Amenazas de guerrilla y paramilitares fortalecieron su vocación de periodista

Carmen Rosa Pabón, periodista de la emisora ‘La Voz del Cinaruco’, de Arauca, tuvo que desplazarse a Bogotá en el 2003, tras el asesinato de varios compañeros y las amenazas de guerrilla y paramilitares. Sin embargo, nunca ha dejado de informar.

La presencia de las FARC y el ELN a partir de los 80, así como de los paramilitares poco después, acentuaron la violencia en las comunidades. Según Carmen Rosa, “a medida que fue avanzando la confrontación, el tema de orden público, de acciones violentas, de atentados, fue tomando mayor importancia en la agenda de los periodistas”, quienes comenzaron a “sentir la presión y luego la incomprensión de las partes en el conflicto”.

Recuerda, por ejemplo, informar sobre la muerte de varios niños tras la detonación de un artefacto explosivo que había sido camuflado en un balón, probablemente para atentar contra la fuerza pública. “Esas cosas empezaron a no gustarle a alguien”, afirma.  

Reconoce que al principio quizá no estuvieran “preparados para cubrir el conflicto” puesto que, según sus palabras, “desconocíamos quién nos defendía, qué derechos teníamos nosotros, a quién acudir ante las presiones”. Confiesa que en ocasiones “recibíamos las presiones, pero no las denunciamos. Angustiados, atemorizados, no sabíamos cómo afrontar la situación”.
Hoy, eso está cambiando. 

Carmen Rosa Pabón es una de los 35 componentes del Comité Nacional de Impulso para la reparación colectiva a periodistas, puesto en marcha por la Unidad para las Víctimas. “Estoy convencida de que a pesar de todas las dificultades que hemos tenido, nosotros no podemos tener una actitud pasiva frente al tema. No podemos pensar que otros van a defender nuestros derechos; nosotros tenemos que asumir algunos retos y algunas responsabilidades”, asegura. 

Tras asistir a varias reuniones informativas sobre la Ley 1448 del 2011 y la reparación colectiva a periodistas, se comprometió a trabajar en el proceso. “Hay una preocupación que me asiste: que no se quede en la impunidad el asesinato de tres colegas”, confiesa. Se refiere a Henry Rojas Monje, Efraín Varena y Luis Eduardo Alfonso. Los dos primeros “eran mis directores cuando me inicié en el periodismo”, rememora. 

Por ello, considera interesantes varios aspectos del proceso de reparación: “que se sepa la verdad y en detalle todas las angustias por las que hemos pasado los periodistas en Colombia para informar”. Aunque como víctima desearía que todo se diera rápidamente, asegura que entre todos “estamos entendiendo que es mejor que se vaya lento, pero que sea concertado y muy bien pensado”. 

Solo así podrá cumplirse uno de sus sueños, “que las nuevas generaciones de periodistas no vivan estas angustias, estos dolores, estos miedos, este terror, estos costos tan altos”. Al hablar de las nuevas generaciones, más allá de los comunicadores, bien podríamos referirnos a la sociedad colombiana, que con la violación de los derechos de sus periodistas ve también cercenada una de sus herramientas más valiosas: el derecho a estar informada y tomar así decisiones sobre su vida política, económica y social. 

Por eso, Carmen Rosa repite una y otra vez la palabra “informar”. Considera que “este país está lleno de unas historias que no han sido contadas”, y que el periodismo desempeña un papel fundamental en la reparación de las víctimas, en la medida que divulga la Ley, enseña las ventajas y se hace eco de las denuncias. 

Esta premiada periodista ejerce de nuevo su profesión en Arauca, de donde tuvo que huir hace 10 años. Además de la existencia de voluntad política, Carmen Rosa Pabón resalta un elemento primordial de este proceso de reparación colectiva: “Que el Estado conozca y enaltezca el valor de este oficio hermoso que desarrollan mujeres y hombres comprometidos con la libertad de prensa y con ese compromiso de informar”.