Acciones Reconciliadoras

Riachuelo: una población que exorcizó sus demonios

Ellos se rehúsan a ser señalados como víctima de la violencia. Por eso, hacen memoria y sanan las heridas.

Publicado en Semana.com, 6 de diciembre de 2013

Fueron cinco años de trabajo para reunir en un documento la catarsis de un pueblo. Se trata del corregimiento de Riachuelo, ubicado en el municipio de Charalá, en el suroriente de Santander. 
 
Durante años, esta región estuvo bajo el control del frente paramilitar comuneros cacique Guanentá, perteneciente al Bloque Central Bolívar. Cuando ellos tenían el poder, crímenes sistematizados como tortura, secuestro, reclutamiento de menores, homicidio y violencia de género tuvieron lugar y partieron en dos la vida de sus habitantes, en los cuales aún es palpable el miedo y la desconfianza.
 
Pero ellos supieron resistir y producto de esta situación, los habitantes del corregimiento, con el acompañamiento de inmersión e investigación de integrantes de la Alianza Iniciativa de Mujeres Colombianas por la Paz (IMP), realizaron el informe público Lineamientos para una política criminal, salud y cultura: una mirada desde lo local. 
 
Para los habitantes de Riachuelo, más que un reporte sobre la violencia fue una oportunidad de dar testimonio de su historia y su cultura, construidos a partir de un ejercicio constante de escritura y diálogo que dio como resultado el primer capítulo del libro. El río que ríe y llora sus historiasfue realizado por el colectivo Auténticos forjadores de reconciliación, que fue elegido por las personas del corregimiento para plasmar las historias grupales e individuales. 
 
Historias que van desde la fundación del pueblo, con el relato de Abundio Plata, cura adinerado que se asentó en esta zona; hasta los mitos de terror como el de las lloronas de Quebrada Grande, pasando por personajes emblemáticos del corregimiento, como Dulcelina Piracón, apodada La Piraca. 
 
Algunas historias
 
La realización de este informe significó sobre todo una oportunidad de reconocer heridas y sanarlas, como fue el caso de Blanca Pinzón, habitante de Riachuelo Centro. Cuando tenía 16 años, en el 2004, padeció a causa de la violencia sexual y el desplazamiento forzoso. 
 
“Cuando los paramilitares se fueron, era casi prohibido hablar del tema -dice-. Este libro me permitió saber que se me habían vulnerado todos los derechos. A muchos nos ayudó a reconocer que lo que había pasado estuvo muy mal”. 
 
A 20 minutos de Riachuelo Centro, en la vereda de Capellanía, una de las siete que conforman el corregimiento de Riachuelo, está el lugar en el que Ana Joaquina Parra siempre ha vivido. Ana forma parte del colectivo y dice que su principal interés  fue “darle una cara diferente” a la historia que su pueblo tuvo que vivir. 
 
Ella y Macario Melgarejo, también parte de la agrupación, afirman que no querían que nadie les dijera qué pasó en su región sin conocerlos, a ellos y su historia, y que por esta razón decidieron participar de esta iniciativa.
 
Ellos se refieren a la Unidad de Reparación de Víctimas y otros investigadores que llegaban a Riachuelo a hacer informes, que en la opinión de muchos habitantes del corregimiento no comprendían realmente la situación, ni ofrecían respuestas o soluciones a esta. 
 
Edelmira Lizarazo, miembro del grupo de escritores y habitante de Riachuelo Centro, agradece que ni ella ni ninguno de sus tres hijos vivieron en carne propia las dinámicas de la violencia. Sin embargo, explica que ver a sus vecinos y amigos padecer a causa de esta, especialmente niños, la afectó mucho psicológicamente.
 
”Vivir en un remanso de paz y luego ver cómo este es ocupado por ese tipo de personas es como morir en vida”, asegura sobre el momento en que lo paramilitares empezaron a llegar al corregimiento. 

A dos veredas de su casa queda ubicado el infame colegio que, según testimonios de víctimas y testigos, sirvió de espacio para el reclutamiento, la tortura y el abuso sexual de menores de edad; todo esto gracias a la presunta colaboración de su rectora, Lucila Inés Gutiérrez, y su esposo, el exconcejal Luis Moreno, quienes aún habitan en la zona. 
 
Los problemas de la violencia y el abandono estatal
 
La violencia sexual de género es uno de los grandes problemas que ha generado el conflicto en el país y en ese corregimiento. 
 
Luz Marina Avellaneda, fiscal 51 de Justicia y Paz, adscrita a la sede de Bucaramanga y encargada de llevar y tipificar los casos en el departamento de Santander, entre esos los del municipio de Charalá, dice que este tema es uno de los más difíciles de abordar debido a que las víctimas temen ser “estigmatizadas y rechazadas” por su familia y su círculo social, lo que hace difíciles las judicializaciones. 
 
A pesar de esto, es una problemática que se está empezando a visibilizar, a partir del esfuerzo de muchas mujeres que buscan romper el círculo vicioso de silencio que esta genera. 
 
Además, la realización del documento hizo pensar a la población sobre otras problemáticas que los aquejaban y aún afectan: una precaria situación de salud pública, de derechos humanos y de judicialización de crímenes.
 
Aunque las soluciones tal vez estén lejos de ser instrumentadas, el informe, con su recopilación de historias de vida, les permitió empoderarse de una situación y conocer sus falencias, quizás el primer paso para emprender la vía de la reconciliación y el desarrollo.

Foto: Archivo Semana