Diálogo con la ministra Garcés sobre el poder transformador de la cultura

Ratificada en su cargo como Ministra de Cultura, Mariana Garcés se apresta a jugar un papel determinante de cara al posconflicto, si se firma la paz. Pero si esto no se da, su despacho trabaja por llevar la cultura hasta los lugares más lejanos de Colombia, aquellos golpeados por un conflicto que cumple 60 años. Reconciliación Colombia la buscó para hablar de ambos escenarios.
 
2 de septiembre de 2014
 
Por Bibiana Mercado Rivera
Editora del proyecto Reconciliación Colombia

 
Mariana Garcés acompaña al presidente Santos desde el 2010. El mandatario decidió ratificar a esta abogada vallecaucana en su cargo, quien ha desarrollado una gestión apacible y sin descanso y en la que no ha tenido mayor oposición. Más bien, su labor ha sido reconocida por distintos sectores culturales quizá porque ha buscado insertarse en estos procesos, respetando sus dinámicas, antes que imponer la visión del centro. El proyecto Reconciliación Colombia la buscó para hablar con ella de un tema recurrente en estos días: la reconciliación.
 
Ministra, hablemos del poder transformador de la cultura en el momento actual, en el que se habla con mayor frecuencia de la reconciliación…

Nosotros tenemos muchos ejemplos de esto. Sabemos que la verdadera manera de transformar a la sociedad es a través de la cultura y a través de la educación. En un país que necesita reconciliarse, la mejor manera de volver a hacer tejido social y de volver a generar confianza es a través de los procesos culturales que lo que hacen, básicamente, es fortalecer identidades.

"Tenemos que buscar los grises en Colombia. Abandonar los extremos", dice la Ministra de Cultura, Mariana Garcés.

En las zonas de conflicto y de violencia hemos dado prioridad a aquellos municipios que se han denominado de consolidación, cuya población ha sido víctima de la violencia. De alguna manera, la presencia institucional después de la etapa muy dura de violencia que ha sido vivida por estos municipios incluye una oferta cultural muy importante.  Tenemos los ejemplos de Tacueyó, donde los niños vuelven a hacer música. Caminan durante muchas horas para encontrarse con sus otros amigos que hacen música y  con su profesor de música para esto. De El Salado, donde la Fundación Semana ha sido líder de ese proceso social de lo que se puede hacer a través de la cultura. Y de zonas de conflicto urbanas como Aguablanca, donde están ubicados Somos Pacífico y la Escuela de Música de  la Comuna 21, proyectos financiados y fortalecidos por el Ministerio de Cultura. La música logra grandes transformaciones en estas comunidades. También con los aportes del Departamento para la Prosperidad Social, a través de Batuta, el Gobierno Nacional invierte 17 mil millones de pesos para tener la posibilidad de que los niños en las regiones más apartadas puedan acceder a la música y se vuelvan a encontrar. Sabemos que la cultura va a jugar un papel importantísimo en el posconflicto.

Hicimos un proyecto en la ola invernal que denominamos Tu tiempo es mi tiempo. Para la época, todo el mundo comenzó a donar cosas, bienes, recursos. Nosotros les pedimos a los gestores culturales y a los artistas que donaran su tiempo, pues entendíamos que en estos albergues temporales que a veces se van prolongando en el tiempo porque la reconstrucción de sus casas no es tan rápida o porque las nuevas viviendas no son tan ágilmente construidas se empezaban a presentar problemas de convivencia. Es entendible, son personas que finalmente no se conocen y que están en espacios muy reducidos. Y lo que, entonces, hicimos ahí fue llegar con una oferta con esta gente que donó su tiempo para leerles a los niños, para jugar con ellos, para bailar con ellos… Y eso se convirtió en un espacio donde la comunidad entera empezó a recordar. A tener memoria de cuáles son sus tradiciones, cuáles son sus bailes, cuáles sus costumbres. Y ese proyecto mejoró totalmente las condiciones de convivencia en los albergues. Ahora esa iniciativa va a ser llevada tal cual a las zonas de conflicto. Ya tenemos la experiencia, sabemos cómo se hace y la tenemos documentada.

