Gabo y el sueño de la reconciliación

La vida y obra del Nobel colombiano estuvieron estrechamente ligadas a la conflictiva realidad del país, pero también a los esfuerzos por alcanzar la paz.

Foto: Archivo Semana

De Gabriel García Marquez, Gabo, fallecido en México a los 87 años de edad, se dice con toda razón que supo definir a Colombia, que a través de sus obras los colombianos pudimos comprender realmente quiénes somos.


Y de esa realidad que registró tan detalladamente no podía estar ausente la violencia.

Cien Años de Soledad, su obra más emblemática, comienza con su protagonista, Aureliano Buendía, frente al pelotón de fusilamiento, recordando aquella tarde en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

De ahí en adelante, la guerra de los mil días, la masacre de las bananeras, entre otros episodios de nuestra conflictiva historia, pasan por la obra arrastrando a los personajes a una tragedia que son incapaces de frenar.

En otras como Crónica de una Muerte Anunciada o Tiempo de Morir (guión que escribió para cine), la obsesión de venganza de sus personajes o disputas por honor que se prolongan incluso más allá de la muerte terminan probando su inutilidad y sinrazón.

Como periodista, Gabo fue un lector muy agudo de su tiempo. Desde las crónicas que escribió para El Heraldo, El Universal o El Espectador hasta su último libro periodístico ‘Noticia de un secuestro’, García Márquez recogió con rigurosidad historias que reflejaban esos fenómenos que hacen parte de la realidad del país: la corrupción, el abandono de algunas regiones, el auge del narcotráfico, la infamia del secuestro, etc.

La notoriedad que le brindaron sus obras y posteriormente el Nobel, le permitieron conocer  y hacerse amigo de personalidades destacadas de la política mundial como Fidel Castro, (por cuya amistad sigue siendo criticado aún después de su muerte por algunos sectores), o Bill Clinton, con quien en algunas ocasiones compartió sus opiniones sobre la política mundial.
García Márquez no fue nunca un escritor que se mantuviera lejos de la realidad política del país.

Pese a que antes de obtener el Nobel, fue rechazado por sus creencias políticas y tuvo que dejar el país para buscar asilo en México, con los años se convirtió en una autoridad moral a la que recurrieron prácticamente todos los presidentes siempre que iniciaban un nuevo intento de buscar la paz.

Cuentan que él mismo se calificaba como un “conspirador de la paz”. Durante su Gobierno, Belisario Betancur, quien fue su amigo cercano, solicitaba con frecuencia sus consejos en materia de paz y fue una de las personalidades a quien consultó en el momento más difícil de su Gobierno, la toma del Palacio de Justicia.

Gabo también contribuyó en los diálogos entre el Gobierno y el M-19 y estuvo presente en el inicio de las conversaciones del Gobierno Pastrana y las Farc en el Caguán. En el Gobierno de Uribe también brindó su colaboración en los acercamientos que se iniciaron en Cuba con el Eln.

Como lo han manifestado muchas personas en Twitter, Gabo murió sin ver al país en paz. Vivió en una época caracterizada por la violencia y la desolación.

Sin embargo, como él mismo lo manifestó en el discurso con el que recibió el Nobel en 1982, nunca renunció al sueño de la paz.

“Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.