Teatro para ser libres

Las mujeres reclusas de la cárcel del Buen Pastor que estudian teatro con la fundación de la actriz Johana Bahamón presentaron la obra que había sido censurada hace un mes.

18 de septiembre de 2014
Por José Vicente Guzmán Mendoza, periodista de Reconciliación Colombia

Las 15 mujeres vestían de blanco. Con un camisón de cuerpo entero que amarraron a la cintura usando una cuerda. Estaban descalzas y encerradas en tres pequeñas celdas que, sólo por esa vez, no hacían parte de las instalaciones de un centro penitenciario.

Era un sueño que se hacía realidad: el grupo de teatro conformado por reclusas de la cárcel del Buen Pastor de Bogotá presentaba por fin, y frente a varias docenas de personas, una obra de teatro que habían ensayado durante más de seis meses y que por un momento estuvo cerca de no salir al público.

Y las mujeres lo dieron todo. Aunque estaban en un pequeño auditorio en la sede de la Defensoría del Pueblo y no en el escenario adecuado, donde originalmente tenían planeado presentarse. No importó la falta de espacio, el exceso de iluminación, ni algunos inconvenientes que se presentaron con el sonido.

Durante aproximadamente una hora y quince minutos las mujeres que desde hace dos años trabajan con la Fundación Teatro Interno de la actriz Johana Bahamón (ver lo que dijo Johanna Bahamon, durante la entrega del premio Líderes 2014) presentaron finalmente la obra ‘Yo soy Antígona’.

Por medio del arte, mostraron la cruda realidad que viven dentro de la cárcel y la mezclaron con apartes de ‘Antígona’, la tragedia griega que cuenta la historia de una mujer a quien condenan a ser enterrada viva por sepultar el cuerpo de su hermano, contradiciendo las órdenes del rey.

Allí se hicieron palpables los maltratos, la soledad, la desesperación y el miedo que viven en su día a día, pero también la forma en la que el teatro las libera. “Quisiera que esto fuera teatro, que fuera un escenario”,  dice una de las frases de la obra que la actriz Victoria Hernández escribió y dirigió.

Un largo periplo

Inicialmente, ‘Yo soy Antígona’ iba a ser estrenada el pasado 8 de agosto en el Teatro Hombre Mono, ubicado en el barrio La Soledad de Bogotá, en el marco del festival Mujeres en Escena.

Pero cuando llegó el día de la presentación, un grupo de guardias del Instituto Nacional Penitenciario (Inpec)  se negó a trasladar a las reclusas desde la cárcel, a pesar de que contaban con la autorización del Ministro de Justicia y del  director de la institución.

Ese día, un grupo de mujeres y actrices profesionales les rindieron un homenaje a las reclusas en el escenario en el que iban a presentar la obra, y luego de las quejas y denuncias, el caso llegó a los medios de comunicación (ver artículo).
 
Johana Bahamón, directora de la Fundación Teatro Interno y productora de la obra, se quejó por lo que consideró una censura de algunos guardias del Inpec, que al parecer estaban molestos con el contenido crítico de la obra.

El sindicato de la institución, por su parte, se defendió diciendo que la autorización del director del Inpec no bastaba y que necesitaban un permiso del juzgado de ejecución de penas que tiene a cargo las internas. “Las querían sacar sin el apoyo suficiente, a un escenario que no tiene las condiciones de seguridad adecuadas para trasladar internas con su perfil”, explicó ese día Óscar Robayo, miembro del sindicato.

Pero el obstáculo no las hizo desfallecer. Con el apoyo de la Defensoría del Pueblo y luego de la intervención del Teniente Coronel Alexander Murillo, director encargado del Inpec, la obra finalmente vio la luz el pasado lunes 15 de septiembre –más de un mes después de la fecha original– en la sede de la Defensoría del Pueblo.

“Lo más importante, cuando uno comete errores es reconocerlos y corregirlos”, dijo el Teniente Coronel Murillo al inició del evento. “Durante muchos años se han presentado muchas situaciones en la realidad carcelaria de Colombia que se han venido corrigiendo. Cada vez somos más capaces y buscamos que los presos puedan ser resocializados”, agregó.

Ya en medio de la obra, las rencillas parecían cosa del pasado. Guardias del Inpec custodiaron a las actrices hasta el lugar de la presentación y estuvieron presentes durante toda la obra. Al final, Johana Bahamon escribió en twitter: “Gracias @INPEC_Colombia y @DefensoriaCol, ¡Unidos es mucho mas lo que podemos lograr!”.

Libertad

El grupo de teatro conformado por internas de la cárcel del Buen Pastor comenzó a trabajar en octubre de 2012 gracias a la insistencia de Johana Bahamón y su Fundación Teatro Interno. Desde entonces, las mujeres reciben clases de actuación, expresión corporal, danza, manejo de voz e improvisación.

“El teatro para mí es libertad”, dice Dayán Jiménez, una de las reclusas que participa en el grupo. “Pues desde que quedé presa, es la forma en la que puedo expresar que soy libre”.

Ella ya ha participado en otras obras, y desde que está en el grupo encontró una manera de encauzar su energía.  “Lo que queremos mostrar  es que sí nos podemos resocializar. Somos seres humanos que sentimos y tenemos derechos. Y sabemos que cometimos un error, pero queremos cambiar”, explica.  

Para ayudarlas en ese proceso, Teatro Interno no se limita a dar clases de teatro. Por un lado, tiene un programa para acompañar el tratamiento de las internas que son adictas a la droga. Y por el otro, acompaña a las reclusas que diseñan productos y artesanías en sus tiempos libres y les ayuda a comercializarlos. Por ejemplo, el vestuario que utiliza el grupo de teatro sale de un taller de confección que tienen las mujeres en la cárcel.

El trabajo ha dado resultado. En dos años, el grupo de teatro ha montado obras como ‘La Casa de Bernarda Alba’, escrita por Federico García Lorca, y ‘Cuadros de amor y humor al fresco’, de José Luis Alonso de Santos. Y desde este año lograron que el Festival Nacional de Teatro Carcelario fuera una realidad.

“Yo creo en las segundas oportunidades. Así una persona haya cometido un error, no tiene que ser juzgada ni estigmatizada. Es más, debe brindársele otra oportunidad para corregir su rumbo”, dice Johana. 

Y así parecen entenderlo muchas de las mujeres que hoy se benefician con su fundación, y que a pesar de los momentos duros que pasan cuando están dentro de la cárcel, encontraron un motivo para sonreír y olvidar sus problemas. Pues como dice una parte de la obra: “Hoy es día de fiesta, hoy hay teatro”