El momento más difícil del proceso de paz

Por primera vez, desde que comenzaron oficialmente hace casi dos años, las negociaciones entre el Gobierno y las Farc, están en riesgo de terminar. El respeto por la población civil es la condición esencial para que puedan seguir adelante. Análisis de Reconciliación Colombia.

31 de julio de 2014
Foto: El País, de Cali. Imagen de la casa en donde murió una niña en Miranda (Cauca)

Hace un mes la esperanza de alcanzar la paz con las Farc y con el Eln fue uno de los factores que impulsó la reelección de Juan Manuel Santos. Varios sectores llegaron incluso a afirmar que la segunda vuelta fue una suerte de plesbiscito por la paz. Una especie de 'bendición' de los ciudadanos que nuevamente ungieron al Presidente en las urnas en un momento de aislamiento del proceso y de indiferencia ciudadana y que con esto, al fin, el proceso en La Habana llegaría a buen puerto.

Sin embargo, a pocos días de que se posesione Santos para su segundo mandato, el panorama no podría ser peor, o quizá sí, porque en Colombia nunca se sabe.

La negociación ha llegado a su peor momento tras el recrudecimiento de las acciones guerrilleras que afectan directamente a civiles. La muerte de todos es deplorable, pero el hecho de que haya dos niñas entre las víctimas fatales por responsabilidad de las acciones de las Farc reboza la copa. El conflicto se ha sentido más porque, en el caso de las Farc,  esta organización venía de hacer un cese al fuego unilateral en época electoral.

La tensión ha crecido al punto de que el Presidente Santos ya advirtió a esta agrupación  que está “jugando con candela” y que el proceso puede terminar.

Retomando las palabras del propio jefe negociador del Gobierno, Humberto de la Calle, es muy difícil explicar "yo lo sé", cómo pueden morir una niña de 3 años en Arauca y una de dos años en el Cauca, cuando está prendiendo motores la discusión del punto de las víctimas en La Habana, y la representación de víctimas de las Farc y del Estado en la mesa de negociación.

¿Qué hay detrás de toda esta tensión? ¿Es posible que pueda significar el fin del proceso de paz?

Lo primero que hay qué decir es que aunque en un proceso de diálogo tan complejo la ruptura es siempre una de las posibilidades, a ninguna de las partes le conviene pararse de la mesa.

Al presidente Santos porque se trata de la principal bandera con la que fue reelegido. Y a las Farc porque estaría, como lo dijo precisamente el mandatario“cavando su propia fosa política”. La explicación de que la serie de atentados que han cometido en los últimos días (que además de las muertes de las niñas, incluye el derrame de petróleo con las consiguientes consecuencias ambientales en Putumayo y dejar sin luz a medio millón de personas en Buenaventura), pretende demostrar fuerza de la insurgencia en la negociación, la realidad es que renueva el rechazo nacional e internacional por esa organización. 

Human Right Watch, por ejemplo, advirtió que mientras las Farc dialogan, siguen cometiendo atrocidades en Tumaco, y ya en algunos sectores comienza a promoverse la idea de hacer una nueva marcha contra las Farc, al estilo de la multitudinaria que se hizo el 4 de febrero del 2008.

Más que una intención de poner fin al proceso, la tensión de los últimos días se debe a que los temas más cruciales de la discusión están por llegar a la mesa: cómo le van a responder las Farc a las víctimas, cuáles son las penas que van a pagar y en qué condiciones se hará la entrega o dejación de las armas.

Sin desconocer la importancia de los acuerdos sobre tierras, participación política y narcotráfico, estos que vienen son los puntos que más afectan a las Farc.

Frente a las víctimas, ese grupo ha eludido continuamente su responsabilidad, escudándose en el Estado o presentándola como un efecto propio de la confrontación.

Sobre las penas, aunque las Farc no están dispuestas a pagar un solo día de cárcel, a la luz del derecho internacional, como lo recordó el exfiscal de la Corte Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo, en los últimos días, es imposible que crímenes de lesa humanidad se queden sin castigo.

Y el tema de las armas es un asunto de un enorme valor simbólico de las Farc. La Mesa debe encontrar un mecanismo para resolver, pero sin que haya el menor riesgo de que se puedan volver a usar.

De la forma como evolucione este pulso entre el Gobierno y las Farc,  en los próximos días dependerá si el proceso de paz se viene a pique o recibe un impulso definitivo.

Más allá de las discusiones políticas que en Colombia siempre han estado vistiéndose con la sangre de los civiles, en el fondo, lo que está en juego es si las Farc están dispuestas a asumir, de una vez por todas, que el terrorismo no es un medio válido para obtener lo que buscan.