Los gestos de reconciliación del papa Francisco para Medio Oriente

Este domingo, el papa Francisco recibió en el Vaticano al presidente israelí, Shimon Peres, y al mandatario palestino, Mahmud Abás, quienes no tenían un encuentro directo desde hace más de un año. La reunión se produjo un mes después del fracaso de las negociaciones entre las dos naciones, promovidas por Estados Unidos.

Foto: Archivo Semana. 
 
La invitación al Vaticano fue además resultado de una visita a Tierra Santa que hizo el papa acompañado por el rabino Abraham Skorka y el profesor musulmán Ómar Abboud.
 
La reunión de este domingo, como la describió el papa Francisco, fue un encuentro para orar, en el que los líderes rezaron juntos, cada uno en su idioma y cada uno en su fe.
 
¿Qué significado tienen estos encuentros? ¿Cuál es el mensaje de reconciliación que busca enviar el papa Francisco al Medio Oriente?
 
El Pontífice ha aclarado que su intervención no busca establecer una mediación para el conflicto del Medio Oriente ni encontrarle soluciones políticas.
 
“Su intención es la de levantar la mirada, mirar al cielo, no a la tierra”, como lo resumió el sacerdote franciscano Pierbattista Pizzaballa, custodio vaticano de Tierra Santa y encargado de organizar el encuentro de ayer, en sus declaraciones a agencias de noticias internacionales.
 
Pese a ello, no puede desconocerse el enorme valor político que tienen estos gestos.

A lo largo de su periplo por Israel y por Palestina, Francisco visitó lugares emblemáticos para los tres credos.  Estuvo en el Muro de las Lamentaciones (uno de los más sagrados del judaísmo), la Explanada de las Mezquitas (el tercer lugar de importancia para el Islam), el Cenáculo (donde según la tradición cristiana se llevó a cabo la Última Cena de Jesús con los apóstoles) y el Jardín de los Olivos, vitales para el credo cristiano.

Francisco también encontró espacio para entrevistarse con Bartolomeo, el patriarca ortodoxo de Constantinopla, celebrando el 50 aniversario del encuentro, el primero en más de 500 años, entre la máxima autoridad de Roma y del mundo ortodoxo, tras el cisma de 1.054.

En tres días de homilías, el papa suramericano se enfocó en Jerusalén, que si bien es actualmente un espacio de confrontación entre israelíes y palestinos (pues, entre otras, es el lugar donde los asentamientos judíos generan más encono), al mismo tiempo, por su importancia y por ser una ciudad universal, Jerusalén es un laboratorio de paz y de reconciliación.

En Cisjordania se refirió a los territorios ocupados por Israel como “Estado de Palestina”. Luego se detuvo ante el muro que separa a Belén de Jerusalén para orar y almorzó con familias que han sufrido con la ocupación en el campo de refugiados de Dheisheh.
 
También tuvo gestos para la otra parte. Francisco estuvo en la tumba de Theodor Herzl, figura fundamental en el movimiento sionista que proponía un estado judío en Palestina. Luego, visitó Yad Vashem, el museo del Holocausto donde abrazó y besó las manos de sobrevivientes del holocausto nazi.
 
Ayer, también en un mismo espacio, rabinos, cardenales e imanes leyeron y cantaron, extractos de la Biblia y El Corán en italiano, inglés, hebreo y árabe.  “Los cuatro no rezan juntos, sino que están juntos para rezar”, dijo Pizabella.
 
Aunque aún está lejos de que esto se traduzca en acuerdos políticos, los dos actos simbólicos dejan un mensaje claro por parte del papa: la religión no puede ser motivo para conflictos. El Pontífice quiere demostrar que la “religión es parte de la solución, antes que algo negativo”.