Música al servicio de la memoria de los pueblos

Entrevista a fondo con Adriana Lucía, cantante y compositora colombiana que rinde homenaje a la región que la vio nacer con el documental 'Porro hecho en Colombia' en el que entrevistó a 574 personas en 259 horas de grabación. 

Agosto 10 de 2014

La cantante cordobesa Adriana Lucía habló con Reconciliación Colombia sobre el aporte de la música a la memoria de los pueblos. A juicio de esta compositora, solamente con el hecho de narrar musicalmente las vivencias y los dolores de la gente los artistas contribuyen con sus sociedades y les devuelven lo mucho que estas les dan.

Adriana Lucía acabó de lanzar un nuevo CD con su trabajo musical compuesto por siete canciones inéditas y siete de sus éxitos. A finales del año lanzará un documental que también llevará el nombre de 'Porro hecho en Colombia', cuyo rodaje comenzó a planear hace ocho años.  Vea el trailer del documental.

Aquí la historia que hizo posible este homenaje a las tierras cordobesas, de donde es oriunda:

¿Qué motivó a Adriana Lucía a iniciar un trabajo como este?

La motivación fue y es darle honra a quien lo merece. Darle crédito a gente que no sale en la prensa porque el gran artista es el vendedor de la leche, del 'suero costeño', y, entonces, los vemos como del paisaje. Eso a mí como músico que soy de una región tan musical y tan diversa como Córdoba, con múltiples poblaciones valiosas, pero invisibles, me parece dolorosa. Para mí, era una necesidad mostrarlos como los grandes artistas que son. Muchos de ellos son decimeros, cantautores, artistas naturales de gran potencial. A través de su arte, se sueltan los dolores y frustraciones, por eso somos un pueblo amable, alegre.

Hablemos de eso, ¿cómo viste que las artes ayudaron a pueblos como Lorica?

En la época en la que yo crecí en Córdoba, nací en el corregimiento de Carito, en Lorica, la violencia no estaba propiamente allí, sino más hacia Montería. En ese entonces se hablaba de la llamada 'limpieza social'. Me acuerdo de niña que la gente vivía con miedo. Con cierta paranoia. Yo estudiaba Bellas Artes. Siento que al ser una tierra tan artística se abrió la posibilidad de que se sacara mucho talento. David  Sánchez Juliao, Delia Zapata, Happy Lora, estas personas contribuyeron a que Lorica y a que Córdoba mostraron que había otro camino. Ellos han hecho mucho más con su ejemplo de vida, que muchos políticos con su dinero. La obra de estos artistas siempre será una inspiración y trasciende. Los discursos son aburridos y ladrillados.

Porro hecho en Colombia se apoya en la diversidad de sus poblaciones cordobesas para mostrar la riqueza de esta cultura. Háblanos de esto...

Oh sí. Incluso hay una población gitana de unas 90 personas censadas, que tienen su propio dialecto. Pasábamos de filmar una mujer negra en Puerto Escondido, a recorrer el sembrado de yuca de un campesino en San Pelayo que no conoce el mar! Y luego nos vamos a Lorica, donde nos encontramos a un hombre con dátiles en su mano, muy común por allí porque su ascendencia es Siria. Córdoba no es solo disputa de territorios. Ahí hay gente que no son pistoleros. Es gente que sufre y que canta sus dolores. 

¿Cómo ha sido la respuesta a este trabajo?

Recibí el apoyo incluso de gente que nunca había apoyado nada. Este trabajo concretó el sueño de muchos. Hace ocho años tomamos la decisión de dejar de soñar y, en su lugar, hacer. No sabíamos cómo, pero tuvimos la decisión. No se trató de mostrar la cara bonita, la cara amable. No hicimos ese esfuerzo, pues no era el sentido. Queríamos mostrar la realidad del pueblo talentoso que es. Desde el punto de vista de producción, quizá podrá decir que se debió usar este plano o este otro. Lo que no es discutible es que lo que se cuenta allí es verdad. Es un pueblo que usa la música para trabajar sus tragedias, para sanar sus dolores. Incluso el nombre champeta fue por mucho tiempo estigmatizado, pues así se le dice al puñal, y se extendió el término a la gente de barrios populares que se divertían con el baile.

Es el encanto de la música, ¿no?, atrapa...

La música tiene esa capacidad de dejar narrar una historia entretejiéndola y de dejarla escrita. La Gaita es un sobreviviente de lo poco que nos queda de la cultura Zenú. Nuestros tambores vienen del pueblo africano y  de Europa se tomaron los instrumentos que allá se usaron  para animar la guerra, la banda, para nosotros aquí animar la fiesta. Nace entonces la cumbia y el porro. Es un gran ejercicio musical que mezcla todo. Igual sucede en otros ámbitos culturales. El sombrero voltiao  es la mezcla entre la caña flecha Zenú y el sombrero que vino de Europa. 

