Colombia se mira en el espejo de Suráfrica en Ubú y la Comisión de la Verdad

Ubú y la comisión de la verdad, obra puesta en escena por William Kentridge y la Handspring Puppet Company, aborda cuestiones relativas a la naturaleza humana, los abismos de la maldad, la posibilidad del perdón y la conciencia de aquellos que han cometido atrocidades. Aunque no busca dar una respuesta definitiva sobre cómo lograr la reconciliación en un país afectado por el conflicto, sí analiza cómo la verdad, la justicia y el perdón se ponen en juego en un proceso de este tipo.

La obra combina actores, títeres, animación y cine documental. Toda una experiencia multimedia que traslada al espectador a los tiempos en que Suráfrica instauró la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (TRC por sus iniciales en inglés) para dar cuenta del espantoso pasado que quería dejar atrás. Al investigar crímenes cometidos entre 1960 y 1994, la comisión surafricana enfatizó la verdad sobre la justicia como forma de llegar a la reconciliación colectiva.  Instalada por Nelson Mandela en 1996, es un referente mundial en procesos de verdad, justicia y reconciliación, a pesar de se le critica por haber permitido unos altos niveles de impunidad. 

Ubú fue estrenada en 1997 y su tono, oscuro y satírico, conmovió al público Surafricano. La obra se concentra en las audiencias y juicios de la TRC como un proceso inacabado, mostrando las dificultades en el camino a la reconciliación, en sociedades fragmentadas por el odio. Para los surafricanos la obra demostró que justicia y reconciliación están quizá mucho más distanciadas en su país de lo que pareció al principio.

Ubú, el personaje que da nombre a la obra, es un próspero, veleidoso y corrupto funcionario del viejo régimen surafricano quien, cuando inicia el trabajo de la comisión, se ve obligado a ocultar sus crímenes. Su esposa Ma Ubú sospecha una infidelidad. Ella detecta un olor extraño en sus ropas. No sabe el olor almizclado y amoniacal que percibe no es perfume, sino sangre y dinamita. Su  marido patrulla las noches en compañía de su perro de tres cabezas, una alegoría a las fuerzas del estado durante el Apartheid. 

En medio de la historia de Ubú, las audiencias de la comisión son representadas por títeres cuyos rostros expresivos reflejan una profunda agonía. El guion hace uso de testimonios reales pronunciados en la comisión, convirtiendo a las verdaderas víctimas  y sus conmovedores relatos en protagonistas indirectos de la obra. 

Los creadores

Ubú surgió de la mente de la guionista Jane Taylor quien, profundamente afectada por las transmisiones de la TRC y la falta respuesta emocional por parte de algunos perpetradores, decidió romper el silencio del papel en blanco y escribir la obra. Taylor había tomado algunos talleres con la Handspring Puppet Company, y sabía de las potencialidades del trabajo con títeres, actores silenciosos pero muy expresivos. Los títeres dejan en evidencia que alguien más habla a través de ellos, lo cual los convertía en instrumentos a través de los cuales comunicar los testimonios de las audiencias de la TRC.


El director de la obra, William Kentridge, dibujante, escultor, animador, director de ópera y de teatro, la concibió como una serie de grabados. “Al animar los grabados me di cuenta que podía utilizar los textos de la comisión de verdad y reconciliación como materia prima”, afirma. 

“Decidimos llamar la obra Ubú y la Comisión de la verdad, omitiendo la reconciliación, porque sabemos que el costo de la verdad es la justicia, y en algunos casos la reconciliación. En Suráfrica entre más cerca una confesión estuviera de la verdad, más cerca estaba de una amnistía judicial. Para mucha gente en Suráfrica la verdad fue una opción, algunos perdonaron y otros valoraron más la justicia, por ello la reconciliación no fue algo que cubriera a toda la sociedad. Por tanto la obra aborda la pregunta de en que se convierte una sociedad cuando los criminales no tienen que pagar por los crímenes que comenten”, comenta Kentridge. 

Para Kentridge, “el títere se convierte en el medio por el cual se puede oir el testimonio’ de las víctimas”. Los títeres ayudaron a darle un tratamiento de dignidad a los testimonios, convirtiéndose en metáforas de humanidad.

Kentridge asegura que no fue difícil traducir los testimonios de la TRC al lenguaje escénico. Para el director surafricano, las audiencias públicas eran como una representación teatral. “Para mí la TRC fue una forma de teatro ejemplarmente cívico –señala-. Las audiencias eran una puesta en escena, con sus actores, sus escenarios, sus emociones. Las personas que daban testimonio eran escogidas, como actores privilegiados para contar lo que pasó, relatando un drama real, una historia trágica y personal. Muchos de quienes dieron testimonio rompían el relato en los puntos más dramáticos, como actores que olvidan el libreto”. 

Lecciones para Colombia

Para Taylor, a pesar de que la obra se enfoca en Suráfrica, su alcance es mas amplio. “Vivimos en una era que presta una atención especial a los crímenes de guerra, las reparaciones y el mantenimiento global de la paz”, afirma. Ella creó el guion a partir de reunir artistas de diversos campos creativos para discutir sobre lo que se contaba en la TRC. “Convocamos a practicantes de las artes visuales, el performance y las artes narrativas. También de las artes escénicas. Entendimos que ni los políticos ni los abogados hubieran podido entender el horror del pasado sin ayuda de los artistas –asegura-”. Allí conocí a William y dio comienzo este proyecto. Para Taylor, los artistas tienen un compromiso con la realidad social. Si un artista no puede trabajar con los materiales de su tiempo, su materia prima es trivial.
 
Kentridge está de acuerdo en que, aunque la obra habla del contexto surafricano, puede arrojar lecciones para otras experiencias. “Mi esperanza es que el público colombiano pueda dar el salto y entender las implicaciones que la experiencia de mi país tiene para el caso colombiano”.