Acciones Reconciliadoras

Dos duelos distintos de dos madres llamadas María

Dos madres de desaparecidos, María Isaura en Pasto y María Ubilerma en Soacha, hablaron sobre reconciliación. Sus impresiones dejan ver que para las víctimas de este flagelo, la voluntad de perdón flaquea cuando encuentran la verdad.

Por Laura Campos
Publicado en la segunda edición de la revista Reconciliación Colombia


Cuéntenos de su hijo.

MARÍA ISAURA ORTEGA: Él se llama Óliver Valencia Ortega y desapareció el 4 de septiembre de 1993. Trabajaba como conductor de un camión que transportaba cereales y frutas de Pasto a Cali. Ese día salió hacia la capital del Valle y no volvió. Tenía 23 años.

MARÍA UBILERMA SANABRIA: Mi hijo, Jaime Estiben Valencia Sanabria, tenía 16 años cuando desapareció. Salió de la casa el 6 de febrero de 2008 tentado por una falsa oferta de trabajo. Llamó a los dos días a decir que volvía ese fin de semana, pero jamás lo hizo. Ocho meses después me informaron que su cuerpo había aparecido en una fosa común en Ocaña, Norte de Santander. Cuando llegué a reclamarlo el oficial del CTI me dijo que había sido reportado como un guerrillero dado de baja en combate. Imagínese, según ellos, en dos días mi niño se había vuelto guerrillero.


 
"Todos los días le pido perdón a Dios por no querer perdonar. Sencillamente no puedo", María Ubilerma Sanabria. Su hijo de 16 años desapareció tentado por una falsa oferta de trabajo. 8 meses después su cuerpo fue hallado en Ocaña. Foto: Erick Morales
¿Qué ha sido lo más difícil del duelo?

M.I.O.: La zozobra de no saber qué pasó con él. No saber si está vivo o muerto. Para nuestra familia ha sido muy duro, mi esposo casi se nos muere. Sufrió tanto que ahora no puede caminar. Mis hijos se deprimieron mucho y se refugiaron en el alcohol.

M.U.S.: Con el duelo destruyeron mi familia y mis proyectos. Los ocho meses que duré sin saber de él fueron invivibles, pero ahora que sé lo que pasó tampoco puedo descansar hasta encontrar justicia. Este es un duelo que no acaba, se transforma.
 
Después de la desaparición, ¿qué hizo la Justicia?

M.I.O.: La investigación empezó a los pocos días. Yo fui a la Fiscalía y de ahí me mandaron de un lugar a otro. Anduve años investigando y nadie me dio la mano. Me decían que como mi hijo había desaparecido en la vía Pasto-Cali, yo tenía que ir a Cali a hacer los trámites, pero yo no puedo hacerlo por mi familia. Aquí en Nariño las autoridades no hicieron nada. Sin embargo, jamás me rendí y hoy sigo insistiendo de entidad en entidad para que me digan dónde está y qué le pasó a mi hijo.

M.U.S.: Yo puse la denuncia al otro día que él despareció, pero en la Fiscalía me dijeron que esperara más días, que seguramente se había escapado con una novia o que estaba de rumba. Cuando pasaron 20 días volví y me dijeron: “Ha pasado mucho tiempo y ese caso ya no nos pertenece a nosotros. Váyase para la Sijin en Bogotá”. Ahí me quedó claro que había algo raro con el caso de Estiben. Ya han pasado seis años y su caso se encuentra en la completa impunidad. Por el momento se sabe que la Brigada 15 de Ocaña fue la que lo asesinó.

¿Está dispuesta a perdonar?

M.I.O.: Sí, yo ya los perdoné. Yo soy católica, voy siempre a misa y ahí el padre nos enseña a través de la palabra de Dios que tenemos que perdonar. Además, uno se siente más libre, más tranquilo.

M.U.S.: Creo que nunca estaré lista, porque, ¿cómo puede uno perdonar a alguien que lo dejó muerto en vida? Así haya justicia no perdono, porque esto no debería haber sucedido. Todos los días le pido perdón a Dios por no querer perdonar. Sencillamente no puedo.

