El papel del empresariado en la reconciliación

¿Cómo colectivamente podemos empujar temas que nos pueden sonar muy abstractos como el de la reconciliación? La pregunta fue lanzada a un público selecto y especializado de empresarios que trabajan en el campo de relaciones comerciales entre Colombia y Estados Unidos y que en 2013 movió activos por 4.066 millones de pesos.

Foto: Guillermo Torres, Revista Semana

Estaban reunidos en su asamblea número 59 y el encargado de formular este interrogante fue Alejandro Santos, director de la revista Semana, y quien se dirigía al auditorio en representación del proyecto Reconciliación Colombia, iniciativa de la sociedad civil a la que se le abrió un espacio para esta disertación.

“Si la reconciliación pasa por la región, la voz del sector privado, que es el generador de la riqueza, se vuelve esencial”, les dijo al invitarlos a discutir su papel.

Comentó que tras los encuentros sostenidos en Medellín, Cali y Barranquilla y que ha reunido a por lo menos 180 portavoces regionales entre autoridades locales, representantes de grandes, medianas y pequeñas empresas y líderes de organizaciones sociales Reconciliación Colombia que cualquier experiencia de construcción de paz o posconflicto “pasa inevitablemente por la región, por el territorio, donde se ha vivido el coletazo del conflicto”. De hecho, le dijo al auditorio que hay experiencias de reconciliación desde hace por lo menos dos décadas y que el país no ha visto porque Colombia es una nación “que no se oye”. “Todo el mundo habla y nadie escucha”, explicó.

Por eso invitó a los representantes de las 1.040 a la Cámara de Comercio Colombia Americana y que tienen presencia, además de Bogotá en Cali, Medellín y Bucaramanga, entre las principales ciudades, a que inviertan en el territorio. Es la vía, insistió a nombre del proyecto que hoy integran 42 aliados, para que este país que tiene la segunda economía de Suramérica y la Tercera de América Latina, que genera más de 40 mil empleos avance hacia la reconciliación.

La vía: acompañar a las autoridades locales para fortalecerlas, ya que la institucionalidad en las zonas marginales es evidentemente precaria; apoyar a las organizaciones para prestarles apoyo en su empoderamiento, ya que muchas de estas han sido estigmatizadas por cuenta de la violencia; decidirse por jugar un papel activo en este tema ahora que las regiones y sus experiencias están siendo valoradas.