Testimonios de la reconciliación cautivaron a público de Bogotá

El espontáneo y emotivo abrazo que Luis Moreno le ofreció a César Montealegre frente a 400 personas reunidas en el hotel Sheraton de Bogotá bien puede resumir la intensa jornada que este jueves buscó arrancar sensibilidad en un tema crucial, pero esquivo para nuestro país: la reconciliación.

Foto: Carlos Julio Martínez.

No era cualquier abrazo. Se trataba de una persona arrepentida del uso de las armas y quien durante su militancia en la guerrilla vio pasar las horas y los días de muchos hombres y mujeres secuestrados por las Farc, como fue el caso de César.

Por eso dijo que, aunque era insuficiente, no encontraba otra forma de agradecerles a Dios y a César el hecho de haber podido rehacer su vida y desandar los pasos para hoy ser un hombre distinto, ya desmovilizado.

Este no es un gesto de poca monta. Como tampoco lo es el protagonizado por la joven Jeny Castañeda, quien perdonó a Ramón Isaza porque permitió que hombres del Magdalena Medio bajo su mando mataran a su mamá, una líder comunitaria de Puerto Triunfo que se enfrentó al poder de los paramilitares en esta región, en otra época bastión de esta temida fuerza que patrocinaron incluso autoridades civiles y de la Fuerza Pública locales.

Menos aún, el del empresario Maurice Armitage, presidente de la Siderúrgica de Occidente, dos veces secuestrado y quien decidió, en todo caso, quedarse en la tierra vallecaucana e inculcarles a sus nietos el amor por su patria y por el prójimo. Hoy tiene una fundación que lideran sus hijas y que trabajan por los sectores deprimidos de la región.

Algo está pasando cuando en Colombia florecen estos casos que el estudioso John Paul Lederach etiqueta bajo la expresión “resiliencia”. “La reconciliación plantea el horizonte de entrar a redefinir nuestras relaciones”, explicó recientemente a la iniciativa Reconciliación Colombia.

Por eso es que el padre Leonel Narváez, miembro del comité directivo de esta iniciativa que agrupa a más de 40 aliados de la sociedad civil, invitó a todos los presentes, interesados en la construcción de un país distinto al de los agravios y la violencia, a desaprender la desesperanza que también retroalimenta “la rabia, la retaliación, el odio”. En cambio, avivó a los asistentes a despertar los sentimientos de bondad y de compasión por el otro, apelando a “las profundas vibras” del ser humano. “El futuro es ya”, comentó en un intento por persuadir al gran auditorio a construir aquí y ahora el país distinto que queremos.

Reconciliación Colombia trajo a todos estos líderes y lideresas y reunió a este gran auditorio para que escucharan lo que está pasando en los territorios para pasar de la reflexión a la acción. Este es un repaso a lo que pasó:

El inicio: “el país está en un momento crucial”

“Colombia se encuentra en un momento crucial y paradójico. Mientras el Gobierno y las Farc están tratando de concretar un acuerdo de paz, el país vive una extrema polarización política. Mientras que en las regiones muchas comunidades están trabajando por la reconciliación, la intolerancia, el maniqueísmo y los odios viscerales entre los líderes políticos ocupan los titulares de los medios de comunicación. De ahí la importancia de proyectos como Reconciliación Colombia”.

De esta manera, Alejandro Santos dio inicio al encuentro nacional de esta iniciativa de la sociedad civil este jueves.

Durante su intervención, el director de la revista Semana y miembro del comité directivo de Reconciliación Colombia, recordó que esta iniciativa nació con el objetivo de abrir espacios de entendimiento entre los distintos actores que hacen parte de la sociedad colombiana. “En ese sentido, el balance ha sido positivo porque nos hemos dado cuenta de que sí es posible escucharnos a pesar de las profundas diferencias que existen entre ellos”, afirmó Santos.