También en estos cuatro años hemos priorizado la lectura a través de la construcción de 104 bibliotecas. El doble de lo que se construyó en el último período del gobierno anterior. A través de estos espacios donde está la música, la lectura, las tradiciones, se afectan positivamente los entornos sociales.
 
¿De quiénes se ha valido estos proyectos en el territorio?

Lo que hemos buscado es formalizar el sector y tener interacción con la localidad. Sin la localidad, nosotros no podemos hacer nada. Y hay dos áreas del Ministerio de Cultura encargadas de llegar con esta oferta a los territorios. Una es la Dirección para las Poblaciones, que trabaja directamente con víctimas. Tiene una labor fuerte en territorios como Bojayá, Montes de María y otras comunidades que han vivido procesos de violencia y de actos muy atroces. Los mismos pobladores participan de unos procesos muy importantes para superar esa situación. Ha sido fundamental que ellos puedan contar lo que les pasó. Esto hace parte del proceso de sanación de estas poblaciones y por eso la Dirección de Comunicaciones trabaja proyectos que se hacen desde nuestros centros de producción y con las emisoras comunitarias para guiar a esas poblaciones con el fin de que se apropien de las herramientas y de los contenidos, cosa que puedan hablar de la tragedia para superarla.

La otra dirección es la de Fomento Regional. Tenemos aquí una serie de promotores que trabajan desde el territorio con el territorio. Lo que nosotros hacemos básicamente es facilitar los procesos que los territorios entienden como prioritarios. Y no llegar con imposiciones desde Bogotá. Entender que las lógicas en los territorios son diversas y tienen dinámicas propias. Entender que nosotros tenemos que ser respetuosos de esas dinámicas y que lo que tenemos que hacer es concertar con ellos acciones que tiendan, a través de la cultura, a recuperar identidades y tejido social.
 
¿Y a dónde llegan estas dos direcciones del Ministerio a su cargo cuando bajan al territorio?

Generalmente a las alcaldías, fundaciones, corporaciones, asociaciones, casas de la cultura, bibliotecas públicas, gestores culturales, artistas, profesores de danza, música, teatro y bibliotecarios que existan en la comunidad.
 
Cuando la Ministra habla de formalización, ¿qué puede entenderse por formalización de este sector y a esta escala?

Entiendo que se constituyan redes de trabajo comunitario en lo cultural y entiendo que estén ahí entidades que tengan una organización y que sean capaces de interactuar con otros, ya sean del sector privado o del sector público, de una manera formal.
 

¿Cómo construir una narrativa distinta cuando poblaciones del país están haciendo tránsito hacia el posconflicto, -como las que la Ministra ha mencionado-, pero, al mismo tiempo, otras poblaciones están viviendo la crudeza de la violencia y del conflicto, como Tumaco, Buenaventura o Miranda?


Tener en las zonas de conflicto oferta institucional se hace de la mayor importancia. Obviamente es más difícil. Quienes ejercen la violencia con el uso del terrorismo, o de otras prácticas como las minas antipersona, acaban en un instante con todo un trabajo que está insertado en otras dinámicas y de más largo plazo. Precisamente por eso hay que insistir. Puede que haya un gran desconcierto cuando se suceden estos hechos. Pero siempre hay que dar la opción de pensar distinto. Y, a través de ese pensar, lograr motivarnos para creer que este sí puede ser un país distinto. Y en esa apuesta está el Ministerio. No importa cuáles sean nuestras diferencias, pero uno debería permitirse la reconciliación.
 
¿Cómo trabajar la construcción de un nuevo imaginario donde no haya ni buenos ni malos?

