Despedida a Gabriel, a través de los ojos campesinos

Esta es la despedida a un hombre que dedicó su vida a las comunidades campesinas e indígenas de Colombia. No como un agente externo, ni ellos como sujetos de su estudio para elaborar complejas hipótesis a partir de las dinámicas sociales. Gabriel Turriago fue uno de ellos... soñador, decidido, alegre y muy irreverente.

8 de octubre de 2014
Foto: PNUD


Vivió como un hombre políticamente incorrecto, como él mismo se describía. Esto, quizá, como su forma de lograr lo que quería, que, en últimas, no era cosecha de su capricho, sino lo que con una particular intuición lograba captar era lo que anhelaba la comunidad. Gabriel tenía una capacidad increíble para mimetizarse entre campesinos e indígenas. De hecho, el sombrero voltiao y la mochila Wayúu fueron parte de su identidad. Y ganarse el corazón de a donde llegara no le tomó sino un par de minutos por su espontaneidad.

Esto puede explicar por qué varios de los primeros en llegar a la funeraria Gaviria, norte de Bogotá, donde su cuerpo era velado, fueron campesinos del Cesar. No importó la distancia desde las tierras del Valle del Cacique Upar, ni que el trayecto lo hubieran recorrido en bus durante 16 horas.
 
Estos campesinos que luchan por constituir la reserva de la Serranía del Perijá recibieron a muchos de los bogotanos que se aprestaron a acompañar a Simón y a Martín, los dos hijos de Gabriel, que verán a través de estos campesinos la idea de país que su papá quería: uno incluyente y conciliador.  El último tiempo, Turriago fue coordinador territorial del PNUD en el Cesar y, en razón de la coyuntura, recientemente se había trasladado a Córdoba. En Montería un infarto se lo llevó el domingo.
 
Reconciliación Colombia encontró a don Sérbulo Ariza Camacho, de la zona de reserva forestal de la Serranía del Perijá, quien vino desde Pailitas, a darle el último adiós a uní de los suyos. Este era Gabriel, a través de los ojos de los campesinos:

“En este momento, nosotros estábamos en la lucha para hacer la sustracción de la zona de reserva forestal, que está por ley, a la de reserva campesina, integrada por cuatro municipios de la Serranía del Perijá –Pailitas, Curumaní, Chimichagua y Chiriguaná-.  Nosotros, a través del PNUD, encabezando este proyecto el doctor Gabriel Turriago, presentamos unos proyectos al DPS donde para cada uno de los municipios salió un proyecto beneficiando cierta cantidad de campesinos.
 
Es así como para la comunidad de Pailitas logramos sacar 70 máquinas ‘picapasto’, para 70 familias campesinas, y, de igual forma, a cada una se le entregó una cantina de 40 litros para el transporte de la leche. Como es claro, nosotros entendemos que la deforestación ha llevado las consecuencias que estamos sufriendo por la mano del hombre, por lo que queremos ahora trabajar con el sistema ‘silvo-pastoril’ y por encima va la arborización para sostener el oxígeno. La idea es tener una despensa agrícola en toda la reserva campesina porque gracias a Dios contamos con climas y terrenos apropiados, ya que tenemos uno frío para la cebolla, cebollín, lulo, mora; otro medio para el fríjol, café, plátano, maíz, cacao y el de más abajo, que es el más caliente, para la ganadería.

La idea del doctor Gabriel era que algún día nosotros lográramos  tener la misma estabilidad e igualdad que el campesino tiene como en cualquier otra parte del territorio nacional porque, por el hecho de estar metidos en la zona de reserva forestal, nos vemos restringidos en muchos de los programas del Estado en cuestiones de desarrollo.

Por gestión del doctor Gabriel, los campesinos organizados también lograron un camión para el municipio de Curumaní parao que pudieran sacar el aguacate, bajarlo de la Sierra y llevarlo hasta donde se pudiera vender a un mejor precio. Y en Chiriguaná, hizo que se organizaran otros campesinos para que recibieran a través de su apoyo un tractor con toda su dotación para la siembra y la recolección de los productos. Y en Chimichagua se logró unos minidistritos de riego con mangueras, bombas y semillas para producir a gusto lo que los campesinos quisieran. Estamos hablando de la expectativa de beneficiar alrededor de 4.700 familias campesinas. Fue nuestro líder, el líder de los campesinos, porque él tenía el alma, el corazón y la vida puesta en el campo.
 
El doctor Gabriel era un soñador. Él nos enseñó. Y los valores que aprendimos nunca los vamos a poder olvidar. Porque, entre todos los aspectos, él nos decía que teníamos que trabajar porque esto tenía que cambiar, esto tenía que mejorar. Fue un hombre de ‘armas tomar’, por así decirlo, porque él nos decía que nada era difícil, que todo lo teníamos que lograr si poníamos de nuestra parte.

Gabriel fue un reconciliador del campo con la ciudad y como persona miró tan adelante que si a nosotros el Estado colombiano nos mirara la propuesta de reserva campesina con simpatía, y no con recriego y la apoyara podríamos decir que Gabriel miró incluso soluciones al posconflicto”.


La Oficina del Alto Comisionado para la Paz emitió un comunicado en el que dijo que fueron testigos de “su incansable trabajo por la paz” y agregó que “no pocas veces apoyó a esta Oficina, sonriente y eficaz como siempre, en diferentes reuniones para construir con las comunidades y las organizaciones sociales una visión común de la paz en los Montes de María”, otra de las regiones en las que Turriago trabajó.

La Oficina del PNUD en Bogotá emitió una comunicación en la que recordó que durante sus años de trabajo en esta agencia de Naciones Unidas él inspiró el Programa de Reconciliación y Desarrollo –REDES- articulando iniciativas de las organizaciones de víctimas, mujeres, afrocolombianos, indígenas y campesinos en la búsqueda de soluciones de convivencia y desarrollo, así como el programa integral de Alianzas para la Paz que busca contribuir el goce de una paz sostenible y duradera. 

Y construyó este homenaje multimedia en su memoria: http://enmemoriadegabriel.wordpress.com/2014/10/06/en-memoria-de-gabriel/