“La vergüenza de la violencia sexual no debe recaer sobre la víctima”

Margot Wallstrom, quien fue representante especial de las Naciones Unidas para temas de violencia sexual en medio de los conflictos, estuvo en Colombia como invitada internacional en el Foro Nacional de Víctimas en Cali. Reconciliación Colombia habló con ella acerca de la realidad de este delito en nuestro país.

Por José Vicente Guzmán, periodista de Reconciliación Colombia
6 de agosto de 2014
Foto: Carlos Julio Martínez


¿Qué tan frecuentes son los delitos de violencia sexual en los conflictos armados que se registran en el mundo?

Me gustaría poder darle una respuesta clara y con cifras. El problema es que la violencia sexual ha sido uno de los silencios más grandes de la historia y es uno de los delitos más invisibilizados. Dentro de los crímenes de guerra es el menos sancionado y no hay registros claros. Además, no siempre es reportado. Dicen que sólo un 20 por ciento de las violaciones lo son. Hay muchas víctimas que no lo hacen público.

¿Y actualmente ha cambiado el tratamiento que se le da a este tipo de delitos en el mundo?

Actualmente estamos enfrentando tres grandes concepciones erróneas a nivel mundial. La primera es que no hay nada que hacer porque es algo inevitable que ha ocurrido en todas las guerras, desde el comienzo de la historia. La segunda es que como tiene que ver con un tema sexual es algo que no se puede tratar con facilidad y se estigmatiza en muchas partes del mundo. La tercera es que muchos lo ven como un delito menor.

¿Cómo es eso?

Sí. Muchos dicen “¿si la gente se muere porque vamos a hablar de violaciones sexuales?”, pero obviamente las víctimas no lo ven así. Muchas mujeres dicen que les han quitado la vida sin haberlas matado.

Usted visitó Colombia en 2012 como representante especial de la ONU en temas de violencia sexual en el conflicto y volvió este año como invitada a un foro de víctimas, ¿con qué panorama se encontró?

Yo creo que el tema ha escalado en la agenda política del país. De hecho, aquí se ha adoptado una agenda legislativa muy ambiciosa. Algo que está pasando en todo el mundo porque el tema es prioridad en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.  Eso demuestra que hay voluntad política, pero ahora el compromiso es mayor debido al proceso de paz. Los ojos del mundo están puestos en Colombia para ver cómo van a manejar el proceso, permitiendo que estos temas se debatan y que se le dé voz a las mujeres víctimas de este delito.   

Ya que habla del proceso de paz, ¿qué deberían tener en cuenta los negociadores y el país para que las víctimas de violencia sexual accedan a sus derechos?

Tienen que escucharlas y creo que los formatos están dados para eso, pues el Foro Nacional de Víctimas en Cali fue un buen ejercicio. Ya en términos de resultados de la negociación, toca garantizar que las víctimas sean protegidas y no revictimizadas en el mecanismo judicial que se implemente. Se podría pensar, incluso, en que sus testimonios sean anónimos.
Además, hay que pensar qué implica una reparación. Yo propuse que el Gobierno tomé la iniciativa de crear un centro de conmemoración para las víctimas de violencia sexual en el país, donde puedan canalizar todas las emociones que salgan del proceso. Hay que recoger experiencias de otras partes del mundo y ver qué procedimientos se han adoptado para hacer algo digno, apropiado y correcto.

¿Conoce algún ejemplo internacional que podamos tener en cuenta?

Se me viene a la cabeza Bosnia-Herzegovina, donde hubo muchos casos de violencia sexual y crímenes de lesa humanidad. Allá había campamentos de violación donde se acostaban con las mujeres a la fuerza para hacer una limpieza racial. Las sentencias del juicio que llevó a cabo un tribunal especial internacional en ese conflicto cambiaron el derecho internacional sobre la violación sexual.

¿Y qué podemos aprender de ellos?

Hay que aprender de las cosas buenas y de las malas. A veces las víctimas tuvieron que sentarse muy cerca de los victimarios y eso no es positivo. Además, no hubo un seguimiento a las sentencias y muchos violadores terminaron después caminando tranquilamente por pueblos donde se encontraban diariamente con sus víctimas.

El tema de la impunidad es polémico, a su juicio, ¿los miembros de grupos armados que hayan cometido delitos de violencia sexual deberían o no quedar excluidos de los beneficios judiciales y políticos?

