‘Farc están pensando en el posconflicto’

En territorios donde las Farc tienen una presencia considerable ya se está hablando de paz y de posconflicto.  Ese fue uno de los principales hallazgos de la investigación sobre los riesgos en temas de conflicto armado y conflictos sociales en el Putumayo,  La Guajira y Nariño de la Fundación Paz y Reconciliación y de la Redpropaz.

Foto: Archivo Semana
 
Ariel Ávila, uno de los investigadores de la Fundación, afirmó que durante el trabajo de campo en el Putumayo pudieron presenciar cómo la guerrilla estaba organizando a la comunidad para el posconflicto. Si bien todavía no tienen muy claro qué significa el posconflicto y cuáles son las transformaciones que deben hacerse para adaptarse a un escenario sin lucha armada, es bastante significativo que una de las facciones más poderosas de la guerrilla, que supuestamente se oponían al proceso de paz, estén pensando en esta etapa posterior a la firma de un acuerdo de paz como un escenario cercano.
 
Lo anterior no significa que la cosa vaya a ser fácil. El Putumayo, la Guajira  y Nariño son regiones donde la presencia del Estado es precaria y, a la vez, donde se regula buena parte de la suerte del país en los temas de minería y de petróleo. Esto lleva a que sean muchos los que quieren controlar esos territorios y que estén dispuestos a hacerlo por la vía armada e ilegal. La investigación concluyó que en 11 de las 14 zonas estudiadas donde hay una fuerte presencia de la Farc puede  haber un posconflicto violento ya que hay diferentes organizaciones criminales que desde ya se están preparando para tomar los territorios.
 
Los hallazgos afirman que actualmente es la guerrilla quien controla y regula estas regiones. Son ellos quienes se encargan de ejercer el control social, de definir qué empresas pueden explotar la zona y bajo qué condiciones. Si una empresa no cumple con lo acordado o prometido les atacan los oleoductos o les dañan la maquinaria. También han asumido la vocería de las comunidades en el diálogo con el Estado, promoviendo la herramienta de la consulta previa y obstaculizando la explotación minera y petrolera  a través de la misma. Se han unido con autoridades locales, grupos ambientales y otros para oponerse a la extracción y han recibido el apoyo de una comunidad decepcionada porque no ha visto que los recursos de las regalías lleguen a la región.  Esto ha llevado a que la extracción ilegal y la corrupción aumenten. El incremento de los precios de la tierra ha hecho que la población campesina desaparezca poco a poco. El panorama es complejo. La presencia estatal es indispensable para reconstruir la institucionalidad y hacer que los recursos lleguen a estas poblaciones. Pero es reconfortante que incluso en este escenario donde el Estado es casi inexistente y la ilegalidad reina, se está empezando a hablar de paz.
 
La exposición de los resultados de la investigación dejó claro que la guerrilla se está reorganizando en torno al movimiento social y eso es algo positivo. Han surgido nuevos liderazgos sociales, nuevos movimientos e iniciativas que representan los intereses de las regiones que han tenido que vivir en carne propia el conflicto armado y la ilegalidad. La discusión sobre el posconflicto en estos escenarios es fundamental para el futuro del país, y por ello es muy significativo que se esté empezando a dar. Pero no es suficiente.
 
“Lo cierto es que [las FARC] piensan en el posconflicto” – dice el investigador Ariel Ávila- “pero no saben muy bien cómo hacerlo”. No hay claridad sobre lo que significa el posconflicto, lo que se debe discutir y las modificaciones que deben hacerse. Por ello, el investigador considera que “el reto del Gobierno es con los alcaldes, con las asojuntas de los municipios, con los concejales, y con las propias Farc. Dialogar sobre qué es posconflicto, qué significa pasar a la etapa de posconflicto. Eso ya es como un cliché del que todo el mundo habla, pero nadie lo entiende muy bien”. Debemos aprovechar que la discusión se está empezando a dar e incentivar a diferentes actores para que entren en ella. Entre todos podemos ayudar a definir qué es el posconflicto y cómo vamos a vivir en un país en paz.  
 
¿Qué se encontró en el tema de reconciliación?

Encontramos dos cosas: un incremento de la organización social y un incremento de la participación social en política, no en temas electorales, sino en temas de participación política, liderazgo, movilización social, oposición al petróleo y minería. De ahí se están generando unas cosas que se llaman “plataformas de paz”, que son básicamente crear las condiciones necesarias para mirar ellos como van a entrar también en el posconflicto, qué van a hacer con los cultivos ilícitos, cómo se va a legalizar la minería, son muy variadas.
 
Lo otro que hemos encontrado es que si bien hay una presión muy grande por parte de las Farc, la guerrilla ya está pensando mucho en paz. No saben muy bien cómo hacer el tránsito. Si bien reúnen a la comunidad, sacan manuales de convivencia, los censan, ponen reglas de participación, lo cierto es que piensan en el posconflicto, pero no saben muy bien cómo hacerlo. El reto del gobierno es con los alcaldes, con las asojuntas de los municipios, con los concejales, y con las propias Farc. Dialogar sobre qué es posconflicto, qué significa pasar a la etapa de posconflicto. Eso ya es como un cliché del que todo el mundo habla, pero nadie lo entiende muy bien. No hay claridad de lo que eso significa, y eso es muy complicado en esas regiones.
 
En las regiones que se estudiaron, ¿cuáles son los actores que hablan sobre reconciliación o posconflicto?
Las Farc son las que regulan la vida social. La gran pregunta es que una vez que se vayan, ¿quién van a entrar a hacer eso.? ¿Bacrim, narcos, otras cosa que remplace las Farc o al Estado? Ahí es donde está la gran discusión.
 
¿Considera que es un avance que las Farc por lo menos ya estén hablando de posconflicto?

Se hablaba de una división del bloque sur,  de una división de la Farc y eso no se encontró en la investigación. No creo que las Farc salgan de esto unidas, pero están cohesionadas.
 
¿Qué iniciativas hay desde el sector de la minería y petróleo encontró para fomentar la reconciliación?

Debido a la inseguridad jurídica en estas zonas, lo que han hecho las empresas mineras básicamente es concentrarse en dar proyectos con participación comunitaria, trabajos de a tres meses, o les dan casas  o les construyen carreteras, pero de ahí no pasa. Lo que han decidido básicamente es que hasta que el gobierno no de unos parámetros, no se van a meter a financiar nada. Tampoco les interesa mucho financiar nada sino que negocian con cada comunidad. Esto termina siendo desastroso, pero les ha dado resultado. No hay una gran socialización de los que es posconflicto y la reconciliación.
 
¿Y usted qué posibilidades de reconciliación ve en estas regiones?

Hay 14 regiones donde hay presencia de las Farc y del ELN, y 11 que tienen un riesgo alto de posconflicto violento. Entonces habrá que esperar a ver cuál es el plan. Uno no puede decir nada. Hay una capacidad humana impresionante y hay muchos liderazgos sociales, pero también hay muchos riesgos. Eso va a depender de cómo se planee esa tercera etapa. El gobierno tiene una gran voluntad de paz, pero a nivel regional hay unos riegos muy delicados.
 
¿Cuáles son los principales obstáculos a nivel regional?

Economías ilegales, minería, narcotráfico, extorsión, informalidad de la propiedad, informalidad del comercio, ausencia de comercio interno, y sobre todo, lo más delicado, la incapacidad institucional. Hay una debilidad institucional impresionante. Hay municipios sin presupuesto, sin computadores, sin funcionarios públicos capacitados.