Filipinas logra un histórico acuerdo de paz

El acuerdo entre el Gobierno filipino y el principal movimiento separatista musulmán de ese país pretende poner fin a uno de los conflictos más largos de Asia luego de 13 años de conversaciones.

Más de 40 años de conflicto entre el Frente Moro Islámico de Liberación (MILF, por sus siglas en inglés) y el Gobierno de Filipinas terminaron ayer, con la firma de un histórico acuerdo de paz.

La guerra interna del país asiático es por un territorio llamado Mindanao, conformado por varias islas ubicadas en el sur de Filipinas,  que está compuesto mayoritariamente por población musulmana, que llegó al país por migraciones árabes en el siglo XIII.

Como Filipinas es un país de mayoría católica, varios grupos musulmanes de la zona se alzaron en armas desde los años 70 pidiendo la independencia de su región por causa de los malos tratos que recibían por parte de la población católica. El MILF era el más poderoso de ellos.

Las conversaciones de paz comenzaron en 2001 –hace 13 años–, y terminaron ayer con un documento en el que el Gobierno del Presidente de Filipinas Benigno Aquino III se compromete a que Mindanao sea una región autónoma (pero aún parte de Filipinas), que recibirá más financiación, a cambio de la desintegración del grupo armado.

A partir de ahora, Mindanao se llamará Bangsamoro –nombre musulmán de las islas– y contará con su propia policía, con un parlamento regional y con la autoridad para recaudar impuestos. Los otros temas quedarán bajo control del gobierno central de Filipinas. Además, mientras se dan las primeras elecciones regionales, planeadas para 2016, el poder local queda en manos de las cabezas del grupo que hasta ayer estaba alzado en armas.

"Este acuerdo corona nuestro combate", declaró Murad Ebrahim, jefe del MILF, quien se comprometió a desarmar a aproximadamente 10.000 hombres, siguiendo el modelo que se utilizó en Irlanda del Norte.

El Presidente Aquino, quien termina su mandato en 2016, dijo, por su parte, que "ahora tenemos ante nosotros un camino que puede llevar a un cambio permanente en la isla musulmana de Mindanao".

El camino no es fácil

Aunque el acuerdo es un primer paso para terminar una guerra de cuatro décadas en la que han muerto casi 150.000 personas, Filipinas aún debe transitar un largo camino para alcanzar una paz duradera. Para empezar, el acuerdo debe ser certificado por el Parlamento y aprobado por un referéndum en el que la gente debe votar si lo acoge o no.

Además, aún hay dos grupos musulmanes alzados en armas que no están de acuerdo con que Mindanao sea una región autónoma y quieren una independencia definitiva. El Frente Moro de Liberación Nacional (MNLF, por sus siglas en inglés) y el grupo Abu Sayyaf, que aunque es más pequeño, es el más el más beligerante y está incluido en la lista de organizaciones terroristas del Departamento de Estado de Estados Unidos.

Además de tratar de contrarrestar las acciones que estos grupos puedan emprender a partir de ahora, la tarea es construir confianza. De hecho, en 1996 ya se había hecho un intento de paz, entregando una autonomía reducida a los musulmanes en Mindanao. Sin embargo, el experimento fue un fracaso porque el poder central seguía siendo absorbente y la población musulmana comenzó a sufrir abuso por parte de algunos líderes católicos que mantenían el control en las islas, según documentó Human Rights Watch.

Ese es el último reto para aplicar el acuerdo de paz. Los católicos que aún viven en Mindanao y han mantenido el poder, buscarán que el acuerdo no sea aprobado en el Parlamento e interpondrán recursos ante el Tribunal Supremo –máximo órgano de justicia– para que lo declare inconstitucional.
Sin embargo, los filipinos están esperanzados en dejar atrás los años de violencia.  El acuerdo logrado, aún con los retos que tiene por delante para ser aplicado, es sólo un primer paso. Ahora deben trabajar juntos para superar las diferencias, aprender a vivir en paz y lograr finalmente la reconciliación de su país.

¿Algo de Filipinas nos sirve?

Juan David Escobar Valencia, director del Centro de Pensamiento Estratégico de Eafit
Publicado en El Colombiano

 
La firma de paz entre el gobierno filipino y el Frente Moro de Liberación Islámico (FMLI), que supuestamente pondría fin a un larguísimo conflicto en ese país, le da algunos la esperanza que los conflictos viejos pueden resolverse. Pero ¿podrá haber encontrado el conflicto colombiano su solución? Seguramente no.
 
Aunque es buena noticia lo sucedido en Filipinas, estamos lejos de haber encontrado la fórmula mágica. No obstante haya algunas coincidencias, las circunstancias y actores son muy distintos. Filipinas es un país archipiélago que puede entregar "autonomía" parcial a una región de su territorio en aras de la paz, sin poner en peligro su integridad territorial. Las Farc no están pidiendo el control de Malpelo.
 
El FMLI es una de las facciones de un movimiento más viejo de independencia y algunas de ellas no aceptaron el acuerdo, lo que sugiere que la paz definitiva no se haya alcanzado. En Colombia no podemos olvidar que las FARC no son una sola, se está "negociando" con los miembros viejos que quieren jubilarse, pero hay otras FARC que son exclusivamente narcotraficantes a quienes no les interesa este proceso.
 
Como asunto curioso pareciera que en el sudeste asiático los tsunamis y tifones son catalizadores de procesos de paz, como sucedió con la paz con el movimiento separatista de la provincia de Aceh en Indonesia luego del tsunami de 2004 y ahora en Filipinas, luego del tifón Yolanda.
 
El acuerdo de paz en Filipinas, más que fórmula, nos recuerda que: los conflictos extendidos en el tiempo requieren de largos procesos de negociación, no hay negociación exprés sin derrota previa, y que las negociaciones han sido, son y seguirán estando vinculadas a, los intereses y condiciones de "salud" de las partes, a las posibilidades de obtener beneficios o reducir los daños, y no a la conversión celestial de una de las partes.