"Muchos de los que están en la guerra ya están hastiados"

Monseñor Nel Beltrán Santamaría, quien por dos décadas ha sido el Obispo de Sincelejo, se va de su cargo porque, como él lo dice, “los años no vienen solos”. Dedicó 50 años de su vida sacerdotal a trabajar por la paz y la reconciliación del país, centrada en el ser humano. Reconciliación Colombia habló con él.

Por José Vicente Guzmán
Reconciliación Colombia
Foto: Juan Carlos Sierra



Nel Beltrán hace parte de la historia del país cuando se hace referencia a los esfuerzos por la paz que se han intentado en más de 60 años de conflicto armado. Incluso, en alguna época, su misma terquedad en estos temas le ocasionaron tragos amargos ocasionados por quienes lo acusaron de ser auxiliador de la guerrilla, palabras de las que tuvieron públicamente que retractarse (en 1994 el periódico El Tiempo tuvo que rectificar una información falsa de su primera página en la que señaló que Beltrán sostenía reuniones clandestinas con la guerrilla en Cuba en época en que esto era prohibido).

El padre Nel Beltrán, como todos aunque sea Obispo aún le dicen, ha tenido siempre claro que lo suyo es el ministerio sacerdotal y la búsqueda incansable de la paz centrada en el bienestar del ser humano al entrar en relación con Jesucristo.

Nacido en San Andrés, Santander, y ordenado hace cinco décadas, este sacerdote, es, sin duda, uno de los colombianos con más autoridad para hablar de reconciliación y construcción de paz, pues durante sus 74 años de vida ha hecho parte de las experiencias que, en medio de la adversidad y de las balas, han soñado con un país sin guerra.

Desde joven trabajó en zonas de conflicto en la región del Magdalena Medio. Sus inicios oficiales se remontan a la década de los 80, cuando el presidente Belisario Betancur  lo nombró en una comisión de paz que buscó mejorar la situación que vivía la comunidad de esa región del país por la acción de las guerrillas. Allí logró que la situación mejorara con acuerdos para que los alzados en armas respetaran a la comunidad.

En su trayectoria también se cuenta la participación en los diálogos de paz en Tlaxcala, México, entre el gobierno de César Gaviria y la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (que agrupó a las Farc, el Eln y la facción del Epl que no se desmovilizó en 1991); la creación de la Fundación para el Desarrollo y la Paz de los Montes de María (de la que aún es socio fundador activo); la participación como integrante de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR), y la ambientación del acuerdo de paz que desmovilizó a la Corriente de Renovación Socialista (CRS) en Flor del Monte (Ovejas, Sucre), pacto que precisamente está cumpliendo 20 años este abril.

Como máximo jerarca de la iglesia Católica en Sucre, desde 1992, creó programas con los que la iglesia trabaja activamente con las comunidades más marginadas del departamento,  además de la Fundación para el Desarrollo y la Paz de los Montes de María, la Diakonia por la Paz y la Fundación Diocesana para la Mojana. En esas estaba cuando se dio el auge del paramilitarismo en los 17 municipios de la región sucreño-bolivarense de Montes de María, que trajo dolor y muerte con masacres y desplazamientos.

Ningún escollo lo ha detenido en su trabajo por la paz. Pero este año, como consecuencia de lo que él llama “achaques de salud”, obtuvo del Papa Francisco el sí a su renuncia al cargo de Obispo de Sincelejo, que ejerció durante 22 años. 

Reconciliación Colombia habló con este sacerdote, quien también tiene la virtud de trabajar en Sucre con sectores de poder y con laicos eucarísticos para hacerlos “mejores personas” dado que su concepto de reconciliación se centra en las personas, “más que en los proyectos”, y en los procesos, “más que en los resultados”. Estas fueron sus palabras:

Monseñor, generó sorpresa su renuncia. Esto realmente no es usual, ¿qué lo llevó a renunciar?

He usado mucho dos palabras. La primera es la fatiga, pues los últimos años de trabajo en plena vigencia del paramilitarismo en Sucre fueron mucho más duros para mí que los largos años en plena vigencia de la guerrilla en el Magdalena Medio.  Eso produce fatiga y ganas de sentirse un poco libre para volver a escoger horizonte. Lo segundo es la salud, pues reconozco que soy un trabajador muy cansón y creo que eso me maltrata. Además de los problemas normales de la edad: el colón, la presión arterial, los triglicéridos… Pero no llore, que ya no le digo más (risas).

¿O sea que trabajar por la paz enferma?

No. Dedicar la vida a trabajar en medio de la guerra, puede que sí. Yo voy a cumplir 50 años de cura en junio y ninguno de esos ha sido por fuera del contexto de la guerra.

Luego de tanto tiempo dedicado al tema, ¿cómo cree usted que se construye la paz?

Un poco lo que reúne Reconciliación Colombia en los encuentros regionales... que son un montón de gente de acuerdo en que lo primero es contar con la comunidad y ayudar a formar gente que quiera la paz. Incluso muchos de los que están en la guerra ya están hastiados y esto es un elemento apto para la paz. Después vienen muchas otras cosas para cambiar.

¿Cómo cuales?

Por ejemplo, cuando se ayuda a las comunidades son importantes los proyectos, pero el enfoque no debe ser este. El enfoque debe estar centrado en las personas, no en los proyectos. Y en los procesos, no en los resultados. Siguiendo ese horizonte vamos a encontrar un camino hacia la paz porque todos los que trabajan por el tema tocan exactamente los mismos puntos, como hemos visto en esta discusión del tercer encuentro de Reconciliación Colombia (Barranquilla, 19 de marzo de 2014).

En este sentido, padre Nel Beltrán, ¿para usted que es la reconciliación?

Es el reencuentro de dos personas humanas precisamente como eso, como personas. Es decir, el uno deja de ser victimario y el otro deja de ser víctima. Además, yo creo que es malo “ser víctima”, porque esa es una enfermedad de la que uno no se puede desprender.

¿Cómo así?

Si uno se apropia del adjetivo de víctima, se autodestruye. Uno no es una víctima. Es una persona humana. No se debe cabalgar sobre este fenómeno, sobre el dolor y sobre el recuerdo de haber sido una víctima. Organizarnos para llorar no me parece digno, pero organizarnos para superarnos, desprendernos del pasado y crecer, sí me parece importante.

Ahora que le aceptaron la renuncia, ¿va a seguir trabajando por la paz o se va a dedicar a descansar?

No. Yo sigo trabajando. Me voy a tomar un tiempo de reposo y me voy a dedicar a mi salud un par de meses, pero luego volveré a empezar. Yo moriré como nací: siendo cura y trabajando por el Evangelio, porque si algo tiene el trabajo por la reconciliación que he ejercido durante 50 años como cura es que procede de la fe y el Evangelio de Jesucristo.

¿Y qué habría que corregir en el proceso de paz (y reconciliación) que se está llevando a cabo en este momento en Colombia?

Meterle menos periodistas a esta vaina (Risas).