"Seguir con odios es seguir mentalmente secuestrado"

Durante ocho años el político caldense Óscar Tulio Lizcano estuvo en manos de las Farc y en octubre de 2008 se fugó con uno de sus captores. Su cautiverio le dejó lecciones sobre las motivaciones de la guerra, la reintegración y la reconciliación.

Publicada en la cuarta edición de la revista Reconciliación Colombia
Foto: Carlos Pineda.

 
¿Qué es reconciliación para usted?

Es reconocer al otro en medio de la diferencia, con sus defectos, con su culpabilidad, con sus deseos de cambiar.
 
¿Cuáles son los mayores retos que enfrenta la sociedad en materia de reintegración?

Experiencias internacionales como Sudáfrica o Ruanda nos enseñan que el tema del perdón es uno de los aspectos más complicados en situaciones de violencia. Perdonar en una sociedad como la colombiana es difícil, muy pocos están en condiciones de hacerlo. Todavía la herida está abierta, pero si uno no perdona es muy difícil que los desmovilizados puedan reintegrarse.  El que perdona no es el Estado a través de una amnistía, el que perdona es la víctima y esa es una acción de años.
 
¿Quiénes deben participar en esa reintegración?

Todos. Sin embargo, en el empresariado y en las universidades recae una gran responsabilidad. El empresario debe confiar y dar oportunidades. Hay que capacitarlos para que encuentren estabilidad. Y las universidades deben formarlos. En ellas recae la responsabilidad de construir una cultura del perdón, porque sus espacios de socialización son el tipo de entornos donde ésta puede gestarse.
 
¿Estas personas merecen una segunda oportunidad?

Quienes se desmovilizan merecen todas las oportunidades. Si ellos tienen la voluntad del arrepentimiento y les piden perdón a sus víctimas con sinceridad, merecen un nuevo comienzo. Es necesario que la víctima conozca las ventajas del perdón. Sin ese entendimiento por parte de ambos es muy difícil que se geste una reconciliación.
 
¿Puede haber reconciliación en medio del conflicto?

Los diálogos de La Habana nos van a ayudar a pactar unos pasos hacía la transformación estructural que necesita nuestra sociedad, pero en ellos no radica nuestra capacidad de reconciliarnos. Si bien es cierto que reconocer al otro en medio de la diferencia será más fácil si no hay guerra, la reconciliación puede también darse a nivel individual entre una víctima y un ex victimario. En mi caso existe la reconciliación porque yo ya perdoné mil veces, hablo con mis carceleros y a algunos los visito en prisión.
 
¿Cuál cree usted que es el punto de partida para la reconciliación?

El perdón. Como víctima, creo que los que hemos sufrido la guerra tenemos que esforzarnos por entender las causas que motivaron a nuestros victimarios a hacer parte de ella. Seguir con odios, en el caso mío, es seguir mentalmente secuestrado. Con el perdón a mis captores me liberé internamente.
 
¿Qué aprendió de los guerrilleros que conoció en su cautiverio?

Al verlos durante más de ocho años y conocer un poco de sus vidas aprendí que definitivamente la educación es la clave para evitar la violencia. La falta de oportunidades puede llegar a ser el mayor enemigo de la paz. Si no hacemos algo al respecto corremos el riesgo de jamás salir del círculo vicioso de la guerra.