El ejemplo de rectitud de Rodrigo Lara Bonilla

Hace 30 años ocurrió el magnicidio de Rodrigo Lara Bonilla. El asesinato del entonces Ministro de Justicia fue el presagio de la guerra que el país libraría en el futuro inmediato contra el narcotráfico, lucha que aún persiste. Lara nos mostró la cuota de sacrificio que muchos colombianos han dado por un país con dignidad.

Foto: Archivo Semana.

“El problema de Colombia es que se lo tomó el crimen organizado”. Esta frase, dicha en un auditorio universitario, resume la posición de Rodrigo Lara Bonilla frente a la situación que afrontó como Ministro de Justicia del gobierno de Belisario Betancur. Fue en la época en la que el narcotráfico había logrado permear las altas esferas políticas, económicas, sociales, e incluso deportivas, del país. Ante una sociedad que miraba entre complaciente y aterrorizada, no cabe duda de que Lara Bonilla tuvo la valentía de evidenciar el fenómeno corrupto ante el cual estábamos. Aún a costa de su propia vida.

Fue esa noche del 30 de abril de 1984, en el norte de Bogotá, cuando quedó abierta la confrontación entre el Estado y los carteles del narcotráfico y que hoy han adquirido las formas de bandas criminales que todavía amenazan la convivencia ciudadana de las ciudades. Las investigaciones judiciales posteriores señalaron a Pablo Escobar como el autor intelectual y a un joven que no había terminado el bachillerato como autor material del asesinato de esta figura pública.

El expediente señala que los motivos que llevaron a Escobar a ordenar este crimen fueron el deseo de venganza por el golpe propinado a la mafia el 10 de marzo de 1984, con la destrucción del complejo productor de cocaína llamado Tranquilandia y la campaña de Lara Bonilla contra la existencia de los llamados "dineros calientes" en la política. Hay que recordar que para esa época Escobar ocupaba un lugar en la suplencia de la Cámara de Representantes por Antioquia y que las denuncias de Lara fueron determinantes para su expulsión del legislativo.

Antes de asumir el Ministerio de Justicia, este abogado neivano protagonizó una meteórica carrera política que comenzó cuando fue designado alcalde de su ciudad a los 23 años. Como militante del MRL ocupó cargos como Concejal, Diputado, Representante a la Cámara y Senador. Luego se vinculó a la corriente del Nuevo Liberalismo liderada por Luis Carlos Galán, quien también fue asesinado en 1989 como parte de la misma ciega violencia emprendida por los narcotraficantes contra quienes resistían y denunciaban sus criminales lógicas.
 
Alfonso Gómez Méndez, actual ministro de Justicia, recuerda a Lara como un hombre frentero y de principios. Durante los distintos actos conmemorativos en memoria de Lara, Gómez Méndez afirmó que “Rodrigo alertó al país sobre el fenómeno del narcotráfico, en una sociedad, si se quiere, laxa con este tema”.

“Recuerdo que mucha gente lo acusó de tener actitudes paranoicas. La historia le daría la razón”, dijo y agregó: “Cuando lo mataron, el rector del Externado, Fernando Hinestrosa, dijo que todos lo habíamos dejado solo”.
 
Tal vez ese sea el legado más importante de Rodrigo Lara Bonilla: la rectitud inquebrantable con la que se enfrentó al poder desmesurado de las mafias del narcotráfico, a pesar de que muy pocos lo siguieran. Hoy, luego de 30 años en los que no han cesado las muertes cobradas por esa guerra, bien vale la pena recordar figuras como la de Rodrigo Lara Bonilla que con su vida combatió la cultura de ilegalidad que promueve el narcotráfico.