Estos países ya recorrieron el camino de la reconciliación con las víctimas

Conocer la verdad, perdonar, pedir perdón, recuperar las tierras perdidas, recobrar la dignidad arrebatada, convivir sin sentimientos de venganza, ver de frente al enemigo, dar la mano al verdugo, aceptar la culpa y pagar por ella. Esto es lo más complejo de lograr en cualquier proceso de paz; negociarla y firmarla es solo un primer paso.

Publicado en Kienyke.com, junio 16 de 2014
Foto: Archivo Semana


Colombia avanza en un intento negociado para detener un conflicto armado de más de medio siglo que involucra a la guerrilla más antigua de Occidente: las FARC. Está también a punto de comenzar conversaciones con el segundo grupo insurgente más numerosos que opera en la actualidad, el ELN.

Esta guerra ha dejado miles de víctimas, provocadas tanto por fuerzas irregulares como oficiales. Las FARC, sentadas en una mesa en Cuba, por primera vez reconocieron que eran victimarios y sentaron las bases para un eventual compromiso de reparación. El Estado también hizo un mea culpa.

Sin embargo las partes comienzan una discusión sobre terreno inexplorado en la historia colombiana. En cambio muchas naciones alrededor del mundo, que despertaron de la pesadilla de la guerra, ya han pasado por experiencias de justicia, reparación, verdad e intentos, muchas veces fallidos, de reconciliación.KienyKe.com investigó varias de esas vivencias, en las que después de la fotografía de la firma de la paz, llegó el verdadero momento de encarar a las víctimas del conflicto y aplicar lo que en realidad significa la transición después de la guerra.
 
Sudáfrica: perdón a cambio de verdad

El régimen de segregación racial conocido como Apartheid es uno de los más vergonzantes y crueles crímenes contra la humanidad. Miles de personas resultaron víctimas directas de los ataques racistas por desapariciones, masacres, desplazamientos y presidios. Las heridas afectaron a otros millones de ciudadanos desestimados culturalmente por la población blanca, minoritaria, pero que ostentaba el poder.

El proceso de negociaciones que concluyó con la abolición del régimen duró cinco años hasta 1996, cuando se aprobó una nueva constitución para Sudáfrica. El Acuerdo Nacional de Paz fue logrado gracias a una amplia participación ciudadana, con una Comisión Nacional de Paz, un Secretariado Nacional de Paz, estructuras regionales y representantes de todas las poblaciones en del país, además de la vigilancia de 15 mil monitores de paz.

El ejemplo emblemático que se aplicó en Sudáfrica fue la llamada Comisión para la Verdad y la Reconciliación, una institución transitoria que escuchó a unas 22 mil víctimas, de las que una porción muy importante participó en audiencias públicas, transmitidas por todos los medios nacionales y regionales, en las que encaraban a sus victimarios, contaban su dolor, se desahogaban y escuchaban las razones que les daban quienes las llevaron a la tragedia.

La comisión surgió a partir de varios talleres organizados por facilitadores nacionales e internacionales, que visitaron comunidades de víctimas, les consultaron sus puntos de vista sobre lo que esperarían como indicador de paz luego de reintegrar al país. El ejercicio se repitió en cada paso adoptado para crear la comisión, incluso ante el Parlamento Nacional. Las víctimas siempre participaron, nunca hubo decisiones a sus espaldas.

Finalmente concluyeron que las víctimas buscaban reparaciones monetarias, simbólicas, pero sobre todo la verdad. La comisión tuvo una misión: que los victimarios revelaran todos los detalles de sus crímenes en audiencias públicas, frente a sus víctimas, a cambio de amnistías. De comprobarse que no dijeron la verdad, los sujetos serían procesados como criminales de guerra.

Además a las víctimas se les entregaban algunas cantidades monetarias y la mayoría son beneficiarios de leyes de restitución de tierras, con más del 90% de damnificados reparados.

Guatemala: las víctimas aún esperan verdad y reparación

El país centroamericano sufrió una dolorosa guerra interna que enfrentó al gobierno con la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca durante más de 30 años. La paz fue firmada en 1996 a través del “acuerdo de una paz firme y duradera” que poco se preocupó de las víctimas, que se estiman en más de 250 mil.

KienyKe.com contactó en Ciudad de Guatemala a Raquel Zelaya, una de las representantes de la sociedad civil en la firma del proceso de paz en su país, quien reconoció que hasta ahora “no ha habido capacidad estatal para atender a todas las víctimas”, así que el punto de reconciliación resultó perdido casi en su totalidad.

