"Me niego a creer que estemos condenados a vivir un conflicto eterno"

Después de siete años de secuestro, Alan Jara volvió a las urnas y allí ganó su segundo mandato como gobernador del Meta. En esta entrevista invita a quienes sortearon con éxito el conflicto a solidarizarse “con los millones de mujeres, hombres, niñas y niños que han nacido y crecido en medio de las balas”.

​Publicada en la tercera edición de la Revista Reconciliación Colombia
Foto: Juan Carlos Sierra, Revista Semana

 
¿Qué le enseñó el secuestro que le haya aportado ahora como gobernador?

Que se deben abrir los espacios para que las víctimas puedan visibilizarse, para que la sociedad conozca su tragedia, entienda su dolor y la acoja en su seno. También que se debe lograr que las víctimas conozcan sus derechos, logren ejercerlos y puedan así incorporarse plenamente a la sociedad.
 
¿Creó una nueva institucionalidad o recogió lo que ya había?

Aunque en mi anterior mandato como gobernador (1998-2000) había creado la Secretaría Social y la Consejería de Paz, en esta oportunidad consideré necesario abrir nuevos espacios. Para ello creamos las secretarías de Víctimas, Derechos Humanos y Construcción de Paz y la de la Mujer y Equidad de Género.
 
¿A qué reflexión lo llevó la experiencia del secuestro?

A valorar el más pequeño detalle que normalmente pasamos por alto: el milagro de la vida y la majestad de la libertad. Por eso, el conflicto debe terminar y cualquier esfuerzo que se realice en este propósito es valioso.
 
¿Cómo encontró su departamento al salir?

Se había superado esa indiferencia y había un rechazo general a los abusos contra los derechos humanos, especialmente el secuestro. La palabra ‘víctima’ casi no existía antes de mi secuestro. Por otro lado, encontré también algunas personas radicales, intolerantes y sin un sentido de lo humanitario frente al dolor de muchas víctimas. Ese contraste, una fractura en la sociedad, aún hoy me desconcierta.

¿Cómo encontró a su familia?

A mi hijo tuve que conocerlo nuevamente. Aún me duele el tiempo que me robaron y jamás podré recuperarlo porque nunca lo veré de ocho años o 14 años, pero estar hoy con él y tener una muy bonita relación es una bendición. A mi esposa la amo, admiro y valoro más. Y como dice ella para definir nuestra relación: "Es una nueva vida con un viejo conocido". A mi madre la perdí el día que cumplía un año de secuestrado y no pude despedirla.
 
¿Qué le ha hecho más daño al Meta?

El Meta ha sido escenario histórico del conflicto desde la violencia de los años cincuenta, pasando por la constante presencia de la guerrilla desde los setenta, luego la de los paramilitares y ahora las llamadas Bacrim. Los más perjudicados han sido los campesinos que han padecido la muerte violenta, el desplazamiento, la desaparición de sus seres queridos, el reclutamiento de sus hijos y el despojo de sus tierras. Otros habitantes han sufrido el secuestro, la extorsión y han tenido que abandonar la región. Fue en el Meta donde por primera vez en el país asesinaron a un senador y es en el Meta donde hay 175.000 personas en condición de desplazamiento.

¿Cómo es la situación actual con guerrillas y paramilitares?

La guerrilla tiene reducido su accionar, pero con presencia en algunas zonas rurales de Vista Hermosa (sur del municipio), Uribe, Lejanías, Mesetas, Puerto Rico y La Macarena. La extorsión, el boleteo y algunos secuestros continúan afectando a la población. Los paramilitares, ahora bajo el nombre de bandas
criminales, tienen menos capacidad de maniobra. Frente a este último fenómeno, la Fuerza Pública ejerce presión en San Martín, Mapiripán, Puerto Rico, Granada y Villavicencio.
 
¿Cómo analiza el tema de la institucionalidad en su departamento?

Es frágil por no disponer de los ingresos necesarios para responder a todas las necesidades. El acompañamiento nacional históricamente ha sido muy tímido. Sin embargo, en lo local creamos instancias para potenciar la aplicación de la Ley de Víctimas.

Ha tenido oportunidad de ser mandatario dos veces, ¿es probable la reconciliación en el Meta?

Yo soy un optimista obligado por las circunstancias. Me niego a creer que estemos condenados a vivir un conflicto eterno. En mi anterior administración logramos la reconciliación entre Cubarral, El Dorado y El Castillo, ese esfuerzo fue Premio Nacional de Paz. En la actualidad hay diversas iniciativas que en la cotidianidad trabajan en la reconciliación. Lo más importante en este camino es eliminar otras fuentes de violencia como la pobreza y la injusticia. Las inversiones de la Nación para el posconflicto deben ser proporcionales a las de la guerra porque donde más fuerte ha sido el conflicto, mayor es la ausencia del Estado.
 
¿Cómo define la reconciliación?

Es un proceso de reconstrucción del tejido social, de restablecimiento de derechos a las víctimas, del otorgamiento de condiciones para superar la pobreza y de generación de confianza entre la comunidad y las instituciones. Es presencia del Estado en cada uno de los territorios con más diálogo, participación, justicia social y acciones productivas que generen progreso y desarrollo en las comunidades.
 
¿Los empresarios del Meta hacen mucho o poco por los metenses?

Se necesita más compromiso, más responsabilidad social, más articulación con las comunidades y autoridades locales. Yo diría que el asunto no es solamente con los empresarios del Meta. Se trata de lograr que las empresas nacionales y extranjeras, que son muchas, y que hoy se están en el territorio ayuden a mitigar el impacto social y ambiental que generan. El sector privado es un actor fundamental en la construcción y el desarrollo incluyente de un territorio y no debe ser ajeno a ese contexto y a esas realidades.
 
¿Cuál es el papel de multinacionales como Pacific Rubiales en el Meta?

También espero mucho más de estas.
 
¿Qué le pediría al gobierno para que sea real el aporte de los que explotan los recursos naturales en el Meta?

Es necesario reconsiderar el sistema general de regalías. Hay que repartir la mermelada sobre toda la tostada, no sólo la de-mora. La explotación petrolera no está generando suficientes oportunidades de empleo y trabajo para la región. Veo nubarrones grises para esta industria si no se adoptan cambios que beneficien a las comunidades.