Una educadora lucha por mantener a los niños a salvo del conflicto

Una docente nacida en Ocaña (Norte de Santander) ha encontrado métodos eficaces para luchar contra la delincuencia y el reclutamiento forzado de menores de edad.

Publicada en la cuarta edición de la revista Reconciliación Colombia
Foto: Juan Carlos Sierra.

 
La educadora Ana Isabel Pino está obstinada por la paz. Como rectora de la Institución Educativa Guillermo Quintero Calderón en Convención (Norte de Santander), desarrolló proyectos para mejorar la educación de los niños y evitar que cayeran en las redes de microtráfico. Sin embargo, los grupos ilegales consideraron sospechosos esos esfuerzos y en 2006 tuvo que abandonar la población.
 
Su proyecto bandera fue sacar adelante a los niños desnutridos y abandonados por sus padres, que además sufrían el maltrato psicológico de algunos docentes que les exigían rendir más académicamente, “lo que generaba un mayor rechazo hacia la educación”, cuenta Ana Isabel. Entonces, comenzó a hacerles un seguimiento nutricional a los menores, asegurándoles cuatro comidas al día: desayuno, media-mañana, almuerzo y comida a quienes estudiaban por la noche. “Con esto pasaron de obtener un nivel inferior a uno superior en las pruebas de Estado”, resalta.
 
Otra estrategia fue llevar a los docentes a conocer dónde vivían los estudiantes, los dispendiosos trabajos a los que algunos estaban obligados a hacer y las precarias condiciones en las que vivían. Esto repercutió inmediatamente en la manera como los profesores trataban a sus alumnos.
 
Ana Isabel no es ajena a la violencia. Sus abuelos fueron desplazados de Pelaya (César, a 54 kilómetros de Convención) y tres de sus ocho hermanos han sido secuestrados. Todo esto la impulsó, desde su experiencia como profesional en filosofía y letras especializada en pedagogía, a buscar nuevas estrategias para hacer y pensar la educación en un marco de paz. Así, se fue convirtiendo en una ‘piedra en el zapato’ para los grupos armados en Norte de Santander.
 
Luego de las amenazas recibidas en Convención, Ana Isabel se radicó en Ocaña, donde en 2009 fue nombrada secretaria de Educación. En esa población desarrolló políticas de enseñanza preventivas encaminadas a proteger a los menores, como el proyecto del Bachillerato pazicultor, iniciativa que partía de una premisa sencilla: los estudiantes no tenían que ir al colegio sino que los docentes les daban clase en sus hogares para no exponerlos. Con esto lograron salvar la educación secundaria de cerca de 150 jóvenes del microtráfico, que les prometía dinero fácil y rápido.
 
En 2011 Ana Isabel quiso regresar a Convención, pero las amenazas aparecieron con más fuerza y tuvo que volver a huir. La Comisión Nacional de Servicio Civil la trasladó a Bucaramanga, donde reside hoy. Ahora, como directora de la institución educativa Santa María Goretti, desarrolla un plan de trabajo y conforma su equipo para retomar su labor enfocada en que los niños y jóvenes en la capital santandereana no caigan en la ilegalidad. Su mantra sigue siendo el mismo: “Estoy convencida de que la educación es el mejor salvavidas para los jóvenes”.