Yo no soy la persona indicada para responder eso. Pero muchas de las víctimas y organizaciones con las que he hablado en Colombia piensan que ya han cedido mucho al no querer ver a su victimario muerto, sino juzgado en una cárcel. Hay que entender que los sentimientos que manejan son muy fuertes. Me parece importante que la violencia sexual sea reconocida como un delito grave, pero es el sistema legal el que tiene que decidir dónde trazar la línea y definir las sanciones.

Hablando en términos generales y no sólo mirando el proceso de paz, ¿cuáles son los retos concretos que tiene Colombia en materia de delitos de violencia sexual en el conflicto armado?

El primero es admitir que esto ha sido una parte de su historia y que este crimen fue perpetrado por todos los grupos armados, incluyendo la Fuerza Pública, las Farc, las Bacrim y los grupos paramilitares. Reconocerlo es importante porque este ha sido un delito invisibilizado, pero sistemático a lo largo del conflicto.
Lo segundo es, precisamente, enfrentar la impunidad. Ese es uno de los mayores problemas porque no ha habido consecuencias para los victimarios. Hay que fortalecer la justicia para reparar, garantizar los derechos de las víctimas y castigar los crímenes. Esto tiene que ver con implementar bien la legislación que ya se ha aprobado en el país.

¿Y qué acciones se han implementado en otros países?

Una es asegurar que todo el aparato militar esté bien capacitado y respete los códigos de conducta y las leyes internacionales en materia de violencia sexual. También me gustaría ver a algunos líderes militares hablando abiertamente de la situación, condenando estas prácticas y prometiendo que esto no volverá a ocurrir bajo su mandato. Lo otro ya se ha empezado a hacer en este país: garantizar una protección legal para las víctimas, brindar un espacio en el que puedan contar su testimonio y, nuevamente, luchar contra la impunidad.

Varios expertos coinciden en que los delitos de violencia sexual que se denuncian en Colombia son mucho menores a los que en realidad se presentan, ¿qué se puede hacer para ganar la confianza de las víctimas y que acudan a las autoridades?

Hay que informar abiertamente sobre el tema para que las mujeres puedan acercarse y contar sus historias. Toca tomar en serio lo que dicen y ofrecer algún tipo de ayuda o remuneración por sus testimonios.

¿En qué sentido?

Muchas mujeres no quieren decirle al mundo que han sido violadas si no ven que va a ser útil y que las autoridades les van a ayudar. Hay que darles la opción de ser reconocidas y respetadas como víctimas, pero al mismo tiempo ofrecer asistencia y garantizar que se va a judicializar al responsable. La vergüenza de la violencia sexual no debe recaer sobre la víctima sino sobre el victimario.

En Colombia la violencia sexual es un delito de lesa humanidad, lo que evita que los crímenes prescriban, pero el accionar de la justicia es lento, ¿qué tipo de acciones podría tomar el país para acelerar los casos?

Este fue uno de los problemas que encontramos en 2012 con mi equipo, pues había una enorme cantidad de expedientes represados que no se podían trabajar. Colombia necesita ayuda para evacuarlos y eso es algo que las Naciones Unidas y otros países pueden hacer, ya sea con recursos o con capacitación. Además, el Gobierno tiene que garantizar un presupuesto suficiente para el tema.

En Colombia está implementándose desde hace cuatro años una ley para reparar a las víctimas, pero ¿cómo puede sentirse resarcido alguien que haya sufrido un delito de violencia sexual?

La mayor parte de veces  tiene que ver con asistencia médica o sicosocial para manejar los recuerdos y la estigmatización a la que se puede ver enfrentada una mujer víctima de violación, a la que hasta el esposo puede abandonar. Pero lo clave es que haya una variedad de ayudas para que la reparación sea efectiva. Es importante escuchar a las mujeres y preguntarles qué es lo que necesitan.

¿Y cómo podemos ayudar los medios de comunicación a abordar mejor el tema?

Los medios son muy importantes. En mi discurso en el foro de Cali dije que la prensa es una de las razones para la esperanza, porque empezaron a romper el silencio histórico y ahora hablan del tema, presentan casos y entrevistan mujeres que han sido violadas. Tienen que seguir haciéndolo.