Nunca se preparó a la sociedad para la llegada de este día: Fiscalía

Carlos Fidel Villamil, jefe de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía General de la Nación, le dijo a Reconciliación Colombia que se le creó una expectativa muy grande al país la que, incluso, sobredimensionó la capacidad que puede ofrecer la verdad judicial.

Aquí el balance de esta institución que está a cargo de la investigación e imputación de cargos de los miembros de los grupos paramilitares sometidos a este esquema de justicia transicional:
 
Ahora que se está a punto de la salida de cientos de exparamilitares de las cárceles, ¿cuál es el balance que hace de la Ley de Justicia y Paz?

El proceso de Justicia y Paz, como justicia transicional, ha sido bastante particular. Primero, porque frente a los demás conflictos armados internos que han existido en el mundo, el de Colombia tiene características muy propias: es un proceso único por el tiempo, por los actores, por el número de víctimas, y, en general, por la situación de estar implementando un mecanismo de justicia transicional cuando aún no ha cesado el conflicto.
 
Teniendo eso en cuenta, ¿qué se puede esperar de un mecanismo de justicia transicional como el de la Ley 975? ¿Qué se ha logrado?

Se puede tener una expectativa de verdad. La pregunta es: ¿cuál es la verdad que en realidad se está esperando? Esto tiene varias respuestas. La primera es que la verdad no puede ser lo que alguien espera escuchar. Las víctimas a veces esperan que se les cuente o relate su hecho desde la perspectiva que ellas vivieron. Y es muy difícil que las versiones que se vivieron desde perspectivas distintas coincidan plenamente. Por eso muchas veces se dice que el proceso de verdad dentro de Justicia y Paz no ha sido el esperado. Si lo que se espera es que un grupo de postulados, o un postulado, venga y diga la verdad textualmente como lo espera la víctima esto es muy complejo porque la víctima lo vivió desde una perspectiva y el postulado lo vivió desde otra perspectiva. El proceso lo que va a arrojar es una verdad judicial. Lo que se lleve a tribunales y en sentencias es lo que se articula desde las dos perspectivas. El proceso de Justicia y Paz es un proceso de acuerdos donde todos ayudan a construir esa verdad. El proceso sí ha arrojado una verdad judicial que está contenida en las sentencias y los procesos.
 
También se ha logrado un reconocimiento progresivo de las víctimas. Es un proceso en construcción. No podíamos esperar que porque la perspectiva eran 8 años entonces en 8 años se culminará y se logrará todo frente a un conflicto tan antiguo y extenso y con un número de víctimas como el que tiene el conflicto colombiano.
 
¿Cuáles han sido las fallas en el proceso? ¿Qué cree que se debería cambiar?

Es fundamental tener en cuenta que el proceso de Justicia y Paz no solo se hace desde el proceso penal. Hay una fase administrativa y una fase judicial. Es una articulación entre diferentes agencias y organizaciones. Todo se está centrando en la fase judicial, pero debe mirarse más allá de eso. Habría que hacer un análisis desde la perspectiva de todos los actores del proceso de justicia transicional. Esta articulación, por ejemplo, entre la justicia transicional y la justicia ordinaria ha sido tan efectiva que hay varios casos que han sido judicializados gracias a la información que ha salido de Justicia y Paz. El Fiscal ha emitido diferentes decisiones a través de las cuales las unidades de justicia ordinaria y la transicional se articulan, permitiendo que la información fluya y evitando en un desgaste de la Fiscalía. Estas son soluciones que se han venido dando sobre la marcha, una vez se entiende la coyuntura especial de la situación. Es un proceso de construcción en donde todos hemos ido aprendiendo.
 
¿Cómo le ha ido a las víctimas en este proceso?

