamientos entre una y otra comunidad. 

“Nosotros decidimos tomar cartas en el asunto porque necesitábamos recuperar la relación con nuestros vecinos”, cuenta Ciro Canoles, líder de Macayepo. “Así que, a finales de 2006, nos fuimos, sin ser convidados, a una reunión que estaban haciendo en Chengue, para invitarlos a nuestro corregimiento a compartir, pero allá no nos determinaron. Ni siquiera nos ofrecieron comida”.

En vez de amilanarse, Ciro y sus amigos decidieron focalizar su trabajo en El Tesoro, una vereda de Chengue –a la que se llega por un desvío a los seis kilómetros del camino– donde viven 30 familias a quienes les queda más fácil sacar sus productos por el corregimiento de Bolívar. 

Allí, luego de varias conversaciones, los líderes se pusieron de acuerdo: el 27 de enero de 2007 saldría una comisión de cada comunidad, que iría limpiando su parte del camino, que se había llenado de maleza y monte, hasta encontrarse en la mitad para realizar una integración. 

El camino de la paz

Adelante iba la Infantería de Marina, revisando que el piso no estuviera minado (encontraron siete minas). Detrás venían los pobladores, machete en mano, quitando la maleza y limpiando el camino que tanto habían temido porque relacionaban con la muerte. Cuando llegaron a la mitad, en el lugar acordado para el encuentro, los macayeperos se desilusionaron. No había rastro de ningún habitante de su comunidad vecina de El Tesoro. 
 
“Sin embargo, uno de los hombres de la Marina decidió adelantarse más hacia el lado de la vereda, y, cuando volvió, nos dijo que sí venían y que eran muchos más que nosotros. Ese fue el momento de mayor felicidad”, recuerda Ciro.

En un pequeño claro, en el que el arroyo Palanquillo se encuentra con el camino, las dos comunidades se reunieron. “Ese día hubo llanto. Hicimos una actividad en la que nos dijimos muchas verdades, nos abrazamos y al final nos comimos un sancocho”, cuenta Marco Romero, habitante de El Tesoro.  

A partir de ese día, las cosas comenzaron a cambiar lentamente.
 
Con la ayuda de los habitantes de El Tesoro, en Macayepo organizaron un partido de fútbol contra un equipo de Chengue. La actividad fue tan exitosa que luego se inventaron un torneo con más pobladores de la zona. 
“Las cosas han ido mejorando, pero aún hay comunidades de Chengue que dudan de nosotros y la desconfianza sigue. La idea es seguir generando espacios”, cuenta Aroldo.

Por ahora, el camino ha vuelto a tener vida y lo recorren nuevamente los campesinos que transportan sus productos. 

Ellos se agruparon en el Movimiento Pacífico de Reconciliación de la Zona Alta de Carmen de Bolívar, y planean más actividades. A mediados de 2014, por ejemplo, quieren hacer un festival por la reconciliación en un corregimiento de Sucre, llamado Don Gabriel.

Además, la calma retornó a la zona luego de la desmovilización de las AUC  y de la caída de ‘Martín Caballero’, lo cual replegó a la guerrilla de la 
región de los Montes de María.

Con todo, las comunidades aún tienen muchos problemas económicos.  4.000 hectáreas de aguacate se han perdido en la zona de Macayepo por una plaga que no pudieron controlar. Además, su única salida sigue siendo por la vía destapada hacia Chengue. Por esa razón, quieren que alguna entidad les ayude a pavimentar, o, al menos, a mejorar, las condiciones de este tramo.
 
Tal vez tenga razón Aroldo Canoles, quien reflexiona mientras recorre el sendero. “El camino es un símbolo. Cuando nuestra relación iba mal, estaba lleno de maleza. Y ahora que nos hemos reconciliado, está transitable. Por eso, una vía pavimentada sería un símbolo de paz”.


Fotos: Juan Carlos Sierra / Reconciliación Colombia