Rigoberto también fue víctima de la violencia

Su padre, amante del ciclismo y quien le enseñó a practicar el deporte, fue asesinado por los paramilitares cuando él apenas tenía 14 años. Al principio, Rigoberto no quiso volverse a montar en una bicicleta, pero después lo hizo como homenaje a él.


En entrevista con la revista Bocas, Rigoberto Urán se describió a sí mismo como “un peladito al que le pasó de todo, como cualquier colombiano, y que se superó”. Y así es. ‘Rigo’, el ciclista antioqueño que ha cumplido un papel destacado en el Giro de Italia, la Vuelta a España, los Olímpicos y los Mundiales de Ciclismo es, como más de seis millones trescientos mil colombianos, una víctima del conflicto armado. Como miles, tuvo que verle la cara a la violencia y encontró fortaleza para salir adelante.

Rigoberto Urán, bautizado con el mismo nombre de su padre, nació el 26 de enero de 1987 en Urrao, un pequeño poblado a 140 kilómetros de Medellín. De niño era desjuiciado, no le gustaba ir al colegio y le atraía la plata. Por ello, tratando de evitar que abandonara el colegio para ponerse a producir, su padre lo invitó a trabajar con él vendiendo el chance por las tardes, después de estudiar.

Rigoberto, el padre, era un aficionado del ciclismo. Montaba para mantenerse saludable y por el placer que le producía. Trabajaba arduamente entre semana yendo casa por casa ofreciendo el chance y la lotería. Y los fines de semana salía a recorrer las montañas antioqueñas en su bicicleta. Cuando ‘Rigo’ tenía 14 años le mandó a soldar una bicicleta vieja que un tío le había regalado, partida en tres pedazos, para que salieran a montar juntos. Al principio al niño no le entusiasmó tanto el cuento de la bicicleta, pero se montaba en ella para darle gusto a su padre y para compartir tiempo con él. Durante meses montaron todos los fines de semana. Recorrían las montañas que comunicaban a Urrao con Salgar, atravesando casi 40 kilómetros. Fue así como su padre lo inició en el ciclismo y le enseñó una lección que hasta el día de hoy recuerda: “lo importante, hijo, no es que me pases y que llegues de primero”, le decía. “Lo importante en la vida es llegar”.

Tristemente, fueron pocos los días en los que montó al lado de su padre. Tres meses después de que le regalara la bicicleta fue asesinado por paramilitares. El 21 de agosto de 2001, Don Rigoberto había salido temprano en su ‘bici’ a entrenar con un amigo; en el camino fue detenido en un retén ilegal de paramilitares que estaban buscando a personas para que los ayudaran a robarse un ganado de un finca. Nunca volvió a su casa. Al regresar del colegio y no encontrar a su padre, ‘Rigo’ cogió su bicicleta y salió a buscarlo por todo el pueblo, sin ningún resultado. Al día siguiente lo encontraron muerto y el pequeño ciclista de 14  años quedó a cargo de su madre y de su pequeña hermana.

Durante los primeros meses después del asesinato, ‘Rigo’ no montó en bicicleta porque le recordaba con dolor a su padre. Sin embargo, pocos meses después, decidió inscribirse en una carrera en su pueblo para hacerle honor a don Rigoberto y a su amor por el ciclismo. Esa primera carrera la ganó con facilidad, y de ahí en adelante no se bajó de la bicicleta. Fue una época dura.
Su mamá se sumió en una profunda depresión de la cuál todavía no se recupera totalmente. Como había quedado a cargo de la manutención de su familia, por las mañanas ‘Rigo’ iba a la escuela, luego llegaba a la casa, salía a vender el chance de puerta en puerta y por las noches cogía la ‘bici’ y salía a entrenar.

Empezó a competir en el Club de Bicicletas de Urrao, y al poco tiempo pasó a ser parte de uno de los mejores equipos de Colombia: Orgullo Paisa. De ahí en adelante “todo salió muy rápido y se logró lo que quería. A los cuatro años ya estaba en Europa”, le dijo Urán a la revista Bocas. Ya con diploma de bachiller, y con su mamá a cargo del negocio del chance, el paisa de años 19 recién cumplidos se fue a vivir a España, con un contrato con el Team Tenax. En su tercera carrera tuvo un accidente y lo mandaron a descansar a Italia a la casa de una familia que se convirtió en su familia adoptiva.

Pasó por diferentes equipos, cosechando varios triunfos, pero también acumulando cicatrices. En el 2007 tuvo un serio accidente en la Vuelta de Alemania en el que se lesionó el área cervical del cuello y se rompió los dos codos, el cúbito y la clavícula. Con el apoyo de su familia adoptiva se recuperó y, como siempre, se volvió a montar en la bicicleta. En el 2008 quedó de segundo en Cataluña y de tercero en Lombardía. En el 2009 corrió su primer Tour de Francia. En los Olímpicos del 2012 ganó una inesperada medalla de plata para Colombia, y el año pasado quedó de segundo en el Giro de Italia y de tercero en el Tour de Omán. Después de cada gran triunfo, al llegar a la meta, ‘Rigo’ alza sus brazos y mira hacia el cielo en agradecimiento a su padre por haberle enseñado que pedaleando se puede salir adelante.

A pesar de la violencia, ‘Rigo’ encontró en el ciclismo la fuerza para superarse. En 2012, el Estado colombiano indemnizó a su familia por el homicidio de su padre. “El caso de ‘Rigo’ es muy emblemático y diciente, porque su actitud sintetiza lo que son las víctimas, es decir, personas con capacidades y talentos invaluables, a las cuales les ocurrió algo que nunca debió pasar”, señaló Paula Gaviria, directora de la Unidad de Víctimas, en un artículo publicado en la página Web de la entidad.

Y es que a pesar de las cicatrices físicas y emocionales, el ciclista ha mostrado que con trabajo, paciencia y apoyo se pueden cosechar triunfos inimaginables. “Yo a él lo admiro mucho en ese sentido. Desde muy pequeño ha empezado a salir adelante”, dijo su madre con orgullo a la Unidad de Víctimas. “A cualquiera le puede pasar, vivir la situación que vivimos nosotros, pero, sin embargo, mire el muchacho dándole muchas alegrías a Colombia, a pesar de los malos momentos que hemos tenido”.

Independientemente de si en las próximas horas tengamos sobre el podio del Giro de Italia a un colombiano, ‘Rigo’ ya representa la gallardía y el empuje que la violencia no logró segar.