El reto es unir el dolor de víctimas enfrentadas

El jueves comienza en Barranquilla el tercer foro regional de víctimas. Ya se han realizado en Villavicencio y Barrancabermeja, Y aunque la participación ha sido amplia, existen dudas en algunos sectores sobre cuál es la representación adecuada que deben tener las víctimas. 

El primero de los foros se cumplió el 4 y 5 de julio en Villavicencio, Meta, y contó con la participación de 528 personas, 46 por ciento de estas mujeres, víctimas y representantes de sectores sociales provenientes de Bogotá y de los departamentos del  Meta, Caquetá, Guaviare, Vichada, Guainía, Vaupés, Amazonas, Casanare y Cundinamarca. Al finalizar la primera jornada se recogieron 450 propuestas, 250 escritas  y 200 orales.

En el de Barrancabermeja, realizado el 10 y 11 de julio, asistieron 453 víctimas, que representaron a 17 sectores sociales. Aún están pendientes los encuentros de Barranquilla (17 y 18 de julio) y Cali (3, 4 y 5 de agosto).


A estas alturas, y abierta la participación a las víctimas, el reto mayor para el Gobierno Nacional, que lidera el proceso, es unir el dolor de víctimas enfrentadas, pues las últimas semanas ha dejado en evidencia que lejos de sentirse representadas, muchas de estas sienten que todavía no se les está dando el lugar que corresponde, que solo se atienden algunas de las voces y temen ser ‘usadas’ para legitimar acuerdos en los que no está claro cómo se evitará que “no haya intercambio de impunidades”, como se pacto en el documentos de principios que regirá la discusión de este tema en La Habana.

La reunión que acaba de pasar de víctimas y organizaciones de víctimas en el Club El Nogal de Bogotá es un campanazo de alerta para el proceso, pues, a estas alturas, la idea es que las negociaciones de paz unan al pueblo colombiano y, que bueno sería, a sus víctimas, las principales afectadas por la confrontación armada de todos los lados en 50 años de guerra.

La discusión no es de poca monta si se tiene en cuenta que la honda división entre las víctimas es el reflejo de las distintas formas en las que se han ensañado el conflicto con particulares sectores sociales colombianos. Por un lado, están las víctimas de las Farc. Entre estas, las del propio bombazo del Club El Nogal, pero también aquellas que ha sufrido el secuestro, la extorsión, el homicidio por parte de esta guerrilla, organización de primera línea en el conflicto colombiano.

Por otra, están las víctimas de los sectores sociales que han sufrido la persecución, tortura, desaparición forzada, intimidación y homicidio de agentes estatales. Muchas de estas violaciones ocasionadas de forma deliberada y sistemática con aquiescencia de mandos superiores –civiles y militares- y recurriendo al uso abusivo de la autoridad. Al día de hoy, estas víctimas se han organizado en el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado.

Y están las víctimas que no representan intereses de ninguno de los sectores arriba mencionados, pero que han sufrido en carne propia las macabras estrategias de la guerra, como los desplazamientos forzados, la expropiación forzada de la tierra, los homicidios para quitarles lo que les pertenece y hacerse a la riqueza de su territorio. Buena parte de este grueso de personas ha recurrido a la Ley de Víctimas para registrarse y ya van en más de 6.500.000 personas.

Una fuente bien informada le dijo al proyecto Reconciliación Colombia que aún no está claro el mecanismo mediante el cual el Gobierno Nacional logrará la representación de esta diversidad de sectores que aunque son de víctimas no comparten ni siquiera espacios. Hay más de 380 organizaciones de víctimas de todos los sectores, intereses, ideologías y características...

Las víctimas de El Nogal dijeron NO sentirse representadas en los foros organizados por las Naciones Unidas y por la Universidad Nacional, las dos instituciones a las que ha recurrido la Mesa de La Habana para abrir el debate en Colombia. 

Aunque ya el Gobierno logró que haya una buena representación de las 911 mesas municipales de víctimas que están articuladas en la Ley de Víctimas, y fueron escogidas 15 víctimas de estas para viajar a La Habana, no está claro cómo será la designación de las otras no integradas por esta norma legal. Paula Gaviria, directora de la Unidad de Víctimas, advirtió que este es el momento en el que la sociedad debe proteger y rodear a las víctimas de las Farc, pues con estas es que se está negociando. Las víctimas del Estado también podrían alegar lo propio, pues las partes son el Gobierno y las Farc.

La comunidad internacional y sectores colombianos han visto con buenos ojos que la declaración de principios esté hablando del reconocimiento que han hecho las partes de su responsabilidad en este tema. Y eso ya es un avance, lo que hay que ver es cómo se traduce eso en términos concretos y reales y cómo eso logra que el país, junto con sus víctimas, avance en la reconciliación del país.