Creo que lo que pretende la cultura es abrir puertas y ventanas. Por eso es tan importante que seamos un país lector. La apuesta por la construcción de bibliotecas públicas y del fortalecimiento de la lectura en la primera infancia está ahí. Creemos que un niño o niña que adquiera ese hábito puede confrontar su realidad y adquirir criterio propio. No ser aleccionado. Tener opción de escoger. Eso es lo que hace verdaderamente importante en un país como el nuestro apostarle a un proceso lector. Por eso este Ministerio ha tratado de fortalecer la lectura desde la primera infancia, entre los jóvenes y la red de bibliotecas públicas. Hemos llegado a muchas poblaciones de Colombia donde existe la estación de policía, la alcaldía, un puesto de salud, la escuela y hoy la biblioteca pública. Y la biblioteca pública se convierte en el sitio de reunión de esa comunidad, donde intercambian experiencias, intercambian saberes, donde hay acceso a un mundo diferente y eso es lo que intentan propiciar los procesos culturales. Obviamente, si uno no tiene acceso al conocimiento, generalmente repite lo que oye. Nosotros quisiéramos pasar de aquella formación en la que un niño siempre recibe clase y el profesor siempre dicta clase; a la de un niño que puede intercambiar opiniones con su profesor porque se acostumbró a investigar. Un sistema que permita confrontar puntos de vista de manera respetuosa y que permita pensar distinto.
 
Humberto de la Calle le dijo a la revista Arcadia que, en últimas, se trataba de una forma de relacionarse distinta a aquella que no sea la violencia…

De alguna manera somos un país individualista, donde hacer ejercicios en grupo nos cuesta. Donde creemos que si tú no estás de acuerdo con mis ideas, entonces estás en contra mía. No nos permitimos espacio para la diferencia. Y permitirse espacios civilizados para la diferencia, sin ataques, sin insultos, sin ofensas, sin creer que lo de un lado es lo bueno y lo del otro lado es lo malo. Tenemos que buscar los grises en Colombia. Abandonar los extremos.
 
Y ahí, Ministra, volviendo a nuestra pregunta inicial, ¿cómo ve el tema de la Reconciliación?

La reconciliación es un esfuerzo de todos. Cuando uno oye a las víctimas, que de alguna manera reconocen que por fin tienen una ley que les garantiza muchos derechos, ellos generalmente están dispuestos a perdonar. Y hay otra cantidad de colombianos que, aunque hemos vivido en un país en conflicto, no necesariamente tenemos la condición de víctima directa. Estas últimas personas tienen más dificultades para aceptar una posible reconciliación y creo que esas personas tienen que hacer el esfuerzo de trabajarse y superar esas convicciones de que la paz no es posible, porque la paz sí es posible, pero todos debemos trabajar en ello.
 
Ministra, ¿por qué cree que los más propensos a ceder en estos temas son aquellos que han sido tocados por la violencia y no quienes no lo han sido?

Tal vez precisamente por el hecho de haber sido víctimas. No quieren para sus hijos una circunstancia similar, o para ellos mismos, repetir una circunstancia tan dolorosa que nadie merece vivir.
 
Hay quienes creen que en este momento se está debatiendo lo que dirán en un futuro las cartillas escolares sobre lo que pasó en esta parte de la historia del país... ¿Está de acuerdo con esa apreciación, o, qué piensa Usted?

Es muy importante que los materiales educativos sean pertinentes, narren y registren las dinámicas de la sociedad colombiana. Aunque es lamentable, estos hechos de violencia hacen parte de nuestra historia, por lo que hay que conocerla. Muchas víctimas hablan de que, al dar a conocer lo que les sucedió, esto asegura en buena medida que no se vuelva a repetir.

¿Cree que el momento actual, de la Comisión Histórica, le da todavía más relevancia a la cultura y su fuerza para transformar a las sociedades?

Sí. La cultura ha demostrado su potencial de transformación de las sociedades y son los gestores culturales, grandes conocedores de las regiones y líderes de proyectos que fortalecen el tejido social con ‎iniciativas ciudadanas en música, literatura, danza. Con sus saberes y expresiones culturales, fortalecen la inclusión social y contribuyen a la equidad. La gente que ha sufrido estos hechos violentos ha encontrado en la cultura un alivio. En muchos lugares, por ejemplo, por la violencia han dejado de hacer música y cuando pueden volver a cantar o a tocar un instrumento, sienten que recuperan la confianza y esto les ayuda a hacer el duelo y a salir de la situación.