La verdad que guardan las tumbas

Cuando se menciona la palabra cementerio, los vellos de los brazos se encrespan. Quizá por lo solitario de estos espacios en los que la vida se topa con la muerte y  la luz con lo ominoso. No obstante, para los médicos forenses y los sepultureros los cementerios no son otra cosa que sus lugares de trabajo. De mucho trabajo, tratándose de Colombia.

Foto: Cementerio de Marsella (Caldas), el primero en obtener el Sello Narcés. Cortesía de Equitas.


Por las características de la guerra librada en el país (ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas, entre las principales prácticas), han sido miles los enterrados como NN en improvisadas fosas comunes.

Equitas, organización científica y humanitaria centrada en las víctimas, decidió incidir en la política pública respecto al trato de cuerpos en los cementerios,  pues su manejo inadecuado puede obstaculizar su identificación posterior por parte de las autoridades y de familiares que no cierran su duelo hasta no encontrar a su ser querido. Para esto, iniciaron un proceso de asesoramiento a autoridades, familiares de víctimas y cementerios en el propósito de mejorar los procesos de búsqueda de personas desaparecidas en el país.

La organización creó el Sello Narcés, que reconocerá el compromiso de sepultureros con el cuidado de personas no identificadas y el trabajo de médicos forenses. Reconciliación Colombia habló con Carolina Puerto Valdivieso, antropóloga forense de Equitas y coordinadora del programa Selló Narcés.

¿En qué consiste el trabajo forense de Equitas?

Equitas es una organización técnica y forense que nació en el 2004. Hacemos aportes técnicos y de investigación en dos casos específicos: desaparición forzada y ejecuciones extrajudiciales. Además de la producción de conocimiento, llevamos a cabo un acompañamiento forense para que se esclarezca la verdad en estos casos de violaciones a los derechos humanos. También procuramos incidir en la política pública para procurar una normatividad que permita implementar mecanismos forenses adecuados para la investigación de tales delitos.

¿Cuál es la importancia del trabajo forense en Colombia?

Este es un país en guerra, pero también con iniciativas permanentes de diálogos y reconciliación. La paz pasa por el establecimiento del derecho a la verdad, justicia y reparación. Esto se logra esclareciendo qué ha pasado, quiénes son las víctimas y cuáles han sido los daños causados. Todo ello ayuda al proceso de reconciliación colectiva que trae consigo la paz. Las ciencias forenses cumplen un papel clave en el esclarecimiento de la verdad y en la construcción de la memoria colectiva por su carácter objetivo y científico, que permite revelar esos hechos y circunstancias que nos llevan a reconocer la identidad de víctimas y lo que sucedió con ellas.

¿De qué ‘arsenal’ disponen en la búsqueda de verdad?

Las ciencias forenses dialogan con una amplia variedad de saberes. Con la antropología, geografía, sociología, derecho, topografía, radiología, genética y arqueología. Con estas herramientas buscamos evidencias que nos permitan cotejar los testimonios de los familiares de las posibles víctimas. Y el cuerpo es una de las evidencias más importantes dentro de una investigación. Podemos esclarecer  la forma, tiempo y circunstancias de la muerte de una persona a partir de esas evidencias. Lo importante es darle un tratamiento correcto a los cuerpos.

¿Qué retos han encontrado en este trabajo forense?

Además de los temas de seguridad, uno de los mayores retos es la voluntad política. No hay una conciencia en nuestras autoridades de la importancia de regresarles su identidad a las personas no identificadas. Ellas tenían un nombre y una vida. Pero por causa del conflicto perdieron no sólo su vida, sino su identidad. El Estado en todos sus niveles debe asumir la responsabilidad por este tema; pero los avances en materia de política pública son lentos. En el nivel municipal, por ejemplo, hasta ahora hay un solo municipio cuyo cementerio ha recibido el Sello Narcés; reconocimiento que entregamos a aquellos camposantos que cumplen con todos los procedimientos para el buen trato de los cuerpos.

¿Por qué cree que sucede este abandono?

