‘La historia que nos han enseñado en la escuela es sesgada’

Lucía González, directora del Museo Casa de la Memoria de Medellín, es una de las mujeres que más sabe en Colombia sobre el tema. A su juicio, el reto es hacer un relato plural porque la historia oficial ha dejado por fuera los relatos cotidiano de los sectores más pobres, incluidas aquí las víctimas.

Foto: Daniel Reina, Archivo Semana
 
¿Qué entiende usted por memoria?

Entendemos por memoria hoy en Colombia un proceso intencional de una revisión de la historia que nos implique directamente. La historia que queremos reconstruir no se escribe con H mayúscula. No es la que ha estado relatada por los vencedores, sino que más bien son esas historias que configuran un relato nacional que aún no hemos podido oír porque nos hemos centrado en las voces de los vencedores o los victimarios. Hoy queremos hacer un relato plural y esa memoria es la que queremos recoger. 

¿Es lo mismo recordar y hacer memoria o son procesos distintos?

La idea de recordar pasa de alguna manera por el acto más sensible. La de hacer memoria, además de sumar esa sensibilidad que hay frente a los hechos pasados, busca ir construyendo una reflexión. La memoria es intencionada y debe pensarse en clave de futuro y no de pasado. Así es como la pensamos nosotros.

¿Por qué es importante hacer memoria?

Siempre ha sido importante hacer memoria. Un sujeto sin memoria es un sujeto sin pasado, y un sujeto sin pasado es un hombre sin presente y sin futuro. Estos últimos son referentes necesarios para que uno pueda avanzar sobre sí mismo. En Colombia la memoria es necesaria para no repetir y para entender qué es lo que ha ocurrido que nos ha impedido vivir de manera más armónica. La memoria es necesaria para entender que en este relato doloroso y triste no sólo están implicadas las víctimas y los victimarios, sino también las decisiones de orden político y de orden social y cotidiano. Todos tenemos un margen de maniobra importante y viendo esa historia habría muchas cosas por corregir y mejorar. 
 
¿Cuál es, a su juicio, la mejor manera de hacer memoria en Colombia?

La mejor manera de hacer memoria es hacerla de manera democrática. Hay que reconstruir la historia con las múltiples voces que tenemos. La historia que nos han enseñado en la escuela como historia patria es sesgada. Es una historia oficial que deja por fuera sobre todo los relatos cotidianos de los sectores más pobres. La idea fundamental es construir un relato plural que no necesariamente tiene que llegar a un consenso para constituir una sola historia, sino más bien ser una polifonía que nos haga reflexionar y donde todos se sientan representados.
 
¿Cuáles son los retos de hacer memoria en medio del conflicto?
 
Yo he dicho que hacer memoria en medio del conflicto es un acto de coraje, pero sobre todo de inteligencia porque se hace en tiempo real. Esto quiere decir que se hace memoria para construir presente y para construir futuro. Se hace memoria no para sentarse a dolerse del pasado sino para encontrar las claves de superación para el presente y el futuro. El reto que plantea el hacer memoria es uno de coraje y de generosidad con los múltiples relatos.
 
Si el conflicto aún no ha terminado, ¿qué es lo que permite hoy empezar hacer memoria?
 
Precisamente que el conflicto no haya terminado; esa conciencia que tenemos de que son ya muchos años, muchas décadas y varias generaciones las que no hemos sido capaces de vivir en comunidad. Aquí yo diría, como dice William Ospina, que hay dos asuntos fundamentales que tenemos que aprender: a reconocer y a valorar la diferencia y a valorar lo propio. De esa manera es que nosotros tenemos que asumir el reto de construir memoria. Una clave fundamental para la salida de los conflictos eternos que hemos vivido, una manera pacífica de superarlos, es justamente reflexionando sobre maneras distintas de vivir, de estar y sobre todo de relacionarnos, que han tendido a perderse por el desconocimiento de lo propio y la subvaloración de lo otro.
 
¿Qué cree usted que se logra al hacer memoria?
 
Conciencia.  Yo creo que cuando se hace memoria, se logra conciencia. Y esto es tal vez lo más importante porque no es lo mismo dejar pasar, que revisar juiciosamente lo que ha pasado y compartirlo. La memoria es un ejercicio muy importante porque significa nombrar lo sucedido y ese, como dicen los psicólogos, es el primer paso para la sanación y la liberación de esa historia que nos ata. Compartirlo con otros es ponerlo en común y hacer reflexión. En palabras de la iglesia, hacer el examen de conciencia y la contrición de corazón.
 
¿Qué relación existe entre memoria y la dignidad de las víctimas?
 
Sobre todo en el caso colombiano, la memoria y la dignidad de las víctimas están muy ligados. Las víctimas no han logrado tener el lugar que merecen en la historia. Casi todos los muertos que tenemos a cuestas en esta historia son muertos que han sido señalados por ser de uno u otro bando, por pertenecer a una u otra filosofía o doctrina política. Entonces, cuando las víctimas logran hacer memoria, están limpiando en la mayoría de los casos el nombre de sus dolientes.
 
También se trata de poner el nombre de las víctimas en el mismo nivel de otras voces que sí han prevalecido en este relato de país. Hay que dejar de contar la historia desde los victimarios y empezar a contarla desde las víctimas para que ellas puedan narrar su dolor y en esa medida irlo sanando. La memoria sana y exalta el esfuerzo de las víctimas que hoy son un ejemplo de reconciliación muy importante para el país. Quienes no están del lado de la reconciliación son los que menos han sufrido. Quienes están del lado de la paz y la reconciliación son las víctimas. Ellas no solamente se dignifican con este relato sino que nos ayudan a salir adelante.
 
Si el conflicto aún persiste, ¿puede darse una memoria colectiva?

Claro, completamente. Se trata justamente de tener la oportunidad de construir un relato en tiempo presente es decir, de escuchar, de ponerle atención a quienes hoy son víctimas y quienes hoy son victimarios. También, creo yo, hace falta que escuchemos más atentamente a por qué un niño de 14 años es victimario, o por qué una persona que está desligada de intereses claros políticos o económicos termina involucrada en el conflicto. Lo más importante es que desde hoy comencemos a entender lo que está ocurriendo en nuestra sociedad, en vez de comenzar a hacerlo cuando ya sea pasado. Se trata de ver cómo todos como sociedad, y no sólo los victimarios, podemos mejorar.
 
¿Qué es lo que no puede pasar al hacer memoria?
 
Cuando hacemos memoria no podemos permitir que ese ejercicio se ancle en el dolor y en el resentimiento y construya retaliación. Por el contrario, la memoria está planteada como la posibilidad de sanar, de no repetir y de superar las condiciones que nos han anclado al conflicto tan eternamente. La memoria nos debe poner en un ejercicio de reconciliación.

¿Qué relación hay entre memoria y reconciliación?

No sabría expresar la relación entre la memoria y la reconciliación en palabras, pero pareciera ser una conclusión natural porque todas aquellas organizaciones de víctimas, todos aquellos movimientos que han logrado hacer memoria, han ido en ese relato superando el dolor y el sentimiento de retaliación, el sentido de desquite como decía Gonzalo Arango. Tal vez sea porque se dan cuenta que la violencia no se supera con violencia sino cuando somos capaces de construir unas condiciones de perdón, de comprensión y de inclusión del otro en el discurso. Lo más bello es que son las víctimas las que nos enseñan en el ejercicio de memoria la necesidad de la reconciliación.