También resaltó que este proyecto se propuso abordar este tema desde una perspectiva regional y esa es su principal riqueza. Durante nueve meses se realizó una investigación en más de 90 municipios del país que incluyó una 540 reuniones y la documentación de 508 proyectos de reconciliación que desde hace por lo menos dos décadas se están adelantando en las regiones, muchas de estas en solitario y sin que la mayoría de los colombianos lo sepan. “Hasta el momento hemos logrado la visibilización de estos procesos pero hacen falta esfuerzos para articularlos, así como que sus aprendizajes se trasladen a los ámbitos de decisión política”, reconoció.
 
“No podemos estar condenados a otros 50 años de violencia”: Angelino Garzón

En el encuentro, intervino también el vicepresidente de Colombia, Angelino Garzón, quien señaló de entrada que los esfuerzos por la reconciliación del país tienen muchos enemigos. En primer lugar está la violencia causada por los grupos armados ilegales que siguen actuando en varios lugares del país. En segundo lugar está la corrupción que practican muchos servidores públicos aliados con miembros del sector empresarial, como aquellos contratistas que se benefician de las clientelas. Garzón comentó que este fenómeno es antidemocrático y su existencia propicia la continuidad de la violencia, así en Colombia muchos sectores no hallen relación entre violencia y corrupción.

Garzón también mencionó la intolerancia como uno de los factores  que impiden la reconciliación del país. Para el Vicepresidente el nivel de polarización es evidente en el lenguaje.  “Con la palabra se hace a veces más daño que con las armas”, dijo.

Por último, Garzón afirmó que la equidad social es uno de los requisitos fundamentales de la reconciliación. “La pobreza y la miseria son contrarias a la paz, hay que redistribuir la riqueza para lograr la justicia social”, concluyó.

Del diálogo a la acción

Ximena Botero, coordinadora del proyecto Reconciliación Colombia, presentó las conclusiones generales de los cuatro encuentros regionales que precedieron a este gran encuentro nacional. Una de las enseñanzas que ha dejado este proceso, comentó Botero, es que la reconciliación consiste en escuchar al otro. Y en ese sentido, es importante desarmar la palabra y empezar a utilizar un lenguaje propositivo que rescate los puntos comunes y construya a partir de estos.

Otro aspecto que fue mencionado de manera recurrente en los encuentros regionales es la necesidad de reconstruir las relaciones de confianza entre los ciudadanos y entre estos y las instituciones. Para lograr este propósito es imprescindible derribar los estigmas y los prejuicios que median las relaciones interpersonales entre los colombianos.

Si algo ha quedado claro en este proceso es que no existe un solo significado para la reconciliación. Esta depende de dos esferas: la personal y la grupal, y ambas varían en cada contexto. No es lo mismo para los afrodescendientes que habitan el Chocó que para los indígenas del Cauca, ni para los campesinos de la zona andina. Sobre este tema hay distintas interpretaciones que deben ser tenidas en cuenta para lograr un verdadero proceso de reconciliación en Colombia.

La coordinadora de la iniciativa también recordó que la reconciliación es un proceso de largo plazo que nace del consenso entre los ciudadanos y por ello no puede ser impuesto desde arriba. De ahí que trascienda al conjunto de la sociedad y no solo involucre a víctimas y victimarios. “No hay un modelo único que pueda ser aplicado en todo el país. La reconciliación debe surgir desde las localidades teniendo en cuenta las peculiaridades de cada territorio”, afirmó Botero.

Todo lo anterior implica un conjunto de retos de cara al futuro. Tal vez el más importante sea la necesidad de emprender un ejercicio de pedagogía que permita entender cuál es el papel de cada uno de los actores sociales en la reconciliación. Así mismo, hay que involucrar a las nuevas generaciones en este propósito nacional y buscar la articulación de todas las iniciativas para que no se queden como ejercicios aislados en los territorios. Por último, la reconciliación requiere que se construyan nuevas ciudadanías que superen las lógicas de la guerra y de la violencia como formas de relación social.
 
Lo que viene…

Con el encuentro nacional de Reconciliación Colombia termina la primera fase de la iniciativa que reúne a empresa privada, organizaciones sociales, cooperación internacional y medios de comunicación. Pero aún hay mucho por hacer. En el gran encuentro nacional realizado en Bogotá se anunciaron los pasos que vienen para la segunda etapa del proyecto que busca pasar del diálogo a la acción.