Los cementerios son espacios muy abandonados por las administraciones locales. Los presupuestos para los cementerios son muy bajos. Todo se empeora cuando hablamos de personas no identificadas. Como no hay dolientes para estas personas, los procedimientos son muy precarios, y el cuidado de los cuerpos de víctimas de violaciones de los derechos humanos es nulo. Ello obstaculiza la investigación forense y los procesos de identificación.

¿Cómo impactó la ley de Justicia y Paz  en la búsqueda de desaparecidos en Colombia?

La ley de Justicia y Paz aumentó de forma considerable el número de personas reportadas como desaparecidas. Bajo la protección de la ley de Justicia y Paz y la obligación de los victimarios de contar toda la verdad, familias que tenían temor de denunciar, se acercaron a las autoridades en un clima de confianza. En todo el país ello ha permitido mejorar los registros de personas no identificadas. Por otro lado, dicha ley ha impactado en las ciencias forenses  pues, de manera masiva, los victimarios postulados a la ley informaban donde estaban las víctimas y las fosas. Ello aumentó nuestro trabajo y generó una olead de exhumaciones por todo el país en las que se recuperaron miles de cuerpos.

¿Cree que las actuales negociaciones de paz tengan un impacto en el trabajo forense en el país?

Muchas verdades se tendrán que esclarecer. No podemos descartar una amnistía condicionada o una comisión de memoria histórica y allí el esclarecimiento de la verdad será clave. Por experiencia sabemos que los familiares de los desaparecidos no aceptan leyes de punto final o de perdón y olvido. Ellas quieren saber lo que sucedió y el Estado debe comprometerse en la búsqueda de la verdad.

¿Por qué el Sello Narcés?

Todos los cementerios a los que hemos llegado, registrados o no, albergan cuerpos de personas no identificadas. Pero ningún cementerio tiene certeza de cuántos son, cuándo llegaron o dónde están inhumados. En fosas u osarios comunes eran depositados, donde se perdía su recuerdo. Cuando vamos a los camposantos nos damos cuenta de que muchas de estas personas no identificadas han sido víctimas del conflicto. En todos los cementerios hemos encontrado serias falencias.  Como le comentaba, hasta la fecha sólo uno de estos ha obtenido el Sello Narcés.

¿De qué cementerio estamos hablando?

Del cementerio de Marsella, Caldas. Allí se da un fenómeno y es que en un recodo del río Cauca, el llamado Remanso de Beltrán, se forman unos remolinos donde van a parar muchos de los cuerpos que son arrojados al río. Tenemos la fuerte hipótesis de que este cementerio alberga las víctimas de los procesos violentos de Trujillo, el Naya y Zarzal. Aunque no son sus muertos y sin saber de técnicas forenses, los habitantes de Marsella han albergado y cuidado esos cuerpos que el río trajo a su municipio. En Marsella se han dado procesos muy interesantes en el debido tratamiento a estos cuerpos. Han hecho cosas que queremos que se conozcan en el nivel nacional: censos, mapas de ubicación, planos topográficos, entre otros. Lo que hicimos con Equitas fue perfeccionar lo que ellos ya estaban haciendo.  Es por el sepulturero de Marsella que decidimos denominar nuestro reconocimiento como Sello Narcés.

Usted es antropóloga, ¿por qué el cuerpo es tan importante en el duelo?

La explicación es cultural. La importancia del cuerpo en el duelo y los ritos funerarios varían de una cultura a otra.  En nuestro contexto cultural, buena parte de nuestra tradición es de raíz cristiana, católica o protestante. En dicha tradición es fundamental  el ritual de paso a la muerte, que se realiza con unos ritos, oraciones en presencia del difunto, junto al tratamiento debido del cuerpo, el cual se visita en conmemoraciones de tipo familiar o colectivo. En las minorías étnicas, pongo por caso los indígenas y afrodescendientes, la importancia de los ritos funerarios es vital. Los afrocolombianos tienen unos patrones culturales funerarios específicos, algunos traídos de África, y todos ellos requieren de la presencia del cuerpo. Eso sucede porque en toda cultura, el cuerpo es parte de la persona, parte de la identidad, parte del yo.