Una fecha que reivindica la necesidad de una Colombia más igualitaria y justa

El primero de mayo es una verdadera fiesta mundial que reconoce el papel de los trabajadores en la sociedad. Celebrado por primera vez en 1890, el día del trabajo es la única fiesta surgida de las clases obreras, la cual forma parte del calendario de días no laborales en más de cien países del mundo.

Foto: Archivo Semana

Junto a las fiestas religiosas y a las cívicas o patrióticas, el primero de mayo se muestra como una conmemoración surgida ‘desde abajo’, una exaltación de las luchas obreras en búsqueda de la igualdad social y mejores condiciones laborales para la clase trabajadora. En Colombia, no obstante, es una fecha que debe invitar a la memoria y la reflexión.

Una fiesta obrera

Fue en la reunión de los congresos de la Segunda Internacional  Socialista en París, en junio de 1889,  que los partidos asistentes pidieron que se celebrara una manifestación internacional de trabajadores y, simultáneamente, que se exigiera en cada país una ley que limitara la jornada laboral a 8 horas. Según el historiador inglés Eric Hobsbawn, ‘como la Federación Norteamericana del Trabajo ya había decidido celebrar dicha manifestación el 1 de mayo de 1890, debía escogerse ese día para la manifestación internacional’. 

Desde entonces la fecha tomó un carácter de celebración de las reivindicaciones laborales. Irónicamente, el gobierno de Adolf Hitler fue el segundo, después de la URSS en dar a esta fiesta un carácter oficial. El Primero de Mayo se propagó con rapidez por el mundo. Conforme los sindicatos fueron creciendo en miembros y poder, la fiesta obrera cobraba mayor importancia. A Colombia la celebración llegó hace cien años: el Primero de Mayo de 1914 se llevó a cabo en Bogotá por primera vez el Día del Trabajo, con una reunión de obreros y artesanos en el barrio de La Perseverancia.

El Primero de Mayo es tanto  un gesto de afirmación de la clase obrera, como una fiesta. El día del trabajo no se labora. Y no es una paradoja. Para los sindicatos el cese de actividades se interpreta como una huelga simbólica que ha pasado a formar parte central de la vida de la clase obrera y de la identidad laboral. Por tanto, el día mismo es un logro de la clase trabajadora, un espacio de ocio ganado al trabajo.

Muchas cosas han cambiado desde 1890. El poder de los sindicatos mengua año tras año, lo mismo que el número de sus afiliados. Y aunque Hobsbawm dice que ‘para la mayoría de la gente, incluso para los movimientos obreros, las palabras Primero de Mayo evocan el pasado más que el presente’, persiste como una fecha y una fiesta especial, tan universal como el 25 de diciembre o el primero de enero.

La realidad colombiana

Este año se celebran cien años de celebración del Día del Trabajo en el país. Desafortunadamente, esta fiesta adquiere tintes dramáticos cuando se habla de Colombia. Aquí ser sindicalista es una de las profesiones más arriesgadas del mundo.

Un informe coordinado por la Oficina del Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD) señala que alrededor de 2800 sindicalistas han sido asesinados en Colombia entre 1984 y 2012, una tasa de casi 100 por año, con un nivel de impunidad de 94,4%. La entidad también contabiliza 1.292 casos de desplazamiento; 192 atentados; 208 hostigamientos; 216 desapariciones forzadas; 83 casos de torturas y 163 secuestros de sindicalistas. Aunque las cifras han disminuido en los últimos años, siguen siendo alarmantes.

Según informe del investigador José Vidal Castaño, Colombia es el país del mundo con el mayor número de asesinatos de sindicalistas, concentrando el 63 por ciento de los casos durante la última década. Fecode, Sintrainagro y la USO, son las organizaciones más afectados por la violencia. Sólo estos tres sindicatos concentran el 64,6 por ciento de los casos de asesinato en todo el país entre 1984 y 2010. Por su parte, Antioquia es de lejos el departamento más afectado por la violencia antisindical, concentrando cerca del 47 por ciento del total de casos de asesinato de sindicalistas entre 1984 y 2010.

En nuestro país el asesinato de líderes obreros es un drama regular, aunque silencioso. La grave crisis humanitaria que vive el país -la mayor de todo el hemisferio occidental-, tiene en la tragedia sindical y el ambiente hostil para el ejercicio del sindicalismo, una de sus manifestaciones. Se trata de la misma violencia y los mismos actores que atentan contra las organizaciones campesinas y defensoras de derechos humanos; actores que provienen de la derecha y, en menor medida, la izquierda del espectro político. 

En Colombia el paramilitarismo y sus herederos han sido y siguen siendo los principales autores de las hostilidades. En los casos donde los agresores han sido identificados, la responsabilidad, en la mayoría de los asesinatos, recae sobre los grupos armados de la derecha. A diferencia de otros países, la sociedad colombiana tiene una visión negativa de los sindicatos, lo cual favorece la intolerancia y la agresión contra sus voceros. 

El 50 por ciento de los sindicatos se agrupan en tres centrales obreras: la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), la Confederación General de Trabajadores (CGT), y la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC). La CUT es la central más grande, al concentrar el 65 por ciento de todos los trabajadores sindicalizados. Además de la violencia, existen dificultades administrativas para el ejercicio sindical. Las barreras para el registro de sindicatos son considerables, además de ser este el único país en América Latina en el que el gobierno tiene la facultad de disolver un sindicato por vía judicial.

Todo ello ha reducido el poder de los sindicatos en nuestro país. Las convenciones colectivas en Colombia van en retroceso y disminuye el porcentaje de trabajadores sindicalizados, mientras aumenta la tercerización, la informalidad y la precariedad laboral. 

Los sindicalistas son un grupo vulnerable que requiere del Estado su protección para la reivindicación y defensa efectiva de los derechos laborales. La crisis del sindicalismo y la violencia no opacan la importancia del Primero de Mayo y de las luchas laborales, en el propósito de lograr una Colombia más igualitaria y justa, asuntos que también están relacionados con la reconciliación.