“La pobreza es la primera violencia existente”

Para Monseñor Leonardo Gómez, actual director nacional de la Red de Programas de Desarrollo y Paz (Redprodepaz), “el evangelio de Jesús es para aplicarlo en la realidad concreta”.

Los ojos de Monseñor Leonardo Gómez irradian alegría. Las cinco operaciones de cadera que ha tenido que superar por cuenta, en parte, de sus continuos viajes en lancha, bus o caballo no han menguado la energía de este  religioso dominico que ha dedicado su vida a los marginados. Para el actual director nacional de la Red de Programas de Desarrollo y Paz (Redprodepaz), “el evangelio de Jesús es para aplicarlo en la realidad concreta”.

Monseñor Gómez ha desarrollado su trabajo en ambientes de pobreza y violencia. Ejemplo de esto fue su paso por la Diócesis de Tibú, Norte de Santander. Allí, Monseñor Gómez encontró un panorama de abandono y de constantes hostigamientos a la población civil por parte de los grupos guerrilleros. Su respuesta fue iniciar un trabajo de organización para que la gente tomara conciencia de sus propios valores.

“En el Catatumbo encontré muchas falencias en la educación de las personas y a partir de un trabajo de voluntariado con personas de varias ciudades logramos que la gente perdiera el miedo y recuperara el habla. Es que la educación permite que las personas se reconozcan a sí mismas y sepan de qué son capaces. Mientras eso no pase van a seguirlas maltratando para siempre”, dice este Obispo nacido hace setenta años en Marinilla, Antioquia.

Posteriormente, Monseñor Gómez fue trasladado a la Diócesis del Socorro, Santander. Allí lideró un proceso de resistencia civil frente al conflicto que le valió el Premio Nacional de Paz en 1999. Luego del secuestro del alcalde de Mogotes, los pobladores se organizaron para oponerse a la violencia armada, pero también para acabar con una hegemonía política que gobernaba en beneficio de unos pocos.

Así nació la Asamblea Municipal Constituyente de Mogotes. “La idea fue apoyarse en el artículo número 3º. de la Constitución, que dice que la soberanía reside en el pueblo. Con ello logramos cambiar la tradición de que los politiqueros fueran a los pueblos a prometer. El que quería ser alcalde tenía que ir a escuchar al pueblo y a tomar nota de las necesidades que el pueblo expresaba”, recuerda Monseñor Gómez.

A su juicio, la paz tiene cuatro pilares. El amor, la justicia, la libertad y la verdad. Para que esto sea posible es necesario que existan oportunidades para todos, que las personas estén dispuestas a asumir sus destinos y que haya un reconocimiento positivo de la diferencia. En suma, los marginados están llamados a jugar un papel protagónico en la reconciliación. ¿Cómo?, se pregunta Monseñor Gómez: “¿sin equidad, qué paz va a haber?”, responde a su propia pregunta.