Un plan a 10 años para erradicar la violencia del fútbol

Si el plan decenal de fútbol se implementa, y funciona, en diez años la violencia en el fútbol colombiano será cosa del pasado.

Un total de 336 líderes de las llamadas barras bravas de todo el país se reunieron por espacio de seis meses en un lugar diferente a un estadio. Aunque su motivo era el fútbol, esta vez no se analizó la jugada del gol que no fue; ni se discutió la falta que el árbitro no pito; ni se ensayó ningún coro; ni se organizó cómo harían la próxima vez para acompañar a su equipo del alma.

Esta vez la serie de reuniones que cumplieron tenían el propósito de discutir cómo ellos que sin duda son grandes motivadores de masas, logran liberar toda esa energía para una causa que vaya más allá de alentar un gol. Una causa que tiene que ver con transformar de forma positiva sus entornos.

Así se fue armando el Plan Decenal de Seguridad, Comodidad y Convivencia en el Fútbol que está a punto de ser divulgado.

Junto a miembros de las barras, el Ministerio del Interior convocó a Tiempo de Juego, Colombianitos y Contexto Urbano, tres organizaciones que han buscado juntar el aprendizaje del manejo del balón con otros elementos que hagan del fútbol una herramienta de paz.

El resultado: un documento que reúne recomendaciones de política pública con perspectiva de 2014 a 2024 y que desarrolla líneas de trabajo para erradicar la violencia de este deporte.

Las tres organizaciones han promovido 13 foros; han escuchado a estos 336 líderes de barras de todo el país; han hablado con los clubes profesionales de fútbol; se han reunido con directores técnicos, futbolistas, exfutbolistas y dirigentes deportivos. También han tenido en cuenta lo que les han dicho los representantes de los gobiernos municipales, la Policía Nacional y hasta los medios de comunicación.

El resultado es este documento que será presentado al país a finales de julio (la fecha está por confirmar). La idea es que con base en este texto, el Gobierno Nacional se anime a tramitar leyes o promulgar decretos con medidas específicas para mejorar la convivencia en el fútbol.

Para Esteban Reyes, director de Tiempo de Juego, las organizaciones sociales ya están enfocadas en lograr que estos temas no se queden en el papel. “En el país hay por lo menos 12 organizaciones como la nuestra, que tienen proyectos de fútbol en barrios marginados, donde ya hemos logrado transformaciones sociales. 25.000 niños se han beneficiado con nuestros programas en casi todo el país”, comenta Reyes.

En estos días de Mundial, en el que las ciudades se paralizan por un partido de fútbol, nadie duda de la capacidad de movilización del fútbol, por eso existe la confianza de que pueda ejercer un gran poder de transformación social.

Según una encuesta realizada por el Centro Nacional de Consultoría y que sirvió de base para el Plan Decenal del Fútbol, el 94 por ciento de los colombianos considera que ese deporte es muy importante o por lo menos importante; el 61 por ciento cree que sirve para alejar a los jóvenes del vicio y de la violencia, y el 46 por ciento cree que tiene la capacidad de unir a las personas.

Ya hay una ganancia. El proceso de construcción del plan es una demostración de que sí se pueden crear espacios de discusión, debate e incluso de ‘jugarse un picadito’ sin recurrir a la violencia. Varias de las barras bravas que participaron en la elaboración del plan jugaron entre sí un torneo de “Fútbol para la Paz”. Consiste en el uso de una metodología en el que el juego es mixto, no hay árbitro y gana el equipo que cumpla con la mayor cantidad de reglas de convivencia. Nada menos que la final fue en el Archipiélago de San Andrés, donde varios barristas hicieron un pacto de paz y de no agresión.

A lo largo de este proceso también se dieron ejemplos concretos de trabajo conjunto para transformar entornos: jóvenes de las barras bravas de Millonarios y jóvenes de las barras bravas de Santa Fe, dos equipos históricamente rivales de la capital, desarrollaron tareas de limpieza de varios parques de Bogotá. Hay murales que constatan la buena vibra.

Si ellos pudieron trabajar juntos, el país podría transitar por el camino andado. Aprender a celebrar en paz y no confundir la euforia contagiosa que producen los momentos de gloria con los desmanes y actos de vandalismo.

Si el plan decenal se implementa y funciona, en diez años la violencia en el fútbol colombiano será cosa del pasado.