En el campo se cultiva la reconciliación

Dos paros agrarios en menos de un año demuestran que el desarrollo del campo es un asunto clave para la reconciliación del país. Reconciliación Colombia ha encontrado iniciativas que demuestran que un campo productivo y en paz es posible. Estas son las más impactantes.
 

Esta semana los campesinos de Colombia volvieron a las calles. Las dignidades agropecuarias –que reúnen a pequeños y medianos productores del campo– están en paro desde el lunes porque, según ellos, el Gobierno Nacional ha incumplido los acuerdos que pusieron fin a las protestas campesinas de agosto del año pasado. 

Adicionalmente la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular, que reunió a 4.000 representantes campesinos, afros e indígenas en marzo, se unirá a las protestas el lunes 5 de mayo y publicó un documento con ocho exigencias para el gobierno en temas como zonas de reserva campesina, cultivos de coca y derechos políticos. 

Los representantes de las Dignidades Campesinas calculan que las protestas han movilizado a cerca de 100.000 personas en al menos seis departamentos, especialmente en Huila y Cauca.  

Y aunque las protestas  no han logrado convocar  la misma cantidad de personas que salieron a las calles en agosto del año pasado, sí volvieron a poner sobre la mesa los problemas estructurales que atraviesa el campo en Colombia. 

Las importaciones, el contrabando, el precio de los insumos y el abuso de los intermediarios en las cadenas de valor siguen siendo el mayor dolor de cabeza para los agricultores, que se quejan de que se están muriendo de hambre porque su actividad no es rentable y les genera más deudas que ingresos.  Es por eso que cafeteros, arroceros, paperos, cacaoteros, paneleros y lecheros, entre otros, piden subsidios del Gobierno para asegurar la producción y se quejan de los Tratados de Libre Comercio (TLC) de Colombia con otros países.

Sin duda alguna el tema es clave para el futuro del país, la resolución del conflicto armado y la reconciliación. No en vano el desarrollo agrario fue el primer tema que el Gobierno y las FARC discutieron en la mesa de negociaciones de paz de La Habana. Y es que, como dijo Rodrigo Trujillo, campesino del Putumayo, “el camino para la paz pasa por un campo productivo que genere campesinos tranquilos que no tengan necesidad de hacerle daño a otra persona”. 

La meta es buscar fórmulas que aseguren un campo sostenible en donde los campesinos puedan trabajar la tierra en paz, sacar productos de calidad, tener una comercialización asegurada y una remuneración justa. En otras palabras, un campo productivo. 

Pero mientras el Gobierno busca la manera de llegar a ese objetivo, Reconciliación Colombia ha identificado organizaciones sociales y empresas locales que ya están trabajando iniciativas en regiones específicas que demuestran que un campo productivo y en paz sí es posible.

Esta es una selección de las tres iniciativas más impactantes:

El modelo Vallenpaz (Cauca y Valle del Cauca)

A raíz de la violencia que el Valle del Cauca vivió a finales de los 90 –especialmente por el secuestro de 285 personas en la iglesia la María, al sur de Cali, por parte del ELN en 1999–, un grupo de caleños decidió buscar fórmulas para acabar con la violencia en la región. Rodrigo Guerrero, quien hoy es alcalde, propuso enfocar el trabajo en atacar las raíces de la guerra y no las consecuencias.

La epidemia de la violencia en Colombia, vista con los ojos del médico Guerrero, tenía su origen en el campo y en los problemas de los campesinos, así que atacar las causas de la guerra no era otra cosa que atender las necesidades de los agricultores. Así nació Vallenpaz, un modelo de desarrollo para el campo, cuyo éxito está en haber logrado articular a varios empresarios vallecaucanos –que son quienes donan recursos todos los años– y a la sociedad civil. 

Basada en un fundamento de alta productividad para el campesino, Vallenpaz llega a las comunidades agrícolas que han sufrido por el conflicto, dialoga con ellos para encontrar la problemática en su labor agrícola y las posibles soluciones, los capacita para que se conviertan en empresarios de sus tierras y en sujetos políticos, y les ayuda a implementar herramientas para tecnificar su labor.  

La comunidad es quien toma las decisiones, pero la ONG hace un acompañamiento constante hasta que la productividad del campo en ese lugar mejora. Adicionalmente, los animan para que sean líderes comunitarios y los capacitan en temas de resolución pacífica de conflictos. 

El siguiente paso fue atacar el problema de la comercialización. La idea era quitar los intermediarios que llevan el producto desde la finca de los campesinos hasta los consumidores y para eso crearon una marca propia de productos hechos por las comunidades: ‘Cosechas de paz’. Con publicidad y estrategias de mercadeo, como la de ‘La fuerza de los alimentos’, comenzaron a incitar a los consumidores a que compraran la marca propia de los campesinos, que reciben toda la utilidad. 

A la fecha Vallenpaz ha beneficiado a 12.000 familias y hoy acompaña proyectos en 30 municipios de Valle y Cauca. Actualmente, además, planea crear un operador logístico propio (manejado por los propios campesinos) que se encargue de comprar los alimentos en las fincas y llevarlos a los supermercados.  


