Acciones Reconciliadoras

Las víctimas de El Nogal y su lucha contra el silencio 11 años después

Bertha Lucía Fries, una de las 156 víctimas sobrevivientes del atentado a El Nogal, pide a las directivas del club abrir espacios para que haya un aporte efectivo a la reconciliación nacional desde este, uno de los centros de poder económico del país.
 

Primero, fue el estridente silencio segundos después del bombazo de las Farc a El Nogal. “Yo no sabía que el silencio también tenía su ruido”, dice Bertha Lucía Fries, una de las 156 sobrevivientes al atentado, tras descubrirlo cuando quedó sepultada en vida por una de las paredes del club bogotano.
 
Hoy, 11 años después, y tras haber experimentado una asombrosa recuperación física y emocional, siente que ese silencio viene de las directivas del club El Nogal. “Nos tienen en silencio porque el silencio nadie lo cuestiona”, comenta Bertha Lucía. Habla no con el ánimo de confrontar, sino de invitar al club a que reflexione acerca de su aporte efectivo al país y a su proceso de conciliación.


Reconciliación Colombia la invitó a charlar con esta iniciativa de la sociedad civil. Es un ejemplo de vida. Si Bertha Lucía pudo recuperarse de una parálisis total y en la que durante un año solo pudo comunicarse a través de su mano izquierda, Colombia también puede ensayar el camino hacia la reconciliación.
 
¿Cómo ve al país luego de 11 años del atentado al Club?













 
"Mientras en La Habana están dialogando, nosotros deberíamos estar generando un diálogo que genere unión". Haga clic en la foto para ver el video relacionado. Fotos: Daniel Reina.


En el año 11, estoy viendo que las víctimas en el país están tomando un  lugar importante. Se les ha dado protagonismo. Diría que les llegó el cuarto de hora. También el país está viendo cómo integrar esfuerzos para lograr la paz, que no solo tiene que ver con las víctimas, sino con los victimarios y el Estado.

Desde el punto de vista del club El Nogal, no veo una mayor incidencia en su actuar frente al tema de las víctimas. No les ha creado espacios donde las víctimas puedan compartir, aportar desde nuestra propia experiencia.

El club es el microcosmos del país: en clase política, en clases sociales y en tensiones. Qué mejor que nosotros, por la relevancia del club porque éste representa el poder económico, pudiéramos decir: ‘oiga, aportemos esto para el país’. No he visto en el club mayor movimiento, como sí lo está teniendo el país.


¿Y en su vida?

A nivel personal, después de haber pasado un proceso con un cuadro clínico donde las apuestas no daban nada por que volviera a caminar, ni a moverme siquiera, aprendí mucho. Aprendí el poder de los milagros y de la mente. Y, en los últimos ocho años, aprendí todo lo que es el estrés postraumático, que es una cicatriz invisible.

Por lo menos a mí no me la manejaron a tiempo y vine a entenderla cuatro años después de la bomba. Huyendo de la guerra, conté con la buena suerte de llegar a una ciudad que maneja el estrés postraumático. Boston. Esos efectos son peores que los efectos físicos.


También tuve la oportunidad, por un regalo del cielo, de entrevistarme con un grupo de reinsertados. Dentro de las metodologías que yo manejo, los escuché y les pregunté los valores para lograr la paz. Ellos, desde su orilla de Farc, y yo, desde mi orilla de víctima. Me reúno con ellos. Los veo de carne y hueso: muy humanos; muy jóvenes. Escucho sus historias de vida; las ganas de tener familia y de que sus familias no vivan este proceso, y me maravillo de ese encuentro.

Eso me lleva a reunirme también con paramilitares desmovilizados, apoyada por la ACR. Y comienzo a mirar que hay unas coincidencias. Todos están hablando de que quieren pedir perdón; de que se equivocaron; de que no sabían lo que hacían o de que no podían salirse de la guerra.

Ahora estoy trabajando en un área que es reconciliación con valores. Mientras en La Habana se habla entre Estado y Farc, aquí en Colombia hay que generar un  proceso entre víctimas y victimarios y generar espacios de diálogos fundados en valores y comportamientos.
 
Hace un año, en el aniversario número 10, Bertha Lucía se preguntaba si somos un mejor país...

Hemos avanzado en que hay Habana; en la iniciativa de reconciliación de la revista Semana; en que hay esfuerzos. Se comienzan a unir los puntos de aquellos que pensamos que hay que hacer algo.
 
¿Cómo ve el entorno frente a la reconciliación?

El tema de las víctimas, es un tema que genera ampollas en algunos ambientes. Uno se pregunta qué hay en el fondo de los corazones cuando las personas piden cerrarse a todas la posibilidad de diálogo: ‘no me hablen de victimas, no me hablen de guerra’. Me hacen pensar en posiciones que, a veces, son más fáciles de asumir como aquella que dice borremos temas y no los asumamos.

Destaco el proceso que se está llevando a cabo ahora. Uno se pregunta cómo hacen sectores que se plantean que no haya paz, cuando hay tantas víctimas. Y eso tiene que ver con un modelo de esquemas mentales que hay que revisar basados, por ejemplo, en que nunca podemos perdonar.

¿Por qué cree que el Nogal no habla de las víctimas?

Porque es mejor dejar las cosas en silencio. El silencio nadie lo cuestiona. Hay víctimas que hoy, 11 años después, están sufriendo seriamente: no duermen, hay angustia, la noche es una fatalidad, no han podido restablecer relaciones afectivas; algunos se han separado; otros temen ser despedidos y que nadie los contrate. No se quiere que contemos los dolores. El estrés postraumático es como abrir la caja de San Alejo. Cuando uno la abre sale polvo, salen ratones, salen todas las cosas desagradables que uno mismo no comprende por qué, sin proponérselo, están saliendo. Sólo con un acompañamiento profesional, se puede trabajar. ¿Cuántos cánceres y enfermedades están saliendo después de 11 años? Me pregunto.
 
Como víctimas, ¿cuál es su mensaje para el club?

Que así como el país se está movilizando en distintos frentes buscando acercarse a la paz, creando asociaciones de víctimas, asociaciones de reinsertados, dando devolución de tierras, grupos empresariales organizándose para darles puesto a los reinsertados que venían de grupos armados, el club El Nogal no debe ser ajeno a ser protagonista del cuarto de hora que está viviendo el país.

Esta debería ser una obligación porque es el club de los empresarios del país. Por otra parte, hay una serie de microempresas que existen gracias a que son persistentes e innovadoras. Eso mismo deberíamos aplicarlo a la construcción de país. Hay mucho talento, grandes capacidades y grandes pensadores en el club. Podríamos crear espacios de pensamiento, de hacer proyectos y de ayudar a empujar la construcción fundamentada en valores con comportamientos explícitos de un decálogo de valores para la paz.