Doris Salcedo, una artista cuya obra humaniza y dignifica a las víctimas

La ciudad de Hiroshima, Japón, le otorgó el Premio de Arte al reconocer el aporte que ha hecho a la dignificación de las víctimas en Colombia. Como ella misma lo ha dicho, esa obsesión es la que ha marcado todo su trabajo.

Por Luis Carlos Gómez
Periodista Digital Proyecto Reconciliación Colombia

24 de julio de 2014

El solo hecho de que el premio haya sido otorgado por la ciudad de Hiroshima tiene un enorme significado.

La ciudad que junto con Nagasaki sufrió el horror del holocausto nuclear durante la segunda guerra mundial vio que las esculturas e instalaciones de la artista bogotana presentan la tragedia de la violencia, en un contexto moderno.

“Salcedo ha creado trabajos preocupados por las víctimas de la violencia, trascendiendo el luto de la muerte e incorporando la esperanza de poder renacer”, manifestó el jurado en su fallo.

“He centrado toda mi obra en la violencia política. En lo que significa que los que detentan poder puedan destruir las vidas de otros seres humanos”, manifestó la artista bogotana, egresada de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, en una entrevista con el portal de Internet Razón Pública (ver video de la entrevista).

Un breve recorrido por algunas de sus obras muestra la intencionalidad de esta escultora nacida en 1958 y una de las exponentes colombianas más importantes en la escena contemporánea internacional. Sin duda, en estas hay un mensaje provocador sobre la violencia, lo que despierta inquietudes y reflexiones en quienes las contemplan.




En Noviembre 6 y 7, una instalación hecha en 2002, descolgó 280 sillas de maderas de la azotea del Palacio de Justicia para conmemorar la toma de 1985 por parte del M-19 y la posterior retoma por parte de las Fuerzas Militares. Las sillas, que iban cayendo a medida que avanzaban las 27 horas que duró la toma, quedaban suspendidas en el aire, como esperando a que en cualquier momento algún funcionario saliera a sentarse en una de ellas.



En Shibbolet, presentada en 2007, Salcedo hizo una grieta en el suelo de la galería Tate Modern de Londres, con la cual buscaba mostrar la experiencia de los migrantes: un piso que se abre en dos y debajo del cual solo queda el abismo.



En Plegaria muda, de 2008, apiló 166 mesas sobre otras para conformar una especie de camposanto a través del cual el espectador podía caminar. Entre las mesas puso una capa de tierra pisada en la cual crecía pasto. Según explicó, su intención era representar ese momento terrible en que la madre tiene que reconocer el cadáver de su hijo en una fosa común.

En la mencionada entrevista, Salcedo dice que es escéptica sobre el poder reparador que puede tener el arte. Por lo menos no es la reparación directa que la víctima esperaría.

Sin embargo, afirma que sí permite crear un balance frente a la barbarie. Mientras que la violencia le deja a una sociedad imágenes terribles, el arte deja imágenes que humanizan y dignifican.

“Todas las obras están tratando  de definir una situación específica de la víctima, ya sea del desplazamiento, de la tortura. Cada una intenta de alguna manera mostrar la marca específica que ese tipo de crimen deja sobre las víctimas. Es como mostrar la textura de la violencia. No tanto narrar un acontecimiento, sino cómo quedan estas personas marcadas”, afirmó Salcedo.

Como parte de este reconocimiento y en la ciudad que le otorgó el galardón a esta artista, hasta el 13 de octubre se exhibirá A flor de piel, una escultura formada a partir de cientos de pétalos de rosa, suturados a mano, que se asemejan a un tapete y que representan la fragilidad y el paso de la vida a la muerte.