¿Cómo realizó la investigación? 

Esta empezó de una manera muy tímida, con un documento personal, en el que reuní muchos nombres de personas que podían narrar la historia. Me reuní con historiadores, con los decimeros, con los creadores de bandas, con gente del bajo, medio y alto Sinú. Con profesores que les enseñan a sus alumnos a pedir con décimas. Con mujeres que bailan con la vela en la cabeza. Ahí vimos que teníamos que acompañar este trabajo de un video, pues me cuestioné sobre la necesidad de que diéramos la milla de más para recuperar esa memoria.

Su trabajo también entonces es un esfuerzo por recuperar la memoria...

Me pasó algo muy curioso. Estaba ayudando a recorrer los sitios afectados por las lluvias cuando el Fenómeno de La Niña. En uno de estos lugares estaba reunida la comunidad y comenzaron a debatir si esto había pasado o no antes. Unos decían que sí paso. Otros que no. Unos discutían si era la misma boca o no por donde el río había entrado. Alguien dentro del público se paro y comenzó a tararear una canción que narra una gran inundación causada por el río Sinú. Fue escrita en el año 74. Todos quedamos sin argumentos. Estamos en una sociedad de músicos que hemos abandonado la función que cumple la música, quizá por miedo, quizá por pereza.  Siento que nos da miedo comprometernos un poquito más. Y se trata  simplemente de documentar lo que sucede. Con esto, ya estoy construyendo memoria. Es una formas de rendir honor. Ayudar a la reconstrucción emocional de este país. No es tomar partido, sino documentar. Es una misión que los artistas podemos cumplir.

¿Qué quisiera ver que estén haciendo los artistas?

Quisiera que esta época eufórica de Colombia no fuera una moda, sino que algo quedara sembrado en nuestro corazón.  Pasar de lo profético escéptico y fatalista a otro estadio.  Veo que muchos artistas regionales estamos comprometidos. Estamos en un momento ideal. Entiendo que el país antes estaba en otro momento. Siempre hemos sido un país dividido, donde no hemos podido entender que su maravilla es la diversidad. En estos momentos, el país está unido por el arte y el deporte. Los grandes líderes, no solo políticos, sino artísticos y sociales, deberían hacer algo maravilloso y que trascienda con esto.

¿Cómo ves que la música puede ayudar a las nuevas generaciones?

A nivel de generacional no solo se aprende por repetición, sino por frustración. Es decir, por la frustración resuelta por la nueva generación. Conozco infinidad de historias de muchos profesores que tienen escuelas donde empeñan un acordeón para tener la conga que les hace falta para formar la banda de música del barrio. Estos profesores afectan socialmente a toda una generación, que se decide por la música. Este tipo de cosas es de largo plazo, no es la política del cemento. A propósito, es irónico que haya muchas promesas de campaña, para luego abandonar al pueblo, pero cuando trata de celebrar la victoria, lo primero que se contrata es la banda de música. 

¿La música puede llevar al perdón?

La música puede ser el más importante camino hacia el perdón. Personas que son ogros, pueden doblarse delante de una nota musical. La música tiene la capacidad de sacar lo mejor de ser humano, de conmoverlo profundamente. No hay una sola persona a la que no le guste alguna melodía, a la que no le recuerde algo. La música despierta un  gran universo de sensibilidad. 

¿Y quizá a Colombia le está faltando sensibilidad?

A Colombia le falta que le importe el otro. Dejar la sed de venganza. Dejar de mirarnos al ombligo. Levantar la cabeza. Yo soy mamá y mi aporte a esta sociedad es que mi hijo sea un mejor ser humano. Educarlo para que diga gracias, para diga perdón, para que mencione un lo siento. A Colombia le falta oído. Este es un país qué debe aprender a escuchar el argumento del otro. Que necesita escuchar lo que el otro quiere decir. 

Adriana Lucía, una última invitación...

A través del proyecto Reconciliación Colombia invito a los artistas de mi país a que den la milla extra, a que si Dios nos dio un don, lo compartan. Espero que Porro hecho en Colombia sea una inspiración para que los artistas documenten a sus regiones que les devuelvan un poquito a esa sociedad que tanto les da. Y creo que sí se puede. El que busca encuentra y al que llama se le responde. En Argentina y España los artistas no estuvieron desconectados de su realidad, al contrario, las expresiones artísticas estuvieron ligadas a esta. Los artistas somos el refleja de nuestras sociedades. Nuestro registro quizá sea el propósito para con el lugar en el que nacimos.