Jóvenes de Israel y Palestina, unidos para tocar música

West-Eastern Divan fue creada por el teórico palestino Edward Said y su gran amigo, el músico y director argentino-israelí Daniel Barenboim. Su propósito es promover el espíritu de paz, diálogo y reconciliación, a través de la música.

Foto: Archivo Semana

En Oriente Medio, tal vez la zona más inestable del mundo, un grupo de músicos está mostrando un nuevo camino para entender la relación entre israelíes y palestinos. El conflicto que enfrenta a estos dos pueblos por un territorio que ambos consideran parte de su memoria colectiva, no mengua. Por el contrario, ante el aumento de los asentamientos de colonos judíos en Cisjordania, la situación parece no tener solución en el corto y mediano plazo.

En ese contexto cobra importancia la experiencia del West-Eastern Divan. Bajo el principio de que la música no puede estar separada de la problemática de la sociedad, el teórico palestino Edward Said y su gran amigo, el músico y director argentino-israelí Daniel Barenboim, crearon en 1999 el West-Eastern Divan, orquesta formada por chicos provenientes de ambos lados del muro que separa a israelíes y palestinos. El propósito de la orquesta es promover el espíritu de paz, diálogo y reconciliación, a través de la música e incentivar el intercambio de información sobre cuestiones relativas a los derechos humanos en Palestina, a la lucha contra el racismo y la xenofobia.

Se trata tanto un proceso de formación musical, como de conocimiento y reconocimiento del otro. Los jóvenes, quienes provienen de distintos países de Oriente Medio, conviven y aprenden a trabajar en equipo. De esta forma, sociedades que tradicionalmente son rivales y se miran con desconfianza, son integradas a partir de la música. La música, en este sentido fue concebida como instrumento de creación de puentes en sociedades profundamente divididas.

Por tanto el West-Eastern Divan no es únicamente un proyecto musical. Es también un foro para el diálogo y la reflexión sobre el problema palestino-israelí. A través de los contactos interculturales hechos por los artistas, el proyecto aspira a representar un importante papel en la superación de diferencias políticas y culturales, entre los países representados en el taller. Dentro de este modelo, la orquesta se presta como buen ejemplo de democracia, tolerancia y reconciliación.

Desde sus inicios la orquesta, distinguida en el año 2002 con el premio Príncipe de Asturias a la concordia ha demostrado consistentemente que la música es un instrumento útil para romper barreras que hasta ahora eran consideradas infranqueables. Al crearla Barenboim (nombre esencial de la historia musical contemporánea, tal vez el pianista más dotado en la actualidad) y Said (uno de los grandes nombres en las ciencias humanas del siglo XX, autor de Orientalismo, libro esencial para entender la relación entre oriente y occidente) acordaron que no existe una solución militar al conflicto. Más aún, las artes y humanidades tienen un papel fundamental en la reconciliación de sociedades separadas por la mutua desconfianza.

El mensaje de no violencia y reconciliación de la West-Eastern Divan ha llegado hasta el público en países de Europa, América Latina, extremo oriente, África y Oriente Medio. También a los territorios de la Palestina ocupada, infringiendo la prohibición de las autoridades de Israel que prohíbe a ciudadanos como Barenboim, visitar la franja de Gaza. De hecho, en la franja y Cisjordania, la Fundación Barenboim-Said trabaja con el objetivo de ofrecer una educación musical que de otra forma los jóvenes de esta zona del mundo no podrían recibir. Como afirma Barenboim, "la Fundación no tiene nada que ver con la política, pero ha contribuido enormemente a mejorar la educación en Palestina".

No es el único esfuerzo que se vive en la región con el objetivo de alcanzar la reconciliación. Como recuerda Fabien Bosoer, un proyecto del club de fútbol Hapoel Tel Aviv y la Asociación Mifalot viene juntando a niños israelíes y palestinos unidos por correr detrás de la pelota. Otro juego popular, el cricket, congrega a chicos y chicas israelíes y palestinos en equipos mixtos, a partir de la iniciativa del entrenador George Sheader, cuyo programa (el Cricket4Peace Project) acaba de ganar un premio internacional. Fuera del campo deportivo, en el círculo de Padres-Foro de familias huérfanas, setecientos padres y madres judíos, árabes israelíes y palestinos que han perdido a sus hijos bajo las balas, cohetes o bombas , decidieron crear un organismo binacional, con sedes en ambos lados, para trabajar juntos y construir una narrativa diferente a la de la mutua incomprensión.

Integrar la música en la sociedad, transformarla mediante el poder creador del arte musical, tal es la propuesta de la orquesta creada por el duo Barenboim-Said. Para ellos, el artista, el humanista no puede quedarse enclaustrado, apoltronado en su taller o en el aula académica. La orquesta demuestra que es posible una solución negociada al conflicto que desde 1948, año de la proclamación del Estado de Israel, separa a este país de sus vecinos árabes. Estos dos pueblos cuyos destinos históricamente han estado, y seguirán estando ligados indisolublemente, pueden coexistir como dos estados, rechazando las posiciones extremas. Said y Barenboim mostraron que ese es el único camino posible.