El gestor de una transición en paz

Adolfo Suárez, el expresidente español muerto este domingo, fue el primer mandatario tras la muerte del General Franco y el encargado de llevar a España de nuevo por el camino de la democracia, en medio de un agitado panorama político.

Foto: AFP

Suárez, quien había desempeñado varios cargos en el régimen de Franco, llegó a la Presidencia en 1976, designado por el Rey Juan Carlos, después de que este despidió a Carlos Arias, el primer presidente de su Gobierno.

Unas semanas después de su designación, el nuevo Gobierno convocó a elecciones parlamentarias, que se realizaron antes de un año después, en junio de 1977. Era la primera vez que los españoles votaban desde 1936, cuando empezó el régimen de Franco.

Suárez ganó las elecciones y se convirtió en presidente por voto popular, y en 1978, el Congreso aprobó una nueva Constitución, que hoy sigue vigente y que contiene figuras como el recurso de amparo, en el cual se inspiró la acción de tutela que existe en la Constitución colombiana.

Las reformas también permitieron la aprobación de los estatutos de autonomía de Cataluña y el País Vasco que hasta hoy han permitido mantener la unidad de España.

Suárez también legalizó el partido comunista y otros partidos de oposición que estuvieron prohibidos durante el régimen de Franco y promovió el desmonte de las estructuras franquistas que operaban en la administración.

Todos estos cambios, en medio de las presiones de la oposición, que lo acusaba de no hacer lo suficiente, y de sectores del Gobierno y de su propio partido, que se negaban a las reformas.

Su mandato, aunque relativamente corto, menos de cuatro años, es reconocido por los españoles como esencial para la construcción de la democracia española actual.

“El mejor homenaje que podemos hacer es esforzarnos por seguir el camino del entendimiento, la concordia y la solidaridad entre españoles, para lograr la España que él quiso”, dijo el Rey Juan Carlos tras su muerte.