Acciones Reconciliadoras

Aún estamos en un 20 por ciento de lo que este pueblo era antes

Luis Alfredo Torres, líder de los desplazados de El Salado (Carmen de Bolivar) que decidieron retornar a su tierra luego de vivir una de las peores masacres paramilitares de Colombia, habló con Reconciliación Colombia sobre las claves y del exitoso proceso de reconstrucción vivido en su pueblo.

Cuando ocurrió la masacre de El Salado, entre el 16 y el 20 de febrero del año 2000, Lucho Torres ya había salido desplazado del corregimiento, ubicado en los Montes de Maria. Sin embargo, eso no evitó que sufriera al enterarse de la matanza despiadada que habían cometido en su pueblo, al ritmo del licor y los tambores, cerca de 450 paramilitares del Bloque Héroes de los Montes de María de las AUC.

En Cartagena, a donde había llegado para huir de las amenazas en su contra, fue testigo de cómo sus coterraneos, recién llegados, vivían en la indigencia y la mendicidad, pasando hambre. Eso lo llevó a liderar, contra viento y marea, el retorno de 800 desplazados a El Salado en 2003.

Aunque tuvo que volver a salir por amenzasas y vivió tres años exiliado en España, ese proceso impulsado por él fue la puntada inicial de uno de los retornos exitosos más famosos de la historia del conflicto en Colombia. Con la ayuda de Fundación Semana, Fundación Carvajal y varias empresas privadas, El Salado hoy es un sitio renacido, en donde los campesinos respiran esperanza.

Pero Lucho, quien continúa siendo uno de los líderes de la comunidad, dice que aún falta mucho por andar. Desde su casa, ubicada en el centro del pueblo, habló con Reconciliación Colombia sobre el proceso vivido en su comunidad y las claves para que el retorno haya sido exitoso. Lucho estará presentando su caso en vivo en el Tercer Encuentro de Reconciliación Colombia en Barranquilla. 

Lucho, aún hay gente que no sabe qué pasó en El Salado en febrero del año 2000…

No sólo en esa fecha. En marzo 23 de 1997 ocurrió un primer desplazamiento forzoso acá en El Salado, además de la masacre del 18 de febrero de 2000. Esas dos fechas partieron la historia de nuestra comunidad en dos; se presentaron asesinatos de lesa humanidad, desplazamientos forzosos, cosas perversas y el pueblo quedo totalmente abandonado, no quedó viviendo nadie, ni los burros.

¿Para dónde se fueron?

Yo ya había salido desplazado. Si hubiera estado aquí el día de la masacre, paila. No estaría contándo el cuento. Yo me fui a vivir a Cartagena a finales de 1999, por amenazas. Las otras personas de la comunidad se reparten, unos cogen para las grandes ciudades como Cartagena, Barranquilla y Bogotá, y otros se quedan en la cabecera municipal (Carmen de Bolivar).

¿Y cómo es que deciden retornar?

Eso se dio por las visicitudes, dificultades y necesidades que pasamos todos los que estabamos en condición de desplazamiento forzado. A mí me dolió en carne propia ver que en la ciudad mucha gente se estaba prostituyendo, que los viejos se volvían inservibles en una selva de cemento en donde el campesino no sabe hacer nada. Gente en carreteras, en semáforos, en barrios marginales y mendigando en las calles. Así que nos organizamos.

¿Cómo se organizaron?

Creamos ASODESBOL (Asociación de Desplazados de El Salado Bolivar) y comenzamos a luchar para pedir un retorno con dignidad. Hicimos reuniones y asambleas y fue así como escucharon el clamor de la inmensa mayoría. Un 20 de febrero de 2002 tomamos la libre determinación de volver acá por nuestra cuenta propia.

¿Volvieron en la misma fecha en la que se había dado la masacre dos años antes?

Todo eso lo planificamos. Queríamos regresar exactamente el mismo día para que la historia no nos pasara por encima. Y lo hicimos.

Y en ese momento en el que retornan de la nada, ¿Qué hacen?

Encontramos un pueblo muerto, desecho, desaparecido. Lo rescatamos a pulmón y a fuerza. En ese momento muy poquitas instituciones, como la ACNUR, nos apoyaron en el proceso. Comenzamos un proyecto de vida para rescatar nuestra cultura y hacer valer el derecho de pertenencia que tenemos con esta tierra.

Nosotros planificamos el retorno gradualmente. Primero volvimos 100 hombres a trabajar y estando aquí, las cosas salieron bien, cogimos proyectos de tabaco y comenzamos a producir y ahorrar.  Otros desplazados se fueron animando a volver, y así se fue creciendo la cosa.

¿Cuándo se vincularon las otras entidades?

Nosotros sabíamos que solos podiamos, pero que acompañados lo haríamos mejor. Así que fuimos claros en que recibiríamos con los brazos abiertos a cualquiera que se atreviera a ayudarnos. Sólo teníamos una condición: nosotros como comunidad no perderíamos nunca el derecho de tomar nuestras propias decisiones en los procesos que se fueran a dar. Así comenzaron a llegar todos, de la mano de Fundación Semana. 

¿Cómo está El Salado hoy?

El pueblo hoy, comparado con el que nos encontramos nosotros cuando volvimos en 2002,  es otro. Tiene vida, hay gente nueva, juventud con ganas, organizaciones, voluntad y compromiso de todos. Por eso digo que sí se puede. Pero aún estamos en un 20 por ciento de lo que este pueblo era antes de todo lo que pasó.

¿Qué hace falta?

Falta mucho por hacer. Hay que trabajar y la gente tiene que entusiasmarse más. Ojalá vuelvan todos los que antes estaban. También hay que hacer más viviendas y arreglar las vías, no sólo la principal, sino las terciarias que van a las veredas y otros corregimientos cercanos.