La reconciliación implica saldar la deuda con los afrocolombianos

En mayo se celebra el mes de la afrocolombianidad. Es una oportunidad para entender que el respeto por sus derechos y tradiciones es un requisito de una reconciliación sostenible.

Foto: Federico Ríos

No hay duda de que los afrodescendientes han sido una de las poblaciones más afectadas por el conflicto armado en Colombia. Basta con recordar las masacres de Bojayá en el Chocó, el Naya en el Cauca, Satinga y el Charco en Nariño, Urabá y Machuca en Antioquia, los Montes de María en Bolívar y Buenaventura en el Valle. En todas ellas el mayor número de víctimas eran integrantes de estas comunidades.

Según la Asociación de Afrocolombianos Desplazados (Afrodes), entre 1997 y 2012 más de un millón de afrodescendientes fueron expulsados de sus territorios y hoy viven en una situación de exclusión y marginalización mucho más profunda. Sin embargo, estas poblaciones no solo han sido víctimas directas del conflicto armado. También resisten y tienen propuestas para salir de esta situación. Por eso, en el mes de la afrocolombianidad, Reconciliación Colombia quiere rendirles un homenaje a esos luchadores que dan ejemplo con sus historias de vida.

Los afrocolombianos han sido parte importante de los encuentros de Reconciliación Colombia. Muchas personas pertenecientes a estas comunidades han tenido la oportunidad y la generosidad de contar sus experiencias en estos espacios de diálogo y reflexión. A continuación presentamos los perfiles de cuatro personas cuyos testimonios dejaron una profunda huella en los asistentes a estos encuentros, no solo porque perdonaron a sus victimarios sino porque ponen de presente que la reconciliación implica una serie de transformaciones que les permitan incluirse de una manera digna en el conjunto de la sociedad.

El abrazo al victimario

“La mujer ha sido la más afectada en esta guerra. Es el botín, es a la que violan, a la que ponen a cocinar, la que pare los hijos que se llevan”. La frase es de Yolanda Perea, una lideresa de Riosucio (Chocó) que fue violada por un guerrillero de las FARC cuando apenas tenía 11 años. Meses después, como si fuera poco, asesinaron a su mamá, quien se había atrevido a reclamarle al Comandante del frente que opera en la zona, y desplazaron a toda su familia.

En 2012, mientras contaba su historia en el Bus de la Memoria, abierto al público en Medellín, se encontró cara a cara con un miembro del mismo frente de las FARC que la violó, quien confesó haberle hecho lo mismo a varias mujeres de la zona. Ella no reaccionó violentamente sino que le dio la bienvenida y le dijo que había que “trabajar juntos para salir adelante”. Ese día se dio cuenta que ya había perdonado.

Yolanda estuvo en el primer encuentro de Reconciliación Colombia presentando su trabajo con las víctimas de la violencia en Riosucio. Allí se quejó de la actitud de los empresarios frente al tema de la reconciliación y pidió más trabajo en conjunto: “Unámonos, sigamos trabajando y construyamos tejido social. La violencia nos afecta a todos”.

“Las comunidades afro no se oponen al desarrollo, solamente exigen que sus intereses sean tenidos en cuenta”: Aristarco Mosquera

Aristarco Mosquera es el representante de las comunidades negras del Chocó en el Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico y delegado de la Autoridad Nacional Afrocolombiana para la concertación de políticas y consulta previa de leyes. Eso lo hace un experto en defender los derechos de las comunidades negras sobre el territorio en el que habitan. De hecho, fue uno de los impulsores del artículo transitorio 55 de la Constitución Política que luego dio origen a la Ley 70 de 1993, conocida como la “ley de negritudes”.

Mosquera también es el coordinador del programa Oro Verde, con el que implementa estrategias de minería responsable en el departamento. Por eso es crítico de las empresas transnacionales mineras que llegan al departamento a explotar los recursos sin tener en cuenta a las comunidades. Aristarco estuvo en el primer encuentro de Reconciliación Colombia. Allí defendió el derecho de las comunidades étnicas sobre su territorio y dijo que parte de la reconciliación es que los gobiernos y los empresarios los tengan en cuenta y utilicen la consulta previa.

La reconciliación implica acabar con la desigualdad económica

Deicy Elena Bermúdez es una abogada especializada en resolución de conflictos y no-violencia. Desde Fedeafro, la Federación de Consejos Comunitarios y Organizaciones Afrocolombianas, Bermúdez intenta promover el desarrollo socioeconómico de la población afrodescendiente en Colombia. Su labor se centra en conseguir alianzas estratégicas con instituciones educativas y gubernamentales para que las personas vinculadas a Fedeafro venzan la doble estigmatización de ser víctimas del conflicto y miembros de su etnia. 

En el primer encuentro regional de Reconciliación Colombia, Bermúdez manifestó que las organizaciones que trabajan por este tema lo hacen muchas veces sin recursos y bajo la presión de las amenazas. Recordó también que no se puede hablar de reconciliación solo en el marco del conflicto armado, ignorando que el país se ha construido sobre la base aceptar la inequidad y el conflicto como algo natural. “No podemos hablar de reconciliación si no atacamos las causas primarias del conflicto y nos quedamos solo en las consecuencias”, concluyó.

“El joven de Tumaco y los jóvenes de todo el país tienen mucho que aportar en este proceso de reconciliación”: Francisco Colorado 

Francisco Colorado es el director de la Fundación Juvenil de Tumaco. Durante el segundo encuentro regional de Reconciliación Colombia hizo un llamado para que el país vuelque sus ojos hacia esta población, gravemente afectada por el narcotráfico y el conflicto armado. “¿Cómo podemos hablar de reconciliación con un Estado que no se acuerda de los tumaqueños?”, se preguntó Colorado en esa ocasión.

Más allá de cuestionar las acciones estatales hacia su territorio, Colorado invitó a todos los colombianos a ver todo el potencial que tiene Tumaco y en especial los jóvenes de la población, uno de los sectores más afectados con la violencia. En ese sentido, aseguró que la reconciliación tiene que ver con la construcción de ejemplos. “No se puede hablar de una cultura de legalidad cuando los gobernantes son corruptos”, agregó.

Un mes para reflexionar más que para celebrar

De los anteriores testimonios se desprende que las deudas con la población afrocolombiana son grandes y deben saldarse para que la reconciliación sea una realidad. Por eso este 21 de mayo, cuando se celebra un aniversario más de la abolición de la esclavitud, se convierte en el pretexto perfecto para poner de relieve la importancia de estas personas en la construcción de la paz en este país.

Como dice Juan de Dios Mosquera, director de la Corporación Cimarrón, “este mes no debe ser convertido en un carnaval donde las personas afros reproduzcan el estereotipo de folclóricos y rumberos. Es el mes para reivindicar activamente, con cada personaje y acontecimiento, el derecho a la vida con dignidad, el derecho a la paz y la no violencia y el derecho a la superación de los “Cien años de soledad” en donde se tiene sumergido y se marginaliza al pueblo afrocolombiano”.