¿Qué les diría a los que desaparecieron a sus hijos?

M.I.O.: Que los he perdonado, que sean conscientes del daño que hicieron y que me digan qué pasó con mi hijo.

M.U.S.: Que hablen, que no se queden callados. Yo sé que en su mayoría están silenciados, amenazados, pero necesitamos saber de dónde vinieron las órdenes. La culpa viene de niveles mucho más superiores.

¿Por qué se unio a otras víctimas de desapariciones?
"Yo ya los perdoné. Uno se siente más libre, más tranquilo", María Isaura Ortega. Su hijo desapareció hace 21 años en la vía de Pasto a Cali. Foto: Leonardo Castro.

M.I.O.: Desde 2007 la Defensoría del Pueblo de Nariño comenzó a llamarnos para darnos capacitaciones. Allí conocí más mujeres familiares de desaparecidos y decidimos unirnos en nuestra búsqueda de la verdad. Hace un año creamos oficialmente la Asociación de Víctimas de Desaparición Forzada (Avides). Comenzamos cerca de diez mujeres y ahora somos 35.

M.U.S.: El dolor mío como madre es el de todas las madres de desaparecidos. Si no hablamos nos volvemos cómplices de lo que está sucediendo y al organizarnos sacamos más valor para hablar. Con nuestras denuncias podemos cuidar muchas vidas más y evitarles a otras madres el dolor que yo tengo ahora. Las Madres de Soacha, que ya somos 18, nos conocimos en septiembre y octubre de 2008, a medida que los cuerpos de nuestros hijos iban apareciendo.

¿Cuál es el objetivo de su asociación?

M.I.O.: Buscar a nuestros seres queridos, saber dónde están y qué pasó con ellos. Queremos la verdad. Para eso nos reunimos una vez al mes para compartir los avances de nuestras búsquedas.

M.U.S.: Que se haga justicia y limpiar el buen nombre de nuestros hijos. Que no solo se limite a los casos de nuestros hijos, sino a los 5.000 casos de ejecuciones extrajudiciales que hoy están sin resolver en el país. Cada mes nos encontramos para hacerles seguimiento a esas investigaciones.

¿Qué hace para manifestarse?

M.I.O.: Salimos al Parque Nariño el 30 de mayo, día de los caídos en guerra, y el 30 de agosto, día de los desaparecidos, a reclamar la verdad. Los últimos dos años hemos tapado la estatua de Antonio Nariño del centro de Pasto con una sábana para hacer caer en cuenta a la gente lo que es que alguien desaparezca

M.U.S.: Los últimos viernes de cada mes exhibimos en el parque de Soacha una galería de fotos de nuestros hijos para hacer memoria e informar a quienes desconozcan los casos. También hacemos plantones en el centro de Bogotá.

¿Tiene miedo a manifestarse?

M.I.O.: No. Sentimos tristeza porque manifestarse significa recordar la desaparición, pero miedo no.

M.U.S.: No, para nada. Si ya nos han quitado lo más valioso de nuestra vida, ¿qué peor cosa puede pasar?

¿Qué ha aprendido de sus compañeras?

M.I.O.: El respeto a la vida y el valor que hay que tener para sobrevivir a este duelo.

M.U.S.: He aprendido a tolerar mucho, a resistir en medio del dolor y la indignación. La mayor lección que me he llevado es que si creamos lazos de hermandad en medio de la tragedia todo es más fácil de sobrellevar.

¿Qué entiende por reconciliación?

M.I.O.: Estar bien con uno mismo, con el vecino, con Dios. La reconciliación parte de uno porque si uno está lleno de rencor, sale a la calle a contagiar al resto de la gente. Y para evitar hacer eso hay que valorar al otro.

M.U.S.: No sé qué es la reconciliación. Creo que la definición que la gente tiene de ese término va dirigida a cogernos de la mano y a olvidar todo, y para mí eso es inaceptable. Nuestros corazones están muy heridos.