Implementar los acuerdos es un mayor reto que firmar la paz

Fueron presentadas en Bogotá las lecciones que dejan 34 experiencias internacionales analizadas por dos expertos en el mundo: John Paul Lederach y Francisco Diez para descifrar sus claves.

Foto: Guillermo Torres, Revista Semana
 
Luego de investigar por años más de 600 procesos que han tenido lugar en el mundo, el Instituto para Estudios de Paz Internacional de  la Universidad de Notre Dame, Estados Unidos, acaba de dar a conocer una herramienta que, de ser tenida en cuenta, será vital para las negociaciones de paz que están en curso y las que se vayan a dar a futuro. Se trata de una matriz, denominada Matriz Acuerdos de Paz (MAP), en la que se incluye la información del contenido y la implementación de 34 acuerdos de paz globales firmados en diferentes países entre 1989 y 2008.
 
En la matriz se puede consultar el texto completo de los acuerdos y también las disposiciones en torno a un tema específico contenido en los acuerdos (desarme, desmovilización, mecanismos de verdad y reconciliación, reforma electoral, etc.). Además de tener las disposiciones de cada acuerdo separadas por tema, la matriz provee una narrativa que explica, año a año durante los primeros diez años, cómo se implementó cada medida. Esto es fundamental para analizar si durante la primera década después de la firma el acuerdo este tuvo una implementación efectiva o si las expectativas plasmadas en el acuerdo no se han cumplido.
 
Se escogieron 34 casos en los que los acuerdos han sido globales, es decir,  son acuerdos en los que han participado todos los actores relevantes del conflicto (únicamente se tienen en cuenta conflictos internos)  y han tocado la mayoría de temas significativos o relevantes para la etapa post-acuerdo.
 
De la comparación y análisis de los diferentes acuerdos y sus procesos de implementación se pueden sacar algunas conclusiones útiles para que la sociedad civil analice lo que se está logrando en la mesa de La Habana y lo que viene después de una eventual firma de un acuerdo de paz.

Las principales conclusiones pueden resumirse así:
 
1. En los diez años siguientes a la firma del acuerdo ninguno se ha logrado implementar en un 100%. Hay algunas disposiciones que tienen mayor implementación que otras, pero ninguna ha llegado a realizarse de forma total. En los primeros años, la implementación de algunas disposiciones avanza significativamente pero en el cuarto o quinto año se suele estancar e incluso, en algunos casos, tiende a retroceder. Es importante  que  los acuerdos prevean diferentes mecanismos de verificación de la implementación de los mismos. Entre más mecanismos de verificación y  participación política haya, es mayor la probabilidad de una implementación exitosa.
 
2. En todos los casos la implementación ha llevado mucho más tiempo de lo que se pactó en el acuerdo. Los procesos de transformación social que necesariamente tienen que ocurrir tras la firma del acuerdo llevan mucho más tiempo que los plazos que se ponen en la mesa de negociaciones. Por lo anterior, es necesario cambiar la mentalidad tanto de quienes están en la mesa de negociaciones como de la comunidad internacional y la sociedad civil. Los acuerdos no llevan al fin del conflicto de forma inmediata sino que intentan cerrar una etapa de violencia para pasar a una etapa de transformación social que requiere bastante tiempo y dedicación. Igualmente, es necesario tener en cuenta que es un proceso secuencial y que no todo se transforma a la vez. Por ejemplo, puede suceder que se implemente una reforma de participación política en la que se le permita participar a los antiguos actores del conflicto, pero que aún no se haya logrado una desmovilización total. En los  acuerdos se deben tener en cuenta estos escenarios y tratar prever que no todas las transformaciones llevan el mismo tiempo ni ocurren de forma automática.
 
3. Hay una fuerte relación entre un acuerdo que prevé una implementación clara y detallada y la calidad de la paz. Entre más detallado sea  el acuerdo en torno a las condiciones de implementación, va a haber mayores cambios positivos en la calidad de vida en los años siguientes. Igualmente, entre más amplio y detallado sea el acuerdo va a haber menos posibilidades de retornar a la etapa de conflicto. En los casos estudiados se evidencia que cuando los acuerdos  son abstractos y poco detallados es común que al quinto año después de la firma del acuerdo  las cosas vuelvan al estado anterior.
 
Estas conclusiones dan algunas luces sobre lo que se debe tener en cuenta  al negociar un acuerdo de paz. Si bien la herramienta no da una receta ni soluciones o pistas para tener un acuerdo de paz cuya implementación pueda hacerse de forma efectiva, sí identifica patrones que pueden servir para guiar la negociación. Tanto la sociedad como los actores del conflicto deben entender que la firma de un acuerdo no va a llevar al fin del conflicto de forma inmediata. La etapa del post-acuerdo es casi tan compleja como la etapa del conflicto, y eso hay que tenerlo claro.  Hay que pensar en los procesos y las transformaciones, más allá de eventos específicos como la firma del acuerdo. En conclusión, la sociedad debe cambiar la mentalidad y parar de pensar en la firma de la paz como última meta y empezar a apoyar y fomentar los procesos de implementación de estos acuerdos, que son lo único que asegura una verdadera paz y reconciliación en el país.