Por esta razón, este jueves se anunció que después de nueve meses de trabajo, cuatro encuentros regionales y un gran encuentro nacional, Reconciliación Colombia da inicio a una nueva fase. En ésta etapa habrá reconocimientos y fondos que ayudarán a que las experiencias de reconciliación se concreten y se repliquen, lo que implica apoyar acciones concretas que aporten de forma significativa a la construcción de un país con menos violencia, estigmas y odios.

El primer incentivo que se anunció para la segunda etapa es el Premio Reconciliación que se otorgará  a los alcaldes y a los gobernadores que se destaquen en la promoción y ejecución de políticas y procesos de reconciliación en sus regiones.

Este premio lo otorgará Reconciliación Colombia en alianza con Colombia Líder, una organización que en los últimos años se ha dedicado a monitorear, evaluar, acompañar  y destacar a los mejores alcaldes y gobernadores del país, con el fin de fomentar el control social de su gestión e incentivar la réplica de prácticas exitosas. El Premio Reconciliación evaluará la ejecución de las políticas propuestas por los mandatarios locales que promuevan o faciliten los procesos de reconciliación y que generen capacidades en los ciudadanos en ese camino.

Para elegir al ganador se tendrán en cuenta los resultados en áreas como el retorno, la memoria y la educación  y la sostenibilidad y replicabilidad de las políticas.  La idea es que sean políticas innovadoras, que generen una mayor inclusión social y que conviertan la reconciliación en una política pública de largo plazo. La convocatoria cierra el  30 de agosto de este año, y el premio se otorgará en marzo de 2015.

El segundo incentivo que hará parte de esta nueva etapa está enfocado al sector empresarial y el gran aporte que éste puede hacer en el camino hacia la reconciliación. El coordinador del área de Desarrollo, Paz y Reconciliación del PNUD, Alessandro Preti, anunció que la ONU otorgará un reconocimiento a las empresas que están comprometidas con la reconciliación del país y que contribuyen a ese fin a través de acciones e iniciativas empresariales concretas. “Es un reconocimiento de la importancia y el rol de las empresas en el desarrollo humano, la construcción de paz, y la reconciliación en Colombia”- agregó Preti.

La idea es destacar las iniciativas empresariales que incluyan poblaciones de víctimas en todas sus expresiones, excombatientes, comunidades receptoras de población desplazada o de desmovilizados, o niños y jóvenes que han participado en el conflicto armado. Estas iniciativas deben contribuir a temas como el desarrollo sostenible, la promoción y protección de derechos humanos, derechos e identidad de los grupos étnicos o el desarrollo económico incluyente, entre otros. A partir de junio se recibirán las postulaciones y en marzo de 2015 se entrega el reconocimiento a las empresas que se destaquen por su compromiso con la reconciliación y la construcción de paz.

Las iniciativas de la sociedad civil también recibirán un impulso significativo en la nueva fase. Felipe Arango, socio de BSD Consulting, anunció que, con el apoyo de Reconciliación Colombia, la consultora creará un fondo dedicado a los proyectos de reconciliación en el país. Éste será una base para motivar a los diferentes sectores y ayudarlos a pasar del diálogo a la acción. “Queremos canalizar capitales para fortalecer, replicar y escalar las experiencias exitosas”- señaló Arango. La idea es que el fondo ayude a optimizar la deuda de las empresas y organizaciones que tienen iniciativas enfocadas en la reconciliación y que les ayude en su financiamiento. Para esto, la consultora está creando una base de datos para identificar la iniciativas existentes y la escalabilidad de las mismas para incentivarlas y, posiblemente, tratar de replicarlas. Arango señaló que el fondo aun está en proceso de creación, “todavía necesitamos muchos aliado, pero por ahora podemos empezar invirtiendo todas nuestras energías hacia el perdón, la compasión, el amor y la reconciliación”.

Los tres anuncios dejaron muchas expectativas. Este es el siguiente paso que debe dar la sociedad para avanzar en la construcción de un país reconciliado. El camino, sin duda, es largo, pero aportes como estos darán un gran impulso y mucha energía a todas las personas que le están poniendo el pecho a la reconciliación del país.