‘Posconflicto, pero con reconocimiento político y social a los campesinos’

La presencia desigual del Estado en las regiones permitió que los grupos armados y narcotraficantes se establecieran en los territorios y consolidaran órdenes sociales con lo que se profundizaron los problemas de los campesinos que veían en las economías ilegales su única oportunidad para sobrevivir. 

27 de septiembre de 2014
Foto: Juan Carlos Sierra

 
La economía política del narcotráfico, el impacto que esta ha tenido en la geografía del conflicto armado y la falta de atención a los problemas estructurales agrarios fueron los temas que abordaron investigadores del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) en la sexta jornada de la Cátedra ¡Basta ya!
 
Teófilo Vásquez, coautor del Informe, identificó tres factores que han sido fundamentales para que se perpetué el conflicto: la presencia diferenciada del Estado en las regiones; el desarrollo desigual; y las dificultades en los procesos de colonización. Factores que han profundizado las problemáticas agrarias y que dan paso a que grupos armados y de narcotraficantes hagan su aparición con facilidad en las regiones.

Por esa vía el conflicto armado desarrolla tres lógicas: política, militar y económica en la que se generan disputas por territorios, poblaciones y recursos. Estos procesos convierten a los campesinos en víctimas directas del conflicto.
 
“Es fundamental dar participación política a los campesinos con miras a generar procesos de reconciliación. Pero estos procesos deben venir acompañados de negociación con los poderes locales establecidos para garantizar que las élites no generen nuevos ciclos de violencia como los ocurridos con la Unión Patriótica”, señaló Vásquez.
 
Escenarios en los que los grupos armados se convierten en autoridad y las economías ilícitas son la única fuente de ingresos acarrean problemas de estigmatización para las comunidades campesinas y situaciones de vulneración sistemática de sus derechos.
 
“El gran reto del posconflicto es dar más visibilización a las comunidades excluidas y legitimar los acuerdos del proceso de paz,  pero logrando solucionar el problema de las economías ilegales y el acceso y uso de la tierra”, agregó.
 
En la misma línea Camila Medina, investigadora del caso de El Placer (Putumayo), reconoció que la relación entre narcotráfico y grupos armados ha sido determinante para la degradación del conflicto y el ensañamiento contra las comunidades campesinas.

“El escenario de posconflicto va a tener dos grandes enemigos: el narcotráfico y las Bacrim, que van a ser todo lo posible por sabotear el proceso y no perder su condición de actor dominante en las regiones”, manifestó Medina.
 
En el desarrollo del ciclo de la Cátedra ¡Basta ya! la próxima sesión abordará la exclusión política, la instrumentalización y el miedo a la democracia y estará a cargo de Iván Cepeda, Jaime Zuluaga y Yesid Campos.
 
Para los interesados en seguir la Cátedra y sus contenidos, desde aquí se puede acceder al Modulo 2 del curso y acá se puede descargar el capítulo 2 del Informe ¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad.