El poder del lenguaje

Las palabras no sólo describen el mundo. También lo definen. Por eso, ahora que Colombia busca la paz con la guerrilla el lenguaje de los colombianos tiene que cambiar. Veamos lo que dicen los estudiosos del tema y ejemplos concretos a la colombiana.

Por Cristina Esguerra
Especial para Reconciliación Colombia

16 de septiembre de 2014

Las palabras son la herramienta más poderosa de los seres humanos. Con esa imponente frase comienza Marc Pagel, director del Instituto de Biología Evolutiva de la Universidad de Reading, Inglaterra, su charla sobre el impacto del lenguaje en el desarrollo de la humanidad. A través del lenguaje hombres y mujeres se comunican, transmiten sus ideas y se convierten en grupos capaces de construir cohetes y robots que viajan a la Luna y exploran los cráteres de Marte. La clave del éxito –dice Pagel- es el trabajo en conjunto que permiten las palabras.

Desafortunadamente el lenguaje no sólo tiene un impacto positivo. Ejemplo de ello son términos como “nigger” y “marrano”: El primero se utiliza de manera despectiva para referirse a las personas de raza negra y el segundo es como solían llamar a los judíos conversos en el Medioevo para recordarles que no eran verdaderos cristianos. Es así como hombres y mujeres echan mano del lenguaje para crear divisiones y odios que forman parte de la sociedad y la determinan. En los años 50 y 60 términos como “nigger” y “nigger-lover” ayudaron a crear un ambiente de tensión que desembocó en fuertes enfrentamientos entre los ciudadanos. En esa época, la discriminación estaba tanto en la falta de derechos y de oportunidades como en el lenguaje despectivo con que los blancos se referían a los negros y los llamaban ciudadanos de segunda. 

Colombia no ha sido ajena a esta realidad. En esfuerzos más o menos recientes relacionados con la reflexión sobre el impacto que las palabras han tenido en el conflicto armado y en la realidad social y cultural del país, investigaciones en estas áreas concluyeron que los ciudadanos viven inmersos en un lenguaje violento que discrimina y golpea al que piensa de modo diferente o es físicamente distinto.

De cuestionamientos a estos vocablos surgió, entre otras cosas, el Diccionario para desarmar la palabra que analiza las definiciones de las expresiones que los colombianos utilizan a diario como normales, cuando, en realidad, no lo son. Términos como narco-terrorista, facho, indio y desechable, que son utilizados con la mayor ligereza, no construyen comunidad sino enemistades rotundas. Los colombianos se vuelven entonces incapaces de ver riqueza en la pluralidad y la entienden, en cambio, como divisiones inquebrantables que acrecientan la intolerancia. Por eso no debe sorprender que Colombia, que lleva casi 60 años de guerra, haya hecho del lenguaje también un instrumento de guerra y de confrontación. Ahora que el país busca la paz el lenguaje de los colombianos tiene que cambiar.

Más recientemente, se iniciaron proyectos para aprender a usar el lenguaje de manera positiva. A través de relatos y escritos, las víctimas del conflicto narran su experiencia y se deshacen del peso impuesto por la violencia. Según psicólogos y psiquiatras que trabajan en campos de refugiados alrededor del mundo, la guerra rompe algo dentro del sujeto que le impide volver a encontrarse consigo mismo, con su familia y con su cultura. Para las víctimas el cuento se convierte, entonces, en el medio para comunicarse con el vecino, hablarle de lo ocurrido, y sentirse más cerca de él o de ella. Así, poco a poco van reconstruyendo el tejido social que la guerra desgarró y vuelven a vivir en comunidad. En otras palabras, historias como las que recoge el libro Retomo la palabra, relatos de violencia y reconciliación, les dan a hombres y mujeres la oportunidad de dejar de sentirse víctimas y retomar su carácter de ciudadanos, pues, como el texto mismo lo dice, “nos servimos de la palabra para darle significado a nuestras vidas”.     

“Leer y escribir no son actos inmóviles o incautos; al leer se expande el entendimiento, se confrontan las antiguas certezas, se educa la memoria y la sensibilidad”, comenta Fernando Zapata López, del Centro Regional para el fomento del Libro en América Latina y el Caribe, Cerlalc, sobre el poder transformador de la palabra.          

La experiencia de Cocina Palenquera para el mundo es una apuesta del mismo estilo. La Fundación para el Desarrollo Social Transformemos decidió ayudar a la comunidad palenquera a recuperar la sonrisa y las costumbres por medio del lenguaje. Además, les mostró que la escritura y la lectura les abre un mundo de oportunidades más allá de la violencia. A través de los olores de la cocina típica, ellos eligieron rendir homenaje a su pueblo y a su cultura contar la vida de quienes se refugiaron en estos lugares alejados y de difícil acceso para huir a la condición de esclavos a las que les querían someter. Para esto, recurrieron a escribir las recetas –muchas de estas que llevan años pasando de generación en generación- en palenquero, y, en la publicación, fueron acompañadas de los textos correspondientes en español. El mensaje del libro no es otro que los palenqueros son la riqueza que comen y ese es el secreto para que cada plato le saque una sonrisa a la gente. 

Así, las ideas y las acciones de las personas se construyen también a partir del lenguaje. He ahí su poder. Durante siglos los filósofos se han movido entre aquellos que afirman que hombres y mujeres son seres racionales capaces de las más grandes maravillas, mientras otros destacan ese lado oscuro y macabro de algunas gentes que pueden ser capaces de cometer y hacer cometer atrocidades casi impensables. En los últimos tiempos, pensadores como el americano Richard Rorty han llegado a la conclusión de que la humanidad no está eternamente condenada al mal, sino que cada persona es lo que hace de sí misma. En otras palabras, hombres y mujeres tienen la capacidad de elegir el tipo de persona que son, el estilo de vida que llevan y el lenguaje que utilizan. Ahora que existe la consciencia de que las palabras tienen el poder de construir divisiones o de desvanecerlas, vale la pena decidirse por lo segundo.

Tres publicaciones sobre el poder del lenguaje


Para desarmar la palabra

Este es un diccionario en el sentido literal de la palabra, elaborado por la Corporación Medios para la Paz, organización que dejó esta publicación como uno de sus legados. El manual de 244 páginas es un diccionario de términos del conflicto y de la paz que buscó servir de herramienta al reportero para que fuera usada por este en su trabajo diario. Los vocablos definidos en este (agosto de 1999), aún tienen vigencia. “(…) sus destinarios son los periodistas colombianos que, a pesar de las adversidades, insisten en abrirle camino a una solución negociada a nuestros conflictos”, dice en su contraportada la publicación.




Retomo la palabra, relatos de violencia y reconciliación


Esta publicación recopila los testimonios de hombres y mujeres que estuvieron vinculados a situaciones de violencia relacionadas con el conflicto armado colombiano y tomaron la decisión de dejar las armas y transitar el camino de la vida civil. Son dos publicaciones referidas a los relatos de personas desmovilizadas y construidas tras los talleres de lectura y de escritura del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc) y la Alta Consejería para la Reintegración Social y Económica de Personas y Grupos Alzados en Armas (ACR). El proyecto de ambas instituciones parte de la base de la capacidad del uso de la palabra para transformar los entornos y realidades, a partir de este ejercicio de memoria y también, por qué no, de tomar conciencia acerca del valor de la propia vida y de la vida de los otros.
 


Cocina Palenquera para el mundo


Es el producto visible de un proyecto que busca el fortalecimiento de la cultura y de la lengua palenquera mediante su inclusión en la cultura escrita. En sus páginas, el lector se encontrará con la riqueza gastronómica, en recetas escritas por las propias comunidades, y a través de la cual se hace un homenaje al pueblo y a la cultura de aquellas personas que huyeron hacia estos sitios alejados y de difícil acceso para preservar su vida y su dignidad. Los protagonistas de estos ancestrales secretos fueron motivados a escribir por la Fundación para el Desarrollo Social Transformemos.  La publicación fue merecedora al premio al mejor libro de gastronomía 2014, que se celebró en Beijing (China).