La fórmula de la pimienta (Putumayo)

250 familias campesinas del Putumayo se cansaron de sembrar coca en 1998. A pesar de la bonanza económica que les daba el cultivo ilegal, vivían en medio de la desconfianza, el miedo, el derroche, el egoísmo y la violencia. Pero para dar el paso, necesitaban un cultivo que les garantizara los recursos necesarios para sobrevivir. 

Por eso viajaron a Caquetá a estudiar los cultivos de caucho, y allí un ingeniero ecuatoriano les habló de la pimienta. Una comisión de campesinos viajó al vecino país y trajo algunas muestras. El producto se adaptó bien a la tierra putumayense: la mata producía cada 15 días  y el producto salía con buena calidad. 

El Plan Colombia aprobó entonces un proyecto para financiar cultivos de pimienta, caucho y maderables a 250 familias de la región. La producción de pimienta fue numerosa y en 2003, cuando notaron que el mayor problema era la comercialización del producto, la USAID les ayudo a conformar Condimentos Putumayo S.A., una empresa manejada por los campesinos con su propia planta de producción en Villagarzón  (Putumayo). 

No estuvieron exentos de problemas: algunos campesinos mantuvieron matas de coca en sus tierras y cuando los aviones pasaron fumigando los cultivos ilícitos, dañaron también la pimienta. Muchos quebraron ahogados por las deudas con el banco y desistieron del proyecto. Las 250 familias se redujeron a 60.

Pero el proyecto tomó impulso en 2009 gracias al apoyo de la empresa privada. En una feria de productos organizada en Bogotá, los representantes del restaurante WOK, especializado en comida oriental, se interesaron en la pimienta de la empresa y desde ese momento se volvieron clientes. Luego vino el interés de otros restaurantes: Harry Sasson, Archies y Crepes & Wafles. 

Hoy, Condimentos Putumayo produce pimienta verde, negra, blanca, gourmet, en pepa o molida, y está comenzando la siembra de cúrcuma y otras especias exóticas. Los campesinos, que son los dueños de la empresa, son los principales beneficiados: el kilo de pimienta lo pagan a 11.000 pesos y en un mes pueden recoger hasta 300 kilos (o más). La iniciativa, además, recibe el apoyo económico y logístico de la petrolera Gran Tierra Energy, de la embajada de Canadá y de la ONG MercyCorps.

A futuro quieren sembrar otras 180 hectáreas que beneficien a 120 familias nuevas, y quieren comprar una bodega en Bogotá, para tener donde guardar el producto para la venta. Además, montaron la iniciativa de ‘Empresarios Agrícolas por la Paz’, con la que quieren apoyar la siembra de otros productos como la piña y el caucho. El modelo ya lo tienen claro: los ‘gerentes’ deben ser los propios campesinos, el apoyo económico de entidades multilaterales y empresas privadas es importante, y es necesario tener una estrategia de comercialización propia (sin intermediarios).

La leche de la Macarena (Meta)

La serranía de la Macarena, ubicada en los Llanos Orientales, ha sufrido los impactos del conflicto armado desde hace varios años. Pero los campesinos de la zona han resistido los embates de la violencia. Ellos viven sobre todo de la ganadería y una de sus principales entradas económicas es la producción de leche. 

Sin embargo, problemas con los insumos, las importaciones de leche más barata, la falta de conocimientos técnicos han llevado a la crisis a muchos lecheros de la zona (y del país). En ese contexto, Alquería, una de las empresas lácteas más grandes de Colombia, decidió implementar un proyecto para mejorar la producción de los pequeños y medianos campesinos de la región de la Macarena.

Lo primero que hicieron fue hablar con la comunidad. En un encuentro con líderes de los 5 municipios de la serranía, escucharon los problemas que aquejaban a los campesinos y sus principales necesidades. Luego crearon un plan piloto llamado ‘Planes Finca’, en el que escogieron a 5 familias campesinas para implementar un proceso de mejoramiento productivo en sus fincas. 

A ellos los ayudaron a diseñar estrategias y actividades que les permitieron mejorar su producción. Saúl Neira, por ejemplo, cuenta que en su finca estaba dividida en dos potreros que se estaban quedando sin pasto, pero que con el programa logró dividirla en 34 con una fórmula rotacional. De esa forma pasó de ordeñar 7 vacas a 20, y de producir 20 litros de leche a 80. 

Con experiencias similares, el programa se dio a conocer con otros campesinos de la zona, y actualmente trabajan con 13 organizaciones de campesinos y 1400 productores. Uno de los pilares del programa es que las familias son quienes toman las decisiones. Los agrónomos y veterinarios de Alquería sólo asesoran y canalizan las ideas de los campesinos, con planes específicos para mejorar los sistemas de alimentación, producción y carga animal. La idea es mejorar la producción y disminuir los costos para aumentar los ingresos.

450 campesinos, además, están en cursos con el SENA para capacitación técnica. Y 13 jóvenes de la comunidad están formándose como tecnólogos agropecuarios. 

Otro componente importante es la comercialización de la leche. Alquería garantiza la compra del 100 por ciento del producto a los campesinos lecheros, que de esa manera han mejorado su calidad de vida, producen más leche y aprenden cómo manejar una finca de manera sostenible.