“Había muchas propuestas, sobre todo en lo que tenía que ver con el reconocimiento moral y político que le devolviera la dignidad a las víctimas y a familiares de desaparecidos. Encontré a muchas familias que solo querían conocer la verdad, encontrar los restos de familiares desaparecidos, o que el Estado limpiara el nombre de sus hijos que fueron estigmatizados falsamente como combatientes; a veces solo buscaban un papel”, dijo Zelaya quien también fue Secretaría de Paz, una entidad presidencial encargada del posconflicto.

Durante el gobierno de Álvaro Arzú se realizaron varios actos simbólicos para pedir perdón a las víctimas, y se adoptó como política de Estado una serie de gestos de reconocimiento a quienes sufrieron la guerra, sin que en realidad hubiese planes tangibles de reparación.

“Nunca hubo reconciliación  real en Guatemala”, advierte Esteban Cuya, funcionario y experto del Centro de Derechos Humanos de Núremberg, “el problema es que cuando un régimen totalitario firma acuerdos con movimientos insurgentes, tratan de garantizar impunidad para ambas partes. En Guatemala hubo un esfuerzo grande para reparar a las víctimas y obtener la verdad, pero la comisión tenía límites y era no revelar los nombres de los principales perpretadores”, añadió a KienyKe.com el especialista desde Europa.

Las comisiones de paz de Guatemala se enfocaron en esclarecer casos emblemáticos de abusos a derechos humanos y crímenes de guerra. Esta visión reduccionista solo benefició a pequeños sectores poblacionales, que igual sacrificaron a la justicia, la verdad y para muchos, la reparación.

“Nuestro proceso de reconciliación está muy lento en avance. Hemos tendió un retroceso por el abandono del tema en mucho tiempo. Como nuestra ley de reconciliación solamente cubrió los delitos dentro de la guerra, son delitos que no prescriben ni se pueden amnistiar. Esa parte de verdad aún no se conoce, aun está por vivirse en Guatemala”, dijo Raquel Zelaya antes de compartir una opinión que para muchos puede resultar cruda: “Nadie firma un acuerdo de paz para irse preso o para ir a juicio. Así lo vieron en Guatemala”.
 
Mozambique: la reconstrucción de un país

Una profunda polarización le ha quedado a Mozambique como consecuencia del fuerte conflicto armado que lo golpeó entre 1976 y 1992. El gobierno establecido se enfrentó a la Resistencia Nacional de Mozambique que logró acaparar la mayoría del territorio de esta nación africana, obligando a la población a identificarse como rebelde u oficialista. Además de miles de muertos y desaparecidos, la mayoría de la infraestructura civil resultó destruida; más de 250 mil niños fueron separados de sus familias y muchos de ellos resultaron reclutados en alguna de las dos fuerzas en conflicto.

Cuando se consiguió la desmovilización de la Resistencia Nacional, el empeño del gobierno apoyado por Naciones Unidas era retornar a la normalidad en las poblaciones civiles, bajo proyectos de reconstrucción de casas, restitución de tierras, desminado y asistencia médica y psicológica.

Ilundi Cabral, funcionaria de la organización Save the Chidren de Mozambique, destaca un amplio avance en los trabajos de atención a víctimas del conflicto, pero lamenta que en el diseño del programa se descuidaran a los más vulnerables de toda guerra: los menores reclutados.

“El tratamiento dado al niño soldado se limitó a su “desmovilización informal” y reunificación familiar, pero solo benefició a las bases militares de la insurgencia y a las zonas rurales más afectadas a partir de 1992. Muchos niños se quedaron sin atención posconflicto”, dijo.

Por su parte, la sociedad mozambiqueña fue parte activa dentro de los procesos de paz que detuvieron la confrontación a través de prácticas culturales que terminaron por convencer a la sociedad que no era parte de la guerra, sino un actor vulnerado por la lucha de intereses de dos ejércitos.

Uganda: los espíritus del perdón

Aunque las confrontaciones rebeldes en Uganda continúan desde 1986, la destrucción y daños a la sociedad que ha producido lo convierten en uno de los conflictos más abrumadores del mundo. Sin embargo su experiencia de reconciliación paulatina ha tenido una historia de éxitos, que de concretarse en una tregua general, podría convertir a Uganda en ejemplo de paz.

La población civil fue víctima, más que de los rebeldes, de las fuerzas estatales y sus llamados “daños colaterales”. Una ley de amnistía aprobada desde el año 2000 fue resultado de diálogos con representantes étnicos y líderes religiosos, considerados pilares en el tejido social de las comunidades locales. Esto condujo a que en 2006 se produjera una tregua que poco se ha quebrantado desde entonces.

Pero la experiencia de parte de las víctimas es particular e interesante. En los poblados más golpeados por la violencia, donde llegaron victimarios a reinsertarse a la vida civil con sus víctimas, se practicaban rituales conocidos como “matro oput”, una ceremonia en la que se “sanan las grietas” causadas por el daño hecho a una familia. En estos cultos se sientan verdugos y víctimas e, invocando espíritus de paz, tratan de limpiar las manchas que impiden el más sencillo de los gestos de reconciliación: sentarse a una mesa a comer y beber juntos. Cuando esto se puede hacer, es que los espíritus los han favorecido, y el perdón ha llegado al hogar.
 
El Salvador: éxito en participación política de armados, fracaso en atención a víctimas

El cálculo oficial de víctimas por el conflicto armado de una década en El Salvador es de 75 mil personas muertas o desaparecidas. La guerra civil enfrentó al gobierno con el guerrillero Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN. El proceso de paz concluyó en varios pactos firmados compilados en los Acuerdos de Paz de Chapultepec de 1992.

Como sucedería en Guatemala, en El Salvador las víctimas no tuvieron suficiente voz ni voto durante las negociaciones de paz, y las consecuencias son las heridas no cerradas que aún confronta a sectores poblacionales.

Douglass Cassel, asesor jurídico para la Comisión de la Verdad de El Salvador, accedió a conversar con KienyKe.com sobre la implementación de una paz que no fue duradera ni tampoco procuró atender integralmente a las víctimas.

“En materia de justicia penal El Salvador no es un caso exitoso. Tampoco en materia de reparaciones de las víctimas, porque que yo sepa, no ha habido grandes reparaciones importantes a las decenas de miles de víctimas”, afirmó.

En el país centroamericano la Comisión de la Verdad logró marginar del servicio militar a quienes cometieron violaciones de Derechos Humanos y varios fueron a juicio. Sin embargo, las víctimas nunca tuvieron una participación adecuada debido al método de negociación, que el experto cuestiona. “Las negociaciones a puerta cerrada se hicieron entre el FMLN y el gobierno con la mediación de Naciones Unidas. Siguieron el modelo antiguo de negociaciones secretas para tener un rápido resultado, pero se excluyó a la sociedad civil y las victimas”.

Como logro a destacar, Cassel se refiere a un exitoso desarme de la subversión y su posterior ingreso a la vida política. “Se incorporó a los dirigentes del FMLN en los procesos democráticos y en el gobierno del país. El presidente del Salvador es excomandante del FMLN. Los antiguos miembros de la guerrilla participan en los procesos políticos en el Congreso con otros partidos y todo eso a pesar de sus grandes diferencias ideológicas”.

Similar opinión tiene Esteban Cuya, pues recuerda que los escenarios de violencia han continuado y muchos de los líderes de restitución a víctimas han sido perseguidos. “No se ha producido un proceso de reconciliación en El Salvador como lo demuestra el estándar de violencia que se sigue repitiendo, que incluso actualmente ha superado lo que ocurría durante el periodo de conflicto militar”.

Irlanda del Norte: asistencia integral y perdón

La experiencia irlandesa es muy sencilla. El acuerdo de Viernes Santo o Acuerdo de Belfast fue el proceso de paz con el que se comenzó a sellar una década de guerra separatista. La confrontación dejó unos 3.585 muertos, que aunque suene como una cifra menor, resulta considerable debido a la densidad poblacional involucrada.

A cambio de la verdad completa y pública de los hechos, se consiguió una amnistía para quienes cometieron graves violaciones a los derechos humanos solamente si sustentaban que estos fueron cometidos bajo motivaciones políticas.

Las víctimas, por su parte, fueron reparadas económicamente y la comisión de reconciliación se encargó de elevar proyectos de memoria histórica para homenajearlas. Entre otras decisiones crearon un archivo histórico, realizaron actos públicos de reconocimiento cívico, construyeron monumentos y otorgaron atención psicológica a las nuevas generaciones.

Turquía: las víctimas vuelven a sus hogares

La nación euroasiática ha sido víctima de una guerra separatista liderada por el un grupo armado kurdo denominado Partido de Trabajadores, que exige la independencia de Kurdistán.

Las confrontaciones han dejado oleadas de desplazados en la región en disputa, por lo que Ankara ha ordenado, desde cuando se apaciguó el conflicto en 1994, ejecutar un plan de reparación y restitución de tierras despojadas. Desde hace diez años, a las víctimas también se les entregan indemnizaciones y atenciones psicológicas para palear los daños producidos por el accionar rebelde, aunque dichos beneficios solo cobijan a quienes han sido desterrados desde 1987. El proyecto, según organizaciones de derechos humanos, no ha podido ser aplicado con éxito debido a motivaciones políticas y falta de precisión sobre los reales afectados.