El arquero al que un triunfo lo salvó de una matanza

Eugene Murangwa, sobreviviente del genocidio de Ruanda, vio en el fútbol la esperanza para un futuro mejor. Y no es para menos. Fue ese deporte el que le salvó la vida durante esos 100 días de tragedia y por eso hoy tiene una fundación dedicada a promover la paz y la reconciliación a través del deporte.
 
Murangwa, mejor conocido como ‘Toto’, nació en el este de Ruanda en 1975. Su familia tenía un restaurante en Rwanmagna, una ciudad donde la población era mayoritariamente Tutsi. La represión y discriminación del gobierno Hutu durante las décadas de los 70 y 80 hizo que el negocio familiar quebrara y que la familia tuviera que migrar hacia la capital, Kigali, en búsqueda de nuevas oportunidades. Allí fue donde Toto empezó a jugar fútbol.
 
En 1994 Murangwa ya tenía 19 años y era arquero de uno de los equipos más famosos de su país: el Rayon Sports. Pocas semanas antes de que la ola de asesinatos se desatara, pero con la tensión ya latente, su equipo ganó un partido de la copa de la Confederación Africana de Fútbol contra El Hilal de Sudan, uno de los grandes equipos del momento. Esto generó un sentimiento de orgullo y unidad entre Hutus y Tutsis que hace tiempo no se veía. Es probable que ese triunfo, y el patriotismo que rodeó a Rayon Sports tras el mismo, haya sido lo que le salvó la vida a su arquero, ‘Toto’ Murangwa.
 
En la tarde del 6 de abril Murangwa estaba en un bar viendo un partido de fútbol con sus compañeros de equipo y jamás se imaginó que al día siguiente lo despertaría el sonido de las bombas y los disparos. Esa tarde el avión en el que viajaba el presidente ruandés, Juvenal Habiyarimana, había sido derribado. El gobierno, compuesto principalmente por Hutus, culpó a los Tutsis y en el amanecer del día siguiente dio inicio a una de las épocas más sangrientas de la historia.
 
Murangwa estaba en su casa. Se despertó con las explosiones, sin saber qué estaba pasando. Al prender el radio se enteró del asesinato y entendió que la cosa no iba a ser fácil. Se quedó en su casa porque así lo habían ordenado y al poco tiempo llegaron soldados Hutus buscando armas. No lo asesinaron porque les dijo que era jugador del Rayon Sports. Al principio no le creyeron, le exigieron pruebas y el futbolista tuvo que recurrir a fotos en las que salía con sus compañeros para comprobar que era cierto. Por eso lo dejaron vivir: eran aficionados del equipo y aún recordaban el triunfo contra El Hilal.
 
Previendo que la situación se iba a complicar aún más, Murangwa buscó a Muyurangabo, uno de los Hutus que jugaban con el en el Rayon Sports para que lo escondiera. No fue el único. Durante alrededor de una semana varios de sus compañeros se alojaron allí, y Murangwa se encargó de conseguirles comida y de mantenerlos seguros, negociando con las milicias para que no los mataran y pagando con su propio bolsillo por las vidas de sus compañeros. Pero la situación solo se complicaba y Toto entendió que debía buscar un lugar más seguro.
 
Con la ayuda de su compañero logró llegar a la casa de uno de los mayores fanáticos del Rayon Sports y miembro de la junta del equipo: Jean Marie Viannet Mudahinyuka, mejor conocido como Zuzu. La movida era arriesgada. Zuzu no sólo era Hutu, sino que era uno de los líderes de la milicia “interahamwe”, grupo paramilitar que con la ayuda del ejército estaba dedicado a exterminar a los tutsis y a los hutus moderados.
 
Sin embargo, la pasión por el fútbol y por el equipo al que pertenecía Murangwa superó esos obstáculos. Zuzu lo recibió en su casa por algunos días, pero ante el temor de los vecinos de ser tildados como hutus moderados, lo tuvo que sacar de allí. Zuzu, un hombre que luego sería condenado por haber violado y asesinado a varias personas durante el genocidio, lo escoltó en uno de sus carros hasta un refugio de la Cruz Roja. Aunque allá no recibió ayuda, consiguió transporte al Hotel des Milles Collins, donde estaban albergando a varios tutsis. Estuvo allá hasta que la violencia apaciguó. Su hermano, de 7 años, no se salvó de la matanza. 35 parientes fueron asesinados y muchos de sus amigos.
 
A pesar de la tristeza y la zozobra, tan solo un mes después del genocidio Murangwa organizó un partido de fútbol entre el Rayon Sports y el Kijovu Sports, su mayor adversario. De su equipo original solo quedaban tres jugadores (los demás habían sido asesinado o habían huido) por lo que le tocó buscar voluntarios entre los sobrevivientes de otros equipos.  A pesar de las adversidades, el partido se realizó y  por unas horas tantos hutus como tutsis dejaron a un lado el oscuro pasado que cargaban a sus espaldas.
 
Sin embargo, el fin del genocidio no acabó con la tensión entre los grupos étnicos. Al poco tiempo Toto se enteró que su nombre estaba entre la lista “negra” de los hutus rebeldes que seguían persiguiendo tutsis. Trabajó unos años haciendo trabajo social por el país pero al poco tiempo entendió que si quería vivir tranquilo debía huir de Ruanda. Aprovechó que la selección ruandesa, a la cual pertenecía, tenía un partido en Túnez y, al terminar, no se montó en el vuelo de vuelta sino que se quedó allá. De ahí partió a Bélgica y luego al Reino Unido donde está radicado desde 1997.
 
Al salir de Ruanda dejó atrás uno de sus grandes amores: su carrera futbolística. Si bien no volvió a jugar en un equipo, no abandonó su pasión. El fútbol le había salvado la vida y había ayudado, por lo menos por unas horas, a reconciliar a un país tremendamente dividido. Esto hizo que Murangwa entendiera el poder que tiene el deporte para convertirse en una herramienta de reconciliación. En 2010 creó Football for Hope, Peace and Unity, una fundación dedicada a promover el fútbol como herramienta para la unidad entre la juventud ruandesa establecida en el Reino Unido y en Ruanda. El objetivo es que a través del deporte los jóvenes fortalezcan los lazos de confianza y aprendan a superar y a aceptar la diferencias para que eventos como los de 1994 nunca vuelvan a ocurrir.