Dos grandes

Un campesino boyacense y un antioqueño víctima de la violencia, en la cima del ciclismo mundial.

Fotos: Archivo Semana

En la historia del Giro de Italia, ningún colombiano se había puesto hasta ahora la maglia rosa que identifica al líder de la competencia. Este año, han sido dos, Nairo Quintana y Rigoberto Urán, que ocupan además respectivamente los dos primeros puestos en la clasificación general y son los grandes protagonistas de la disputa por el título de esta carrera, que concluye el domingo.

Los dos ya han hecho cosas grandes en el ciclismo: Nairo Quintana, con solo 24 años de edad, ya ha sido subcampeón del Tour de Francia y Campeón del Tour del Porvenir y la Vuelta al País Vasco. Urán, con 27, fue segundo en el Giro de Italia del año pasado, y medalla de plata en la prueba de ruta de los Juegos Olímpicos de Londres.

Nairo Quintana y Rigoberto Urán han vuelto a poner a Colombia en lo más alto del ciclismo mundial, recordando las épocas de Lucho Herrera y Fabio Parra en los años ochenta. Los dos son colombianos humildes, que han surgido con mucho sacrificio y se han convertido en orgullo para el país y para sus regiones, Boyacá y Antioquia.

Nairo, como lo relató una carta escrita por Jorge Enrique Rojas, publicada en El País de Cali, montaba en bicicleta todos los días desde los 12 años para ir a la escuela que quedaba a 18 kilómetros de su casa.

Sus papás, que viven de vender verduras en las plazas de mercado de Cómbita y Arcabuco, pensaron a los tres años que iba a morir porque sufría de un extraño mal, que la cultura popular de la zona atribuía a que alguien que había arreglado a un muerto le había tocado el vientre a su madre durante el embarazo.

Rigoberto Urán, por su parte, como lo narra un artículo publicado en la página web de la Unidad para las Víctimas, recorría en bicicleta con su padre todos los fines de semana los 38 kilómetros que hay entre Urrao y Salgar, en las montañas antioqueñas.

Él, que también fue ciclista, fue asesinado por los paramilitares cuando entrenaba junto a 3 compañeros el 21 de agosto de 2001. En ese momento, Rigoberto tenía 14 años de edad. En 2012, su madre, él y sus hermanos, recibieron la indemnización que les corresponde por su condición de víctimas.

Dos grandes surgidos en condiciones difíciles que muestran lo mucho que los colombianos podemos lograr.