Las víctimas están participando activamente. Por ejemplo, los postulados han develado información de personas desaparecidas y las víctimas han podido encontrar los cuerpos de sus seres queridos. Esto es importante para el proceso de duelo. Las víctimas también han podido reencontrarse con sus agresores y vivir procesos de reconciliación. Obviamente esto no se ha logrado en el porcentaje que se desearía, pero es que un proceso de semejante complejidad esto es muy difícil.
 
¿Qué se ha aprendido de estos procesos de reconciliación?

La sociedad tiene que ir madurando en el proceso para que las víctimas se reencuentren con sus agresores. La sociedad tiene que entender que para llegar a un estándar de vida normal implica perdón, reconciliación, arrepentimiento, que los agresores vuelvan a la vida civil y que la sociedad los reciba y esté dispuesta a hacerlo de forma pacífica. Es muy difícil pensar que después de un conflicto de más de 50 años, se pueda llegar a eso tras solo 8 años de justicia transicional. Antes las víctimas ni siquiera eran visibles. Es un proceso donde parte y parte deben aportar a la construcción de la mano de la justicia, el Gobierno y todos los partícipes.
 
Un gran logro del proceso es que se ha abierto la posibilidad a los victimarios de hacer parte de una sociedad por un medio diferente a la justicia ordinaria. Si se hubiera hecho por ese medio habría sido imposible. Difícilmente se va a poder judicializar la cantidad de agresores, con la cantidad de hechos y la cantidad de víctimas. Se necesitaba que el Estado cediera en algo, que los postulados cedieran y que la sociedad entera cediera. El hecho de que los postulados hayan decidido someterse a la justicia,  a hablar y decir la verdad con condiciones muy claras donde si se encuentra que no está diciendo la verdad se tienen que someter a la justicia ordinaria con penas ordinarias. Entonces, son reglas de juego claras donde se dio la oportunidad. Si no se hubiese dado esa oportunidad, probablemente no se hubiera podido conocer la verdad que se ha conocido en este proceso.
 
¿Y cómo ve la situación ahora que probablemente va a salir de las cárceles un buen número de postulados?

Las reglas desde el principio fueron claras, siempre se habló de una pena alternativa máxima de 8 años. Lo que pasa es que nunca se capacitó a la sociedad para entender que esa realidad algún día iba a llegar. Los procesos de reconciliación en los conflictos no pueden basarse en los procesos retributivos en los que si me hicieron un daño mi agresor tiene que recibir el mismo daño. Esa es una expectativa que se generó frente a un proceso de justicia penal ordinaria donde si una persona cometió un hecho recibe en contraprestación lo que la ley ha fijado como retribución para ese hecho. Entonces eso fue lo negativo, que la sociedad no se preparó para vivir este proceso. La academia debió haber participado activamente preparando a la sociedad para este proceso. Los procesos de reconciliación, perdón y arrepentimiento se debieron haber trabajado desde el principio y no ad portas de cumplir los 8 años. Se ha venido haciendo tímidamente, porque nos hemos concentrado en atacar la problemática inmediata.
 
Hay que entender que en estos procesos no se reconcilian solo la víctima con el victimario, sino que es un proceso de reconciliación de la sociedad y del agresor consigo mismo donde el comprenda por qué terminó metido en eso y por qué no puede volver a caer en eso. Es un proceso donde la víctima debe comprender su situación de víctima, y entender que aunque se le hizo un daño, ese proceso es superable. Tiene que vivir un proceso de transformación. Si la misma víctima no empieza por reconocer que es un proceso que debe superarse, se va a seguir en un ciclo. El rencor social se va a mantener. Sabíamos que iba a ser muy difícil adelantar un proceso de reconciliación y estabilización estando aún en conflicto. Pero si no hubiese sido así no hubiésemos podido avanzar. Tocaba empezar a hacer algo, y ese algo va avanzando. La sociedad está avanzando y llegando a ese nivel donde puede aceptar a esas personas otra vez. En el caso de los victimarios, los que no entiendan la dinámica, los que no cumplan los compromisos, muy seguramente